Cámaras y más vigilancia gubernamental: tras el coronavirus los chinos se enfrentan a tener menos privacidad

Mientras que la mayoría de países del planeta están empezando a aplicar medidas paulatinas de desescalada, en China se vive una realidad muy diferente después de que a principios del mes de abril se volviera a la normalidad en todas las provincias, incluyendo Wuhan, el gran epicentro de la pandemia.

El gigante asiático ha dejado atrás el pico de contagios de coronavirus y actualmente apenas se producen unos pocos casos. Un escenario en el que sus habitantes están constatando que las autoridades han aprovechado la incidencia del brote para aumentar las medidas de vigilancia social.

Cámaras de vigilancia en China. (Photo by Zhou Changguo/VCG via Getty Images)

Tanto en las redes sociales como en los medios internacionales los residentes se han quejado de la instalación de cámaras que apuntan directamente a las puertas de entrada de los edificios. En declaraciones a CNN, los ciudadanos se han quejado de que esta iniciativa se lleva produciendo desde febrero, reforzando un sistema de control que ya era de los más férreos del mundo.

Conviene recordar que en 2018 China ya tenía más de 200 millones de cámaras de circuito cerrado de televisión, según New York Times, y que las investigaciones han revelado que existe una por cada dos habitantes, lo que supone una cifra muy elevada respecto a los demás países.

Según Comparitech, ocho ciudades chinas están entre las 10 más vigiladas del mundo. El municipio de Chongqing, que ocupa el primer puesto, tiene 2,6 millones de cámaras para sus 30,6 millones de habitantes.

El sistema de vigilancia se ha consolidado durante décadas, pero ahora con la crisis del coronavirus es más invasivo con la privacidad y la intimidad. La instalación de los dispositivos en las puertas de los domicilios estrecha el cerco en la libertad de movimientos.

Tal y como señala Ian Lahiffe, un expatriado irlandés viviendo en China, “es una increíble erosión de la privacidad”. Un pensamiento que también comparte Lina Ali, de origen escandinavo, que señala que la instalación de una cámara en la entrada de su domicilio “me hizo sentir una prisionera en mi propia casa”.

Más extremo es el caso de uno de los entrevistados, que denuncia que el dispositivo ha sido instalado en el interior de su propia vivienda. William Zhou señala que la cámara se encuentra dentro de un armario y que supone una “invasión a su privacidad”.

Por el momento, las autoridades no han confirmado un aumento en las medidas de vigilancia y se limitan a asegurar que el uso de cámaras es para hacer cumplir la cuarentena domiciliaria de los residentes.

Código QR que permite la libertad de movimientos (Xinhua/Feng Kaihua via Getty Images)

El uso de las apps

Este sistema de vigilancia de las cámaras se completa con la utilización de la tecnología para el control de la población. Tal y como cuenta Zigor Aldama en la Revista 5W, el Gobierno utiliza códigos QR que rastrean todos los movimientos de los ciudadanos y que actúan como miniprogramas en las aplicaciones de Alipay o WeChat.

Esta especie de tarjeta virtual requiere el uso del documento de identidad, tiene reconocimiento facial y es necesaria para poder acceder tanto a todos los servicios públicos como a muchos de los privados.

Las autoridades chinas ahora han puesto este Gran Hermano al servicio de la salud para tener el control de toda la población. Así, con toda la información guardada del usuario (movimientos, uso de transporte público, expediente sanitario…) y su posicionamiento ofrece tres códigos QR distintos a modo de semáforo.

Si es verde, el ciudadano puede moverse libremente; el amarillo restringe el acceso a servicios no esenciales; y el rojo obliga a los ciudadanos a permanecer en cuarentena. Aquel que se la salte puede recibir un castigo penal. Es decir, aquellos que no obtengan el verde se ven limitados a entrar en un restaurante, coger el metro o incluso salir del propio domicilio.

Tal y como revela la CNN, este sistema se ha utilizado para controlar el avance de la pandemia, pero a día de hoy estos códigos siguen funcionando y decidiendo la vida de las personas. Y es posible que se mantengan en el futuro.

Las autoridades también lanzaron una aplicación en febrero que rastrea al usuario y le alerta en caso de haber estado en contacto cercano con algún infectado. Aunque el Gobierno no ha dado instrucciones precisas sobre lo que considera un contacto cercano, la BBC sí que puso como ejemplo que en un avión serían las personas situadas a tres filas de distancia del infectado. El uso de este tipo de aplicaciones en Europa ha suscitado muchas dudas por su intromisión en la privacidad de los usuarios.

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