Chupar la cabeza de una gamba y otros hábitos gastronómicos (polémicos) españoles

Bizarro es una palabra maravillosa que, además de significar ‘valiente’ y ‘atrevido’, quiere decir ‘raro’ o ‘extravagante’. La primera acepción la acepta el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua (RAE) desde siempre. La segunda, aunque aún no ha sido recogida por la RAE sí figura en otros diccionarios de referencia como el María Moliner. Empezamos haciendo referencia a este término porque, realmente, hay hábitos gastronómicos españoles que, a ojos extranjeros, resultan bizarros en ambos sentidos, por lo raro y por lo atrevidos que debemos parecerles al comportarnos así. Es curioso porque aceptarlo nos obliga a vernos desde fuera, una costumbre poco habitual. Es entonces cuando nos damos cuenta de que quizá lo que nos parece tan normal no lo es tanto.

Sí, la cabeza de la gamba se chupa. Foto: Max Pixel.

Chupar la cabeza de una gamba. Muchos extranjeros se retuercen, sueltan un “aaarg” y arrugan la frente cuando nos ven chupar la cabeza de una gamba. Es verdad que en los ‘sesos’ (da cosilla si lo pensamos así) de la gamba se encuentra la parte más sabrosa del animal, por lo que dejarla intacta parece de locos. Es cierto, eso sí, que la imagen quizá no sea la más glamurosa del mundo.

Los percebes, pese a su pinta rara, están de muerte. Foto: Biskuit/Wikipedia (CC).

Los percebes. La primera vez que los pides con un grupo de extranjeros surge el desconcierto. “¿Vamos a comernos esos extraterrestres que suelen verse en las rocas de la playa?”. Sí, porque, pese a su desconcertante aspecto, están de rechupete y son una delicatesen. Eso sí, primero hay que explicarles cómo comérselos, no vaya a ser que ataquen por una parte que les deje sin dientes.

Las filloas, crepes hechas con sangre. Foto: Wikipedia.

Las filloas. Galicia es, desde luego, un universo único de insólitas propuestas gourmet. Incluir sangre de cerdo, por ejemplo, en un postre es algo que puede resultar de lo más provocador. Un extranjero puede llegar a aceptar la morcilla, pero, ¿un dulce hecho con sangre? ¿En serio? Sí, las filloas vendrían a ser el lado oscuro de las luminosas crepes francesas.

Rabo de toro estofado, un platazo. Foto: Tamorlan/Wikipedia (CC).

El rabo de toro. Metemos aquí este plato porque, realmente, da mucho juego. Primero, porque a veces induce a error y hay quién no dudará en preguntarse si se trata del rabo o del pene del animal. Y, una vez resuelto el misterio no faltará el que se pregunte por qué elegir esta parte precisamente habiendo tantas opciones antes…

A la rica tapa de oreja. Foto: Takeaway/Wikipedia (CC).

Oreja de cerdo. Una de las tapas más populares en las tabernas españolas es esta. Hecha correctamente se convierte en una delicia en la que el aspecto cartilaginoso queda en un segundo término. Mal hecha, es posible que sea intragable. En cualquier caso, vaya como ejemplo del amor español por la casquería. Ni la oreja, ni los callos, ni por supuesto las gallinejas o los entresijos cuentan con la aprobación de nuestros vecinos llegados de otros países. ¿Por qué será?

Las pipas, el snack por excelencia (solo en España). Foto: Kaldari/Wikipedia (CC).

Pipas. Que las semillas de girasol saladas sean el snack preferido por los españoles es algo que no deja de sorprender a los que llegan de allende de nuestras fronteras. Les llama la atención nuestra manera compulsiva de comerlas y la afición que les profesamos en todo tipo de eventos al aire libre. Probad a buscarlas fuera de España y veréis como no es tan fácil.

Calimocho, mezclar vino con cola y triunfar. Foto: Wikipedia.

Calimocho. Mezclar vino y refresco de cola es un pequeño placer culpable del que los jóvenes españoles llevan disfrutando desde hace décadas. Puede parecer raro visto desde fuera, pero es una bebida que engancha y son muchos los extranjeros que regresan a sus países tras una Erasmus bien aprovechada promocionando la mezcla. ¡Si hasta The New York Times llegó a decir que era la bebida de moda! Un consejo: con vino bueno sale mejor.