El cóctel explosivo tras la nueva moda de ser vegano y comer solo alimentos crudos... y líquidos

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El cruviveganismo es una dieta que excluye todos los productos de origen animal y todos los alimentos que necesiten ser sometidos a cocción para consumirse. (Foto: Getty)
El cruviveganismo es una dieta que excluye todos los productos de origen animal y todos los alimentos que necesiten ser sometidos a cocción para consumirse. (Foto: Getty)

Una de las últimas tendencias en alimentación es la dieta 'liquidariana', una alimentación basada en los líquidos. Pero hay quien todavía le da una vuelta de tuerca y la convierte además en crudivegana. Todo va relacionado porque la cantidad de líquidos que ingieren los crudiveganos es muy relevante, considerando la cantidad de verduras y frutas que comen.

De hecho, esta tendencia está ganando adeptos entre los jóvenes que ante la profusión de mensajes alertando sobre los peligros de consumir carnes y otros alimentos 'mal vistos' deciden -por cuenta propia, y sin consultar con el médico o con un dietista-nutricionista- adoptar este tipo de alimentación. Los nutricionistas han detectado el auge de este tipo de dietas y no quieren dejarlo pasar. 

El crudiveganismo combina una dieta cien por cien vegetal con una dieta crudívora. Los alimentos que forman parte de esta dieta son las frutas, las verduras, las legumbres, los cereales y los frutos secos y las semillas. Es decir, los mismos que constituyen la base de una dieta vegana; pero la preparación es diferente. Las personas crudívoras basan la totalidad o la mayor parte de su alimentación en alimentos que no han sido calentados por encima de los 40 - 42ºC.

Las frutas y verduras, además de comerse enteras, se preparan con frecuencia en forma de batidos (los famosos 'smoothies' o licuados), algunos tan espesos que se complementan con frutas enteras, frutos secos y semillas y se comen con cuchara. Algunas verduras se suelen deshidratar.

La dieta crudivegana rechaza cualquier tipo de alimento que haya sido procesado y los que generan toxinas en el cuerpo tales como los de origen animal (carne, huevos, pescado, miel, lácteos y sus derivados). 

Sus defensores aseguran que es una alimentación perfecta para la limpieza y curación de ciertas enfermedades e insisten en que su dieta contiene los nutrientes necesarios y que consumir productos cocinados destruye las enzimas y nutrientes, por lo que el cuerpo asimila mejor los alimentos en estado crudo o ligeramente calentados, nunca cocidos.

También sostienen que consumir los alimentos en su estado natural mantiene toda su energía original y no se destruyen sus enzimas, lo que supuestamente tendría ventajas para la salud. Sin embargo, estas afirmaciones no son exactar, y seguir una dieta tan específica y rectrictiva -incluso aunque priorice alimentos frescos y saludables- también tiene sus inconvenientes. 

Además, el crudiveganismo se sustenta sobre conceptos errados sobre alimentación y salud ya que se basa en información poco sustentada científicamente; en algunos casos incluso está contraindicada. Es un problema de conceptos. Por ejemplo, se apoya en la idea de que los alimentos crudos tienen capacidad de desintoxicar, y eso no tiene sustento científico. El organismo tiene su propio sistema de desintoxicación mediante el hígado o el colón.

En cuando a los riesgos que conlleva, pues no son pocos. La dieta crudivegana si no es llevada con atención y precaución puede llevarte a tener ciertas deficiencias en calcio, vitamina D, vitamina B12, hierro y zinc. Ya que si bien es cierto que algunas vitaminas se conservan mejor en los alimentos sin calentar, otras mejoran su disponibilidad cuando el alimento es cocinado, como ocurre con los betacarotenos presentes en tomates y zanahorias por ejemplo, y que se transformarán en vitamina A en nuestro cuerpo.

En este sentido, la pérdida de nutrientes que ocurre durante el cocinado -una de las razones que alegan los crudiveganos- no es algo que deba preocuparnos. En muchos casos, como decía, al cocinarlos se liberan nutrientes. En el caso de los tomates, al cocinarlos aumenta la biodisponibilidad del licopeno (es decir, nuestro organismo lo aprovecha mejor). Lo mismo ocurre con la zanahoria y el beta caroteno. Es cierto que en el proceso se pierden algunas vitaminas, pero estos alimentos tienen una cantidad tan alta de nutrientes, que no pasa nada porque se pierdan unas pocas. Lo ideal para evitar la pérdida de nutrientes de verduras y vegetales es cocinarlos al vapor, con el mínimo de agua posible en caso de cocción y siempre a la menor temperatura y menor tiempo de exposición al calor posible para conservar al máximo sus nutrientes.

En cualquier caso, en una buena alimentación, habrá un consumo tanto de alimentos frescos como cocinados, por lo que obtendremos todos los beneficios sin necesidad de restringirlo solo a alimentos crudos. De hecho al incluir sólo alimentos crudos, el crudiveganismo aporta antinutrientes que pueden interferir en la absorción de nutrientes”, apunta a Maldita Ciencia el doctor Ramón de Cangas, miembro del Comité Asesor del Consejo General de Colegios Oficiales de Dietistas-Nutricionistas. “Además, cocinar no deja de ser una predigestión que facilita la masticación y obtención por tanto de algunos de sus nutrientes con más facilidad en la digestión”.

 Y es que evitar la cocción de alimentos para conservar los nutrientes, no tiene sustento y algunos alimentos si deben cocinarse para que las fibras y paredes celulares se rompen más fácilmente. Vamos, que consumir alimentos crudos reduce las opciones alimenticias enormemente. Alternar entre verdura cruda y verdura cocinada es lo mejor, e incluir en la dieta frutas y verduras de la mayor variedad de colores posible favorecerá la aportación de todos los nutrientes y el equilibrio de éstos en tu dieta.

Para algunas personas el crudiveganismo puede ser un tipo de alimentación muy baja en calorías, sobre todo al principio, y esto les puede llevar no sólo a una notable disminución de peso sino que también puede producirles gases, molestias digestivas, problemas de piel y fatiga, además de acarrear la carencia de ciertos nutrientes como la vitamina B12 al restringir muchos alimentos (cocinados, procesados y de origen animal), y especialmente los cereales y legumbres, que son muy ricos en proteínas, aunque estas últimas se podrían consumir fermentadas). También puedes estar dejando de ingerir sustancias importantes como la vitamina D, selenio, zinc, hierro y ácidos grasos omega-3.

Además, dejas de consumir proteína y grasa animal puede provocar una deficiencia de calorías y proteínas. Claro, existen alternativas vegetales como las nueces y otros frutos, pero puede ser perjudicial consumir estos en exceso. 

Otro problema importante del crudiveganismo es que al consumir los alimentos crudos aumenta la probabilidad de que contengan bacterias y se pueden producir más intoxicaciones alimentarias.

En efecto, las verduras crudas y las semillas germinadas pueden transmitir enfermedades infecciosas si no se manejan con cuidado o si proceden de zonas de cultivo contaminadas con subproductos de ganadería y, como no hay cocinado, no se destruyen los gérmenes. 

Asimismo, el exceso de fibra puede obstaculizar la absorción normal del hierro o del calcio. Y la falta de proteínas animales y de hidratos puede reducir el triptófano, lo que repercutiría en la producción de serotonina y por ende, en el estado de ánimo y en el sueño.

Otra precaución que deben tomar las personas crudiveganas es no abusar del aceite de coco (se emplea con profusión en la elaboración de recetas crudiveganas); y estudios recientes alertan de que su consumo eleva en sangre el colesterol total y el colesterol LDL (“colesterol malo”), de forma similar a como lo hacen otras grasas saturadas como la mantequilla.

Todo esto hace que el crudiveganismo no sea una dieta sencilla y apta para cualquiera. De hecho, se precisa de una gran variedad de alimentos para cubrir todas las necesidades nutricionales de una persona que sólo ingiera comida crudivegana. 

Por eso tampoco es la mejor opción en ciertas etapas donde las necesidades nutricionales son muy amplias y diversas como en bebés y niños y niñas de corta edad. Un niño que se alimente solo de alimentos crudos puede desarrollar problemas neurológicos y de crecimiento debido a la falta de vitamina B12 y otros nutrientes importantes. Tampoco se recomienda la dieta crudivegana en adolescentes, mujeres embarazadas o en periodo de lactancia, ni en aquellas personas que tengan altas necesidades de energía y nutrientes o dificultades de absorción intestinal.

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