Comipems, la prueba de selectividad para estudiantes en México que no es nada comparada con China

·4 min de lectura
Foto de archivo de la aplicación de la prueba para ingresar al bachillerato que aplica la Comisión Metropolitana de Instituciones Públicas de Educación Media Superior (COMIPEMS).
FOTO: GUILLERMO PEREA /CUARTOSCURO.COM
Foto de archivo de la aplicación de la prueba para ingresar al bachillerato que aplica la Comisión Metropolitana de Instituciones Públicas de Educación Media Superior (COMIPEMS). FOTO: GUILLERMO PEREA /CUARTOSCURO.COM

El Comipems está aquí, un año más, y no faltan los estudiantes que han decidido emprender su ruta de educación predilecta: quieren aprenderse todo en la última semana. En realidad, eso es bastante común. Aunque la prueba, cuya función es determinar qué estudiantes se quedan en sus primeras opciones y quiénes no, sea muy anticipada, y todos tengan a la mano el material suficiente para estudiar, no hay nada mejor que sentir esa adrenalina de conocimientos que consiste en memorizar distintas materias en tiempo récord.

A diferencia de lo que pasa en otros países, como China o Corea del Sur, este examen no es de vida o muerte. En realidad, quien lo haya realizado puede constatar que unos buenos repasos bastan para solventarlo. No hay martirios de por medio ni disciplina militar como con el Gaokao, tormentosa prueba que los pubertos chinos deben responder para acceder no a la prepa, sino directamente a la universidad. En aquellos lares se preparan para un examen que emula a la guerra: durante años enteros los chicos estudian hasta doce horas diarias. Acá, no hay nada que unos tutoriales en Youtube no resuelvan.

Tiene algo de conmovedor que, en nuestro país, la transición de educación secundaria a educación superior sea atenuada por eso que conocemos como “la prepa”, esa etapa en la que supuestamente se obtienen los conocimientos requeridos para cursar la universidad. Porque si algo nos caracteriza como mexicanos, es postergar lo que en algún momento será inevitable. Y por eso la prepa nos cae tan bien y muchos la recordamos como una época dorada en la que el mundo era un lugar bueno para vivir.

Por un lado, optar por un bachillerato de la UNAM garantiza el pase reglamentado a alguna Facultad o Escuela de la institución azul y oro. Ciertamente, “asegurar” la educación universitaria en esta etapa es mucho más lógico que realizar el examen de admisión tras haber cursado la prepa en una institución ajena a la UNAM (ese examen es más complejo), pero también abundan los casos de estudiantes que se dejan cautivar por la inmensidad de los jardines ceceacheros y convierten tres años de duración en media vida.

Conocedores de las técnicas que han nacido y evolucionado en las aulas mexicanas, los organizadores del examen intentan limitar al máximo posible la trampa. No se permiten celulares ni calculadoras. Nada más que lápiz y sacapuntas, como en el jardín de niños. El nerviosismo cunde cuando algún trasnochado termina muy rápido y contagia a los demás de su celeridad. Al final, manejar los nervios es tan importante como mantener frescas en la menta las Leyes de Newton.

Este examen, más que una alegoría de la guerra, es una suerte de fin de época. Son miles los adolescentes mexicanos, todavía con cara de niños, que tendrán que aprender a andar en Metro y en toda la conflictiva red de transporte público que ofrece la Ciudad de México. Y todo lo que eso implica: convivir en vivo y en directo con el caos que antes escuchaban a lo lejos. Es, pues, una probadita de la vida adulta. Claro que no falta quien prefiere la comodidad de la cercanía y estudia a pocos minutos de casa o aquellos consentidos del destino que tienen las prepas y las vocas a unas cuadras de distancia.

La entrega de resultados, que se hace a través de Internet, siempre satura los portales del Comipems y provoca una oleada de ansiedad colectiva muy difícil de replicar. Quizá, a esa edad, pocas alegrías son tan equiparables como ver el nombre de la primera opción en el monitor. Y, a la inversa, el golpe a la moral por no quedarse en una de las primeras opciones puede tener efecto duradero. Las excusas que apelan a conspiraciones macabras tampoco faltan (un mito urbano dice que los exámenes son arrojados al aire y los que caen cara arriba quedan en su primera opción). Digámoslo claro, lo mejor es siempre guardar la calma.

Al final, la tristeza y la felicidad, la felicidad y la tristeza, provocadas por el Comipems terminan siendo pasajeras. Son pocas las cosas que en este mundo dirimen la vida o la muerte. Y el examen Comipems no es una de ellas.

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR | EN VIDEO

Los ladrones no contaban con lo que haría esta mujer para salvar su bolsa

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios puedan establecer conexiones en función de sus intereses y pasiones. A fin de mejorar la experiencia de nuestra comunidad, hemos suspendido los comentarios en artículos temporalmente