'La ciudad es nuestra': ¿es la secuela de 'The Wire' que esperábamos?

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Photo credit: HBO
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Desde que se anunció el proyecto de La ciudad es nuestra (We Own This City) es imposible no pensar en The Wire. David Simon ha regresado a las calles de Baltimore tras 14 años y vuelve a ocuparse de la guerra contra las drogas y las estrechas relaciones entre el narcotráfico, la policía y la política. Lo hace, de nuevo, a partir de hechos reales y de la investigación periodística. Esta vez se trata del trabajo de Justin Fenton que, como Simon al comienzo de su carrera, es reportero en The Baltimore Sun. Allí cubrió el escandaloso caso de corrupción del Grupo Especial de Rastreo de Armas del Departamento de Policía de Baltimore que entre los años 2007 y 2017 mantuvo una red de chantaje y robos en la ciudad, por no hablar de la brutalidad policial. El libro de Fenton sobre el tema We Own This City: A True Story of Crime, Cops and Corruption ofrece así a La ciudad es nuestra la misma base real que en su momento aportó la experiencia de Simon y de Ed Burns en The Wire. Todo en la nueva serie de HBO Max evoca a su predecesora, como si fuera una secuela espiritual de la serie más recomendada de la historia de HBO.

Sin embargo a David Simon le importan un comino las franquicias y los universos expandidos. Ha vuelto a juntar al equipo de guionistas de The Wire (George Pelecanos, Ed Burns y William F. Zorzi) y a gran parte de su reparto pero se ha negado a volver a los mismos personajes y lugares de entonces. En su lugar Jamie Hectorm, que entonces era Marlo Stanfield, es ahora un detective y los compañeros de McNulty, Tray Chaney y Domenick Lombardozzi, hacen respectivamente de un nuevo agente de policía y del presidente de la Orden Fraternal de Policía de Baltimore. Así que es justo preguntarse, ¿de verdad es La ciudad es nuestra la secuela de The Wire que esperábamos? ¿Está a la altura de una de las mejores series de la historia?

Queda claro que lo que ha traído a David Simon de vuelta a Baltimore no es hacer un hit con una sexta temporada tardía de The Wire o algun spin-off, sino la autenticidad de la historia que nos quiere contar. Pero ni él, ni George Pelecanos ni Ed Burns, pueden evitar ser quienes son y a la hora de escribir La ciudad es nuestra encontramos los mismos rasgos e inquietudes que hace 20 años crearon la mejor serie del siglo XXI.

Lo que The Wire y La ciudad es nuestra tienen en común está a la vista de todos: las mismas mentes pensantes, los mismos temas, la misma autenticidad de reportero, las coincidencias del reparto… pero hay una cosa que lo cambia todo: esta vez no está Jimmy McNulty (Dominic West) ni nadie parecido a Omar Little (el recientemente fallecido Michael K. Williams) o a Bubbles (Andre Royo). No es casualidad. En su lugar La ciudad es nuestra tiene como protagonista al sargento Wayne Jenkins (interpretado por un magnífico Jon Bernthal), que no solo es un policía que toma malas decisiones personales y está dispuesto a hacer trampas para cambiar el sistema como lo era McNulty, sino que es ante todo un agente corrupto y brutal con aires de Superman.

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De hecho, si hubiera que identificar a Jenkins con una figura de The Wire sería más bien con narcotraficantes como el Stringer Bell de Idris Elba o el Marlo Stanfield de Hectorm. Para él, el sistema y las cifras, lo único que importa en el Departamento de Policía, no es un problema sino el medio de prosperar en su carrera y, esta vez, las “escuchas” que dieron su nombre a The Wire se dirigirán hacia la propia policía para descubrir los tejemanejes de Jenkins y su equipo.

La ciudad es nuestra es una serie más oscura que su predecesora. Si en The Wire se mostraba el sistema como una trampa en la que ningún arresto ni ninguna iniciativa -política, educativa o periodística- podían cambiar las cosas, ahora el problema es la corrupción misma de la policía que forma parte de ese sistema. En The Wire había lugar para delincuentes carismáticos como Omar y para la esperanza de salvar, al menos, a algunas personas; pero aunque en La ciudad es nuestra sigue habiendo policías honrados y abogados dando lo mejor de sí mismos, la única esperanza que queda es la del control de daños: detener los abusos y las manzanas podridas que genera sistemáticamente la guerra contra las drogas.

La serie está además condicionada por su formato. The Wire era una serie de unos 13 episodios por temporada que se prolongó durante cinco años, mientras que La ciudad es nuestra se ha concebido como una miniserie de seis únicos capítulos, lo que significa que tiene que limitar su narración coral y ceñirse a la trama (con todas sus ramificaciones, sí, pero ya está). The Wire en cambio podía aspirar a examinar todas las caras de la guerra contra las drogas y dar una visión de la ciudad de Baltimore en conjunto. A cambio, La ciudad es nuestra puede permitirse el lujo de contar con un único director de altura para todos sus episodios: Reinaldo Marcus Green, el autor de El método Williams, lo que eleva mucho el listón sobre otras series parecidas.

¿Significa esto que La ciudad es nuestra es mejor o peor que The Wire? No, simplemente es distinta. Y hay que aplaudir que, en vez de explotar éxitos pasados como hizo Santos criminales con Los Soprano, Simon y Pelecanos se hayan esforzado en que así sea.

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