Si quieres que tu hijo ame las verduras hay sabores que no debe probar antes de los dos años

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verduras niños
Dejar que los niños pequeños experimenten con la comida es una de las mejores estrategias a seguir para que se familiaricen con todo tipo de alimentos. No importa si se tiran todo encima y parece que se están bañando con la comida. Eso sí, hay que poner a su alcance trozos de alimentos enteros (no triturados ni en purés) y dejar que use sus manos para probarlos. (Foto: Getty)

Uno de los mayores quebraderos de cabeza para muchos padres es que sus hijos coman verduras. Una tarea arduo complicada porque estos productos no suelen contar con el beneplácito de los pequeños debido a su textura y a su peculiar sabor.

Parte de la 'culpa' habría que buscarla en la escasa promoción que se hace de estos alimentos en comparación con otros productos destinados al consumo infantil como los cereales, las galletas, los bollos, los postres o los precocinados y la comida rápida. A pesar de las campañas de concienciación para que comamos (mayores y pequeños) más vegetales, hortalizas y verduras, aún falta mucho por hacer, a todos los niveles.

Pero la responsabilidad última es de las familia, y hay algo que estamos haciendo mal desde hace muchos años y que tiene que ver directamente con el modo en que alimentamos a nuestros bebés.

Desde el nacimiento hasta los 24 meses, el crecimiento y desarrollo adecuados requieren calorías y nutrientes. Durante el primer año de vida, la leche materna o la artificial debe ser la principal fuente de calorías y nutrientes del pequeño, según indican organismos como la OMS y la Unión Europea. Luego, siguiendo las pautas del pediatra, se van introduciendo nuevos alimentos.

Cumplir con este protocolo no es fácil: mejor o peor, todos los padres lo intentan y lo hacen lo mejor que saben. El asunto es que hay algo en lo que no habíamos caído, un paso previo que no nos habían contado para conseguir que los más pequeños de la familia se aficcionen al verde; y es más sencillo de lo que parece.

Se trata de algo tan simple como eliminar o limitar en la dieta los niños pequeños los azúcares añadidos y los edulcorantes artificiales añadidos a los alimentos infantiles. No así los azúcares naturalmente presentes en frutas, lácteos, verduras y pan y otros cereales.

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Cuando los bebés llegan a los seis meses se aconseja empezar con un método de alimentación infantil complementario y educacional que promueve la transición hacia los sólidos. Hay que buscar alimentos adecuados (los guisantes de momento no) siempre pensando sobre todo en disminuir riesgo de que se pueda atragantar. (Foto: Getty)

De hecho, los expertos consideran que los niños no deberían comer azúcar añadida antes de cumplir dos años.

¿Y esto por qué? Sencillo. Los alimentos y las bebidas con alto contenido de azúcares añadidos proporcionan muchas calorías, denominadas "calorías vacías", pero no muchos nutrientes.

Según explica al portal The Conversation Lisa Bodnar, una epidemióloga nutricional, "satisfacer el deseo de dulzura de los bebés no beneficiaría su salud a largo plazo".

Bodnar ha estudiado las consecuencias de la mala nutrición en la salud de las madres y según ella misma cuenta: "Como parte del comité, ayudé a escribir un informe sobre la alimentación de niños pequeños con azúcares añadidos y bebidas azucaradas. Y, ¡alerta de spoiler! Los expertos aconsejan no agregar azúcar para los bebés y poca o ninguna azúcar para los niños de 12 a 24 meses".

Por tanto, ofrecer alimentos con azúcares añadidos a los bebés puede suponer un problema porque en esta etapa comen cantidades relativamente pequeñas de alimentos. Para garantizar una nutrición saludable, los alimentos deben ser ricos en nutrientes. 

Nos estamos refiriendo a los azúcares añadidos (y sucedáneos en forma de jarabes o siropes) que se añaden a los alimentos durante su elaboración o preparación. Pueden ser azúcares naturales, como la miel, o edulcorantes artificiales, como el jarabe de maíz alto en fructosa. Los yogures, la mayoría de snacks para bebés, las bebidas de frutas, los postres y la bollería dulce son las fuentes mas comunes de azúcares añadidos en las dietas de lactantes y niños pequeños.

Si los niños pequeños se llenan con alimentos o bebidas ricos en calorías y azúcar, dejan menos espacio para los alimentos nutritivos. Además, se corre el riesgo de que se acostumbren a ese dulzor y luego no acepten otros sabores.

"Lo que comemos desde el nacimiento hasta los 24 meses de vida da forma a nuestras preferencias alimentarias a largo plazo, explica Bodnar. Y las personas estamos programadas para anhelar el azúcar porque nos ayuda a acumular reservas de grasa. Esto ayudó a nuestros antepasados a no morirse de hambre cuando la comida escaseaba. Pero hoy en día, los niños pueden aprender a aceptar los alimentos amargos ricos en nutrientes, como las verduras, si se les ofrecen repetidamente en la primera infancia".

Por el contrario, al evitar que ingieran alimentos con estos azúcares añadidos, los niños pueden aprender a aceptar los alimentos amargos ricos en nutrientes, como las verduras, si se les ofrecen a menudo en la primera infancia.

Hay que tener paciencia e insistir. Al principio, cuesta... lo tiraran, escupiran, llorarán... pero merece la pena porque así aprenden hábitos saludables desde la infancia ya que se relacionan con la comida de una manera directa y natural.

Para ello hay que ofrecer a los niños frutas y verduras en su formato original, de esta forma el niño es consciente de lo que está comiendo y se acostumbra a ello. Es decir, aprenden a identificar sabor, olor y textura de distintos alimentos y sobre las combinaciones de sabores.

A través de sus manos experimentan distintos sabores, olores y texturas. Eso sí, es importante ofrecerles los alimentos enteros, en lugar de triturados, pero “con el tamaño y forma adecuadas para que sea el propio bebé el que los coja con sus manos y se lo lleve a la boca en función de su apetito y preferencias”, explica la pediatra Lucía Galán Bertrand, quien recuerda que “a los 6 meses, los niños aún no hacen la pinza (unión del pulgar con el índice) por lo que los alimentos, los cogen abriendo la mano entera para posteriormente cerrarla (prensión palmar)”.

Al principio se recomienda cortar los alimentos en trozos alargados para que les sea más fácil cogerlos con sus manos y llevárselos a la boca. Lo más adecuado son las texturas blandas que el niño puede aplastar bien con sus encías. Aguacate, trozos de ciruela, plátano, brócoli, kiwi, calabaza... las hortalizas y verduras siempre bien hervidas.

Eso sí, ten paciencia y no cejes en tu empeño. Aunque las cosas se tuerzan, continúa ofreciéndole a tu bebé y a tus hijos pequeños alimentos amargos como verduras una y otra vez. Los niños pequeños necesitan estar expuestos a los alimentos unas 30 veces antes de que aprendan a gustarles.

Con la combinación de estas dos estrategias (restringir los alimentos con azúcares añadidos y ofrecerles trozos de verduras) se conseguirá establecer patrones de dieta saludable desde una edad temprana, lo que puede ayudar a los niños a mantener un peso saludable y evitar enfermedades crónicas.

No en vano los niños alimentados con dietas ricas en azúcares añadidos son más propensos que los niños con un consumo más bajo de azúcar a sufrir una serie de consecuencias negativas para la salud a medida que se desarrollan, como la obesidad infantil, las enfermedades cardiovasculares y las caries dentales.

Esto es lo que pueden hacer los padres, abuelos y cuidadores de bebés y niños pequeños para eliminar o limitar su consumo de azúcar:

  • Cambia las bebidas azucaradas por agua o leche (leche materna, fórmula u otra leche, según la edad del niño). Elimina las bebidas azucaradas como los refrescos, las leches saborizadas, los zumos bebidas de frutas, las bebidas deportivas, las bebidas energéticas y el agua o el té endulzados.

  • Ten cuenta que el azúcar no siempre es tan fácil de detectar. A menudo, los alimentos que no esperamos que contengan azúcares añadidos sí los contienen, como los yogures. Los azúcares añadidos tienen muchos nombres diferentes, como jarabe de maíz con alto contenido de fructosa, concentrados de jugo de frutas, azúcar de caña, edulcorante de maíz, lactosa, glucosa, sacarosa y jarabe de arce. Así que revisa siempre la lista de ingredientes.

  • El azúcar también se esconde en los alimentos envasados ​​o preparados. Así que elimina estos productos de tu cesta de la compra.

Recuerda, una vez que el bebé pruebe el azúcar será más difícil (no imposible) que prefiera sabores más simples o amargos.

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