El secreto para deshacerte de las preocupaciones y dejar de agobiarte

La ciencia confirma que el 91% de las cosas que nos preocupan son falsas alarmas. [Foto: Getty]

La catástrofe que tanto te preocupa, a menudo es menos horrible en la realidad de lo que fue en tu imaginación”, nos alertaba Wayne Dyer. Y la ciencia le da la razón. Psicólogos del University College de Londres descubrieron que solemos exagerar las consecuencias emocionales del éxito o el fracaso ya que cuando los experimentamos realmente, ni nos sentimos tan tristes ni tan felices como creíamos.

Sin embargo, una cosa es saberlo y otra aplicarlo. Cuando la preocupación toca a nuestra puerta, es difícil asumir la distancia psicológica necesaria que nos permita ver lo que nos sucede en perspectiva. Como resultado, las preocupaciones terminan arrastrándonos con ellas, generando un ciclo de pensamientos negativos que se auto perpetúan. Sumirse en un estado de preocupación crónica es una fuente constante de agobio y ansiedad que puede tener un impacto negativo en nuestra salud llegando a desencadenar incluso enfermedades psicosomáticas.

¿Cómo calmar las preocupaciones?

1.    Etiquetado: Reconoce la preocupación por lo que es, ni más ni menos

"Las preocupaciones acaban por comerse unas a otras, y al cabo de diez años, se da uno cuenta de que se sigue viviendo" - Jean Anouilh [Foto: Getty]

Cientos de pensamientos cruzan a diario por nuestra mente, algunos de ellos son absurdos y los descartamos inmediatamente. Sin embargo, cuando los pensamientos llegan con una gran carga emocional, como las preocupaciones, generan una distorsión cognitiva difícil de superar y en vez de analizarlos objetivamente, caemos en su trampa.

Cuando emociones como el miedo toman el mando, nos cuesta reconocer que se trata de preocupaciones generadas por nuestra mente y reaccionamos como si esos pensamientos fueran reales, lo cual añade una dosis de desazón y ansiedad. Para salir de ese bucle, el primer paso consiste en etiquetar correctamente esas preocupaciones.

Etiquetar un pensamiento como un mero “pensamiento” es una técnica muy útil para restar poder a las preocupaciones y dejar de alarmarnos y agobiarnos como si fueran un problema real. Por ejemplo, si nos rompemos una pierna, decimos que “nos hemos roto una pierna”, no decimos que “estamos rotos”. Se trata de aplicar ese mismo razonamiento a las preocupaciones y, en vez de decir que “estamos preocupados”, asumimos que “son solo preocupaciones”, ni más ni menos.

Ese cambio terminológico nos ayudará a cambiar nuestra perspectiva. Nos permitirá darnos cuenta de que esos “qué pasará si…” son fundamentalmente un fruto de nuestra mente y nos ayudará a dejar de identificarnos con esas preocupaciones.

2.    Aceptación: No le declares la guerra a las preocupaciones

"La aceptación de lo que ha sucedido es el primer paso para superar las consecuencias de cualquier desgracia" - William James [Foto: Getty]

Preocuparse por preocuparse es un bucle peligroso que debemos evitar. Es comprensible que queramos deshacernos de las preocupaciones que nos agobian y deseemos no pensar más en ellas, pero declararles la guerra puede ser una estrategia contraproducente. Psicólogos de la Universidad de Wisconsin-Milwaukee concluyeron que “las personas que intentaron suprimir sus pensamientos intrusivos no lograron hacerlo y experimentaron un aumento del nivel de estrés mientras que quienes aplicaron una estrategia basada en la aceptación mostraron una disminución del nivel de estrés”.

Luchar contra nuestras preocupaciones puede tener un efecto rebote. Todo aquello contra lo que combatimos termina reforzándose en nuestra conciencia. ¿La solución? Aceptar esas preocupaciones.

Aceptar no significa disfrutar de las preocupaciones, no es una actitud pasiva y ni siquiera implica renunciar o rendirnos ante la fatalidad asumiendo que es inevitable, simplemente significa aceptar que las preocupaciones están ahí y dejar de escapar de ellas o luchar desesperadamente por desterrarlas de nuestra mente. Podemos aceptar algo mientras trabajamos para cambiarlo. Como apuntara Carl Rogers: “La curiosa paradoja es que solo puedo cambiar cuando me acepto a mí mismo tal como soy”. 

Podemos imaginar que las preocupaciones son como un pasajero que va a nuestro lado en el autobús. No podemos echarlo. Debemos aceptar su presencia, pero no tenemos que prestarle demasiada atención, podemos enfocarnos en otra cosa, como escuchar música, leer o mirar por la ventanilla. Al fin y al cabo, se trata tan solo de un viaje en autobús que terminará pronto. No vale la pena incomodarse, enfadarse o preocuparse innecesariamente.

3.    Actitud mindfulness: Todo aquello a lo que no te aferres, fluirá

"Todo aquello contra lo que peleas se fortalece, resiste y persiste" - Eckhart Tolle [Foto: Getty]

Uno de los principales errores que cometemos cuando intentamos deshacernos de las preocupaciones es recriminarnos por preocuparnos. Nos enfadamos con nosotros mismos por no ser capaces de dejar de lado todas esas preocupaciones que catalogamos como tontas, intrascendentes o improbables. Esa actitud no nos ayuda, solo sirve para reforzar el estado de ánimo negativo que subyace a las preocupaciones.

En vez de luchar contra esos pensamientos negativos, debemos aprender a gestionarlos con calma asumiendo una actitud mindfulness. El mindfulness nos enseña a convertirnos en espectadores de lo que ocurre en nuestra mente, sin juzgar ni criticar. Al asumir esa distancia emocional, las preocupaciones se irán como vinieron.

Lo confirman investigadores de la Universidad de Wake Forest, quienes concluyeron que “el mindfulness atenúa la ansiedad a través de mecanismos involucrados en la regulación de los procesos de pensamiento autorreferencial”, o sea, activa las zonas del cerebro que nos ayudan a mitigar el impacto de las emociones y los pensamientos negativos, lo cual nos permite asumir una perspectiva más amplia y recuperar el equilibrio.

La actitud mindfulness también implica familiarizarnos con las preocupaciones y las emociones que estas generan. Así dejaremos de sentirnos tan agobiados o asustados. Se trata de comprender que no necesitamos desperdiciar energía luchando contra la preocupación y la ansiedad, pero tampoco debemos darles cordel. Y cuando esas preocupaciones vuelvan a aparecer - algo que probablemente ocurrirá - el secreto radica en no enfadarse, redirigir nuestra atención y apártalas suavemente.

¿Cómo usar la preocupación de manera positiva?

Debemos aprender a escuchar el mensaje de las preocupaciones. [Foto: Getty]

El 91,4 % de las cosas que nos preocupan son tan solo falsas alarmas. Una de cada cuatro personas reconoce que la mayoría de sus preocupaciones jamás llegan a materializarse. De hecho, solo el 9% de las preocupaciones se hacen realidad, según reveló un estudio realizado en la Universidad Estatal de Pensilvania.

Estos datos refuerzan la idea de que las preocupaciones actúan como una trampa mental ya que exigen nuestra atención, energía y recursos emocionales y cognitivos pero en la mayoría de los casos no representan una amenaza real.

Por supuesto, no siempre es así. En algunos casos las preocupaciones pueden encerrar un mensaje que debemos escuchar. El secreto para no agobiarnos innecesariamente consiste en desarrollar un pensamiento proactivo. Debemos cambiar del “qué pasará si…” al “qué puedo hacer para…” Ese cambio de mentalidad nos permitirá analizar las preocupaciones con una perspectiva más racional que dará paso a soluciones pragmáticas para resolver problemas que podrían presentarse en un futuro no muy lejano.

 

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