El clásico animado más terrorífico de Disney que casi hunde al estudio

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Actualmente, Disney se encuentra inamovible en la cima de la industria del entretenimiento, triunfando gracias a su impresionante catálogo de propiedades, que no hace sino crecer, y ahora también haciéndose con un buen bocado del mercado del streaming gracias a su imparable plataforma, Disney+. Sin embargo, no todo siempre fue luz para el estudio, sino que en su historia hay varias etapas caracterizadas por la oscuridad y el revés económico y creativo.

Los 80 fueron una década muy dura para Disney. De entre todas las películas que la compañía estrenó aquellos años, destaca especialmente una en concreto por ser su film más terrorífico y por estar a punto de llevar al estudio a la quiebra tras su fracaso en cines. Estamos hablando de Taron y el caldero mágico (The Black Cauldron), una de las películas malditas de Disney, escondida bajo llave durante años y ahora revalorizada como cinta de culto y símbolo de una de las épocas más extrañas de la compañía del ratón y del cine de animación en general.

Cartel de Tarón y el caldero mágico (Disney)
Cartel de Tarón y el caldero mágico (Disney)

Estamos hablando de los años inmediatamente anteriores a La Sirenita, el milagro en forma de cuento de hadas musical que devolvió a Disney a lo más alto e inauguró una nueva era dorada para el estudio, dando palos de ciego desde la muerte de Walt Disney en 1966. La Sirenita se estrenó en 1989, cerrando con una nota luminosa, romántica y optimista una década que había sido aciaga para Disney, debido a varios fracasos de taquilla y un bache creativo del que le costó años salir, uno que nos dejó algunas de las películas más curiosas y experimentales de su filmografía, pero también algunas de las más fallidas.

La primera película de Disney en los 80, Tod y Toby, marcaba de alguna manera el tono que dominaría sus estrenos posteriores. A simple vista era una tierna y simpática historia infantil entre un zorro y un sabueso, pero en realidad, el film era una melancólica historia de amistad imposible con canciones tristes, escenas devastadoras y por primera vez, un desenlace que no terminaba en un final feliz tradicional. Por esta razón, Disney siempre la ha considerado uno de sus clásicos de segunda, aunque con el tiempo ha sido reivindicada como una de sus obras más emotivas y transformadoras -nos traumatizó, pero también nos enseñó que la realidad a veces es dura y hay que aceptarlo.

Que Disney estaba probando cosas nuevas y experimentando con las historias en los 80 salta a la vista cuando uno repasa los sorprendentes proyectos a los que dio luz verde en aquellos años, relecturas originales y diferentes de clásicos de la literatura. En 1986 estrenaron Basil, el ratón superdetective, versión animada de Sherlock Holmes protagonizada por ratones, y en 1988 llegó a los cines su primera película ambientada en el presente, Oliver y su pandilla, adaptación muy libre y musical de Oliver Twist con gatos y perros como protagonistas, temas rock & roll y el sucio Nueva York de los 80 como telón de fondo que no fue muy bien recibida al distanciarse radicalmente del estilo clásico Disney para adentrarse en terreno farragoso, como ya detallé en este artículo sobre la película.

Pero sin duda, la que se lleva la palma en cuanto a oscuridad es Taron y el caldero mágico -estrenada en Estados Unidos en 1985-, adaptación de las novelas de fantasía épica Las Crónicas de Prydain, escritas por Lloyd Alexander. Esta película representa muy bien lo que se llevaba en aquellos años, historias fantásticas como Willow, Legend o La historia interminable, que también salpicaron al cine de animación con películas como Nimh: El mundo secreto de la señora Brisby, El último unicornio o En busca del valle encantado, cintas llenas de magia, que sin embargo no huían de lo tenebroso, llevando al cine familiar de los 80 a alejarse de los deslumbrantes cuentos de hadas infantiles y adentrarse en las sombras con elementos más adultos, utilizando en algunos casos para ello los códigos del terror.

Taron y el caldero mágico está dirigida por Ted Berman y Richard Rich, que no son otros que los realizadores de Tod y Toby, que tras su anterior obra decidieron dar un paso más allá en cuanto a riesgo y oscuridad. Como dato curioso, pero visto con perspectiva bastante significativo, Tim Burton participó en la película como diseñador de arte conceptual, después de trabajar en el departamento de animación de Tod y Toby, lo cual encaja perfectamente con el estilo del film. Aunque, eso sí, su nombre no apareció en los créditos.

Adaptando libremente las páginas de Alexander, la historia de Taron y el caldero mágico transcurre en la tierra mítica de Prydain durante la Edad Media y se centra en un joven que emprende una peligrosa aventura junto a una princesa, un bardo y una extraña criatura llamada Gurgi para encontrar y destruir un caldero mágico e impedir así que el Rey del Mal utilice su poder para dominar el mundo.

Es decir, la película reproducía la estructura clásica de viaje mágico lleno de peligros para detener el mal, con grandes dosis de aventura, humor y romance, y sin olvidarse de las tradicionales mascotas. Sin embargo, se distanciaba de lo que hoy en día conocemos como el estilo Disney, con un tono más serio, sin canciones que avanzaran la historia y lo más importante, con escenas de acción inauditamente violentas y momentos de terror capaces de provocar pesadillas a los más pequeños. Por esta razón, Taron y el caldero mágico fue la primera película de Disney en recibir la calificación PG (Parental Guidance/Supervisión Parental), que indica que “algunas partes pueden no ser indicadas para niños”.

Esas partes en concreto involucraban sobre todo las apariciones del Rey del Mal (The Horned King en inglés), un villano salido directamente de las pesadillas de los más pequeños. Su diseño, reminiscente del Skeletor de Masters del Universo, era escalofriante: cuernos puntiagudos, horribles garras con uñas afiladas y rostro de calavera con los ojos amenazantemente rojos. No escatimaron en detalles para hacerlo lo más espeluznante y aterrador posible. Cada vez que su imagen aparecía en pantalla, era obligatorio taparse los ojos. Simplemente, daba demasiado miedo.

Y si el resultado final era así, la versión original del film era incluso peor. De hecho, la película, originalmente planeada para estrenarse en 1984, sufrió varios retrasos debido precisamente a esta razón. Poco antes del estreno original, Disney realizó un pase de prueba con público infantil y el resultado no pudo ser más desastroso. Según se cuenta, la mayoría de niños no aguantaron y salieron huyendo despavoridos de la sala durante la escena final (Yahoo). Por esta razón, el nuevo jefe de Walt Disney Studios por aquel entonces, Jeffrey Katzenberg, consideró que la película era demasiado intensa y perturbadora para los niños y ordenó hacer cambios para eliminar las escenas más violentas y terroríficas. Cuando el productor, Joe Hale, se negó, Katzenberg decidió tomar el mando de la película y llevar a cabo él mismo el nuevo montaje. El CEO de Disney, Michael Eisner, lo convenció de que parase, pero aprobó las modificaciones a la película, lo que llevó a retrasar su estreno hasta el año siguiente.

Tras el nuevo proceso de edición, doce minutos fueron eliminados de la película, a la vez que varias escenas fueron reescritas y se crearon nuevas animaciones para unir las partes que habían quedado inconexas al desaparecer las escenas originales. Entre otras cosas, se eliminaron planos con contenido violento durante el clímax, concretamente tras la aparición del ejército de los muertos vivientes y la batalla final, durante la que un humano era derretido por los zombis hasta quedar en los huesos. Observando estas secuencias se pueden percibir extraños saltos e incoherencias de continuidad, lo que ha llevado a los fans a llevar a cabo investigaciones y especular durante mucho tiempo sobre qué se cortó exactamente del montaje original que fuera tan violento y tuviera que ser sacrificado a costa de la coherencia narrativa de film.

Aquella versión preliminar nunca vio la luz del día, pero si la película que se estrenó fue considerada demasiado aterradora para los niños, no quiero ni imaginar cómo sería la original. En el montaje estrenado hay suficientes escenas como para marcar de por vida. Un violento encuentro con dragones que deja a Taron sangrando por la boca (algo totalmente inaudito en Disney), la aparición de los muertos vivientes -esqueletos resucitados que se forman el ejército del Rey del Mal-, y cualquier escena del villano, cuyo rostro demoniaco nos persiguió a muchos durante nuestros años de infancia. Aun habiendo recortado la película, el clásico Disney conservó su naturaleza terrorífica, sencillamente imposible de borrar.

Taron y el caldero mágico por fin se estrenó en julio de 1985 en Norteamérica. Con un elevado presupuesto de 44 millones de dólares (€36,3 millones; sin contar inflación), se convirtió en la película de animación más cara de la historia hasta ese momento. La crítica no la acogió muy cálidamente. Elogiaron su ambición, su animación puntera (fue la primera película de Disney con imágenes generadas por ordenador) y su banda sonora, pero desaprobaron su tono oscuro y las incoherencias de la historia -que habían causado los problemas en la producción y la eliminación de escenas importantes del montaje final, lo que dejó un resultado fallido y deslavazado. La audiencia no respondió mucho mejor, llevando al film a recaudar tan solo $21,2 millones (€17,5 millones; BoxOfficeMojo) en Estados Unidos, es decir, menos de la mitad de su presupuesto. Y por si eso fuera poco, fue superada en taquilla por la película de Los Osos Amorosos, sin duda una vergonzosa mancha en el historial de Disney.

Así, Taron y el caldero mágico se convirtió oficialmente en un enorme fracaso comercial para Disney, poniendo en peligro a su departamento de animación y ganándose la reputación de ser la película que casi acaba con el estudio. Debido a este fiasco, la compañía intentó por todos los medios de hacer como si el film nunca hubiera existido y no lo editó en vídeo doméstico hasta más de una década después, saliendo a la venta por primera vez en VHS en 1997. Desde entonces, Taron ha llevado siempre la etiqueta de película maldita de Disney, convirtiéndose con el paso de los años en un cinta de culto entre los amantes del cine de animación y la fantasía épica.

No obstante, el culto de Taron y el caldero mágico se debe más a su condición de rara avis y a la leyenda que tiene detrás que a la calidad de la película en sí, que dejando a un lado su apartado técnico -donde Disney siempre ha destacado-, no está muy bien valorada. Los numerosos cambios en la historia y el remontaje al que se sometió el proyecto dejaron una película que, vista hoy en día, le cuesta aprobar el paso del tiempo como a otras compañeras del estudio y se queda en la parte baja de la lista de Clásicos Disney, por muy fascinante que sea su historia tras las cámaras. Eso sí, en cuanto a riesgo no le gana nadie, ya que, aun con los cambios efectuados, sigue siendo una de las películas de dibujos más terroríficas de la historia, lo cual la hace más valiosa para el espectador adulto.

Hace poco surgió el rumor de que Disney estaba preparando un remake en acción real de Taron y el caldero mágico (MovieWeb), como parte de su imparable producción de películas live-action que tan buenos resultados económicos estaba reportando al estudio. Sin embargo, no ha habido noticias oficiales al respecto y el supuesto proyecto no se ha incluido en las recientes presentaciones de Disney, donde se han desvelado los numerosos títulos que llegarán a cines y a Disney+ en los próximos años.

Un remake de Taron y el caldero mágico se antoja improbable. Aunque el tiempo la ha revalorizado y Disney ya no la tiene encerrada con candado en el sótano (está actualmente disponible en Disney+), siempre sobrevolará sobre ella la reputación de ser una de las películas que casi lleva a Disney a la ruina. Lo cierto es que el auge de la fantasía épica en los últimos años gracias a Juego de Tronos o The Witcher, crea un panorama idóneo para que Disney realice su propia saga épica de acción real con las novelas de Lloyd Alexander. Pero está por ver si la herida de los 80 ha cicatrizado y están dispuestos a revisitar el mundo de Prydain.

Taron y el caldero mágico no gozó del recorrido de otras películas Disney porque la propia compañía así lo quiso. Sus imágenes tenebrosas y macabras no invitaban a que los niños quisiéramos verla una y otra vez como pasaba con tantas otras películas animadas, anulando así su valor de revisionado, a lo que se añadió el hecho de que no estuviera disponible en vídeo doméstico, lo cual truncó sus posibilidades de crecer comercialmente, quedando como título desconocido para muchos espectadores.

Claro que, como hemos visto tantas veces, un fracaso pasado puede convertirse en objeto de culto, y eso es lo que le ocurrió a Taron y el caldero mágico, una leyenda del cine de animación, quizá no por las razones que habría querido Disney, pero igualmente válido; una película maldita que simboliza la era más oscura de Disney, así como una época a la que los que nacimos en los 80 volvemos con interminable nostalgia una y otra vez. Aunque nos obligue a revivir algún que otro trauma o pesadilla.

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