¿Qué tienen en común Jude Law y James Dean?

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Photo credit: Peter Kramer
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¿Pueden unas gafas de sol para hombre convertirse en el epítome de la modernidad? ¿Y sobrevivir a modas o tendencias pasajeras? Todas esas incógnitas las despeja el modelo Wayfarer de Ray-Ban. El icono entre los iconos. Una montura con 70 años de historia cuya hegemonía parece no tener fin. Máxime cuando, existen hombres cuya estética siempre quedará asociada a esta gafa clásica. Celebridades como Bob Dylan o Michael Jackson, entre otros, han pasado a la posteridad como algunos de sus grandes adeptos. Unas lentes con un diseño que tienen el sello de Raymond Stegeman: el óptico neoyorkino que hizo de ellas todo un símbolo que todavía hoy arrasa en ventas. Una silueta mítica capaz de cautivar a varias generaciones de hombres.

Un símbolo de apenas 14 centímetros de ancho que ha marcado para siempre la historia de la moda. Un modelo que revolucionó el universo de las gafas de sol allá por 1952 gracias al ingenio de Stegeman: el encargado de introducir la montura de acetato en unos tiempos en que lo que se estilaba eran las gafas de metal. Aquellas que triunfaron a partir de la década de los 30 y que fueron desbancadas por estas otras fabricadas a partir de plásticos. Con todo, las primigenias Wayfarer de Ray-Ban no nacieron con la apariencia trapezoidal con que han llegado a nuestro días. Las primeras lentes desarrolladas por este neoyorquino tenían forma de ojo de gato. Una silueta que se convirtió en el súmmum de la masculinidad. ¿La razón? Representaban el sentir estético de la época.

Así comenzó a escribirse el triunfo de una gafa y de una marca cuyo negocio prosperó antes, durante y después del fin de la Segunda Guerra Mundial. Ray-Ban llegó a convertirse en el proveedor oficial de ejército del aire estadounidense durante los años que duró la contienda hasta que Hollywood y gran parte de su star-system convirtieron a las Wayfarer en uno de los modelos más deseados del momento. Una montura que hermanó a hombres y mujeres por igual. Ni la actriz Marilyn Monroe ni el mismísimo presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy, lograron resistirse a los encantos de una de las gafas más célebres de todos los tiempos.

Photo credit: Michael Ochs Archives
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Después, la contracultura propia de mediados de siglo —Bob Dylan mediante— harían el resto hasta ganar tal número de adeptos que muchas otras marcas de gafas se lanzaron a imitarla. De hecho, James Dean resultó ser el mejor hombre-anuncio. Un producto de marketing capaz de catapultar a estas célebres gafas de sol. Se extendió una creencia de que el actor las había llevado en algunas de las escenas de Rebelde sin causa. Pero la realidad era otra: la película se estrenó un año antes de que salieran a la venta, justo cuatro años después de que Stegeman las diseñara. Aún así, a partir de 1956 las Wayfarer se convirtieron en todo un éxito de ventas.

Wayfarer: auge, caída... y éxito rotundo

Hasta que sobrevino la década de los 70 y el modelo cayó casi en desgracia. ¿La razón? Las nuevas generaciones no se sentían identificados con un modelo de gafas de sol propio de la juventud de sus progenitores. Así, 20 años después de su lanzamiento, Ray-Ban estuvo a punto de dejar de producirlas. Las Wayfarer habían dejado de capitalizar el espíritu propio de la posguerra: sus ventas habían caído en picado y las reediciones de este modelo habían dejado de tener interés entre el gran público.

Pero fue la película The Blues Brothers (1980) la que conseguiría que el modelo resurgiera de nuevo con el furor de antaño. Los protagonistas de la misma John Belushi y Dan Aykroyd vestían impecables trajes negros e impolutas Wayfarer de Ray-Ban para emular a los cantantes de jazz de los 60. Otro producto marketiniano con el que la firma se apuntó otro tanto: evitar la cancelación de su producción y convertir en icono a un modelo que ha sobrevivido incólume hasta nuestros días. Y si no que se lo pregunten al Tom Cruise de Risky business (1983) o en Cocktail (1988) o al personaje de Don Johnson en la serie de televisión Miami Vice (1984-1990): otros dos ejemplos de cómo un buen product placement puede reflotar el legado de una marca.

Photo credit: Mondadori Portfolio
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En las mismas anduvo el mismísimo Michael Jackson quien hizo de las gafas de sol su seña de identidad. Primero fue el modelo Aviator de Ray-Ban para después parapetar todas sus intervenciones de cirugía estética tras unas Wayfarer de gran tamaño. Una montura que son convirtió en el santo y seña de aquellos brillantes y excéntricos looks que siempre acompañaban al malogrado cantante. Un hombre que se empeñó en reivindicar esta montura de Ray-Ban hasta en otra de las décadas más complicadas para la marca: los años 90.

Su particularísima estética hicieron que el modelo cayera de nuevo en desuso. Ni Madonna ni Bono de U2 lograron reflotar el mito. Pero llegaron los 2000 y con el resurgir de ciertos estilos musicales, devino también un nuevo éxito para las Wayfarer. Pero, ¿qué convierte en especial todo este símbolo de la cultura pop? Los modelos que existen actualmente en el mercado absorben el 85% de la luz visible y bloquean gran parte de la luz azul que emiten los dispositivos móviles ya que sus lentes ofrecen un considerable contraste del color, garantizan una mayor nitidez y una visión más natural a pesar de la tonalidad de su filtro. Gracias a estas ventajas, el propio Robert Pattinson lograba que su mirada saliera ilesa tras el rodaje de la saga Crepúsculo.

Photo credit: James Devaney
Photo credit: James Devaney


Además, están fabricadas con liteforce: un termoplástico de alto rendimiento que se utiliza en sectores como el de la tecnología y que proporciona ligereza, durabilidad, flexibilidad y comodidad superiores, constituyendo una alternativa a los metales en cuanto a diseño y durabilidad. Incorpora una placa metálica con el logotipo microfundido, lo que garantiza una superficie lisa y suave. Su versatilidad no conoce límites: existen multitud de colores y opciones de lentes que van desde las clásicas a las polarizadas. Un modelo que, 68 años después, sigue siendo el adalid de la modernidad. Todo un símbolo con licencia para molar.

Photo credit: RAY-BAN
Photo credit: RAY-BAN
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