'Chicken Little' esconde una de las historias más perturbadoras de Disney

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La década de los 2000 fue una de las más extrañas y desastrosas para la factoría Disney. Mientras que estudios como Dreamworks o Pixar causaban furor con películas de animación 3D como Shrek o Toy Story y sentaban un precedente sobre el futuro de la animación, la casa Mouse se enfrentaba a un no parar de datos flojos en taquilla con películas como Fantasía 2000, El emperador y sus locuras, Atlantis: El imperio perdido o El planeta del tesoro que nada tenía que ver con los éxitos masivos que cosecharon en los 90. Así, tras el fracaso estrepitoso que fue Zafarrancho en el rancho en 2004, decidieron sumarse al éxito del 3D y dar un cambio radical a su producción.

Uno de sus movimientos más acertados fue la compra de Pixar en 2006, con la que después de años distribuyendo sus películas pasaron a incluirlo en sus líneas y a obtener un no parar de taquillazos y premios con Ratatouille, WALL-E o Up. Sin embargo, en lo que se refiere a la producción de sus clásicos animados de Walt Disney Animation Studios el caso fue muy diferente. Y es que el cambio a la animación en 3D lo asumieron de manera torpe y precipitada, sin valorar si las ideas que tenían en mente eran las adecuadas. De esta forma, en 2005, dieron este salto con una idea tan descabellada como un remake de una historia de propaganda antinazi estrenada durante la II Guerra Mundial.

Recorte del póster de Chicken Little (Foto: Disney)
Recorte del póster de Chicken Little (Foto: Disney)

Se trata de Chicken Little, un relato aparentemente infantil que en su origen fue presentado como una reflexión y mensaje de advertencia sobre la manipulación de un líder persuasivo, y la histeria colectiva ligada al contexto del holocausto nazi. Estrenado en 1943 en formato cortometraje, nos narraba cómo un zorro engañaba a un pollo y le hacía creer que el cielo se iba a caer para tratar de conducir a todo su gallinero a su madriguera y poder comérselos. El pollo, pequeño e inocente, se cree la historia del malvado zorro, crea la histeria colectiva entre el resto de las aves y al final todos acaban cayendo en el engaño. Viendo el corto, uno espera que la situación se solucione, que todos los pollos se den cuenta de su error y salgan huyendo de la guarida del villano. Pero no es el caso, y el final es uno de los más perturbadores que recuerdo de una producción de Disney: el zorro se come a los pollos y el corto cierra con sus huesos esparcidos por el suelo.

Por raro que parezca, Disney no ha mantenido este cortometraje oculto como bien hizo con el resto de material de propaganda de guerra que produjeron en los 40, como el caso de aquellos cortos donde incluso veíamos a personajes como Donald al servicio del régimen de Hitler. Chicken Little fue incluido en algunas ediciones en formato doméstico, aunque la casa Mouse fue precavida y añadió una introducción donde se explicaba que estaba lejos de ser la habitual producción cómica y musical de la compañía, se explicaba su contexto original y se advertía a los padres de que su contenido, y especialmente su final, no era recomendado para los más pequeños. Además, en dicha introducción, también se mencionaban detalles bastante interesantes sobre la producción de este material, como que en los planteamientos iniciales el zorro aparecería leyendo el libro Mi lucha (Mein Kampf) del propio Adolf Hitler.

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Como era obvio, el remake que se hizo en 2005 en formato película prescindió por completo de este enfoque. Su argumento seguía el mismo punto de partida, el de un pequeño pollo que cree que el cielo se le va a caer encima y crea la histeria colectiva en su ciudad. Sin embargo, Disney apostó por llevarlo al terreno de la ciencia-ficción con un relato de una invasión extraterrestre, lo que era perfecto para lucir los efectos digitales del 3D en su salto a este formato. Pero, despojado de su significado original, el resultado fue una película muy hueca e infantil que no convenció y hundió más a Disney en una crisis creativa de la que no saldría hasta casi la década de 2010, cuando volvieron a apostar por su lado más clásico con Enredados o Frozen tras la poca trascendencia de Descubriendo a los Robinson o Bolt o el impacto todavía tibio, sin arrasar del todo, de su vuelta a la animación 2D con Tiana y el sapo.

En taquilla, Chicken Little no funcionó nada mal. Durante su tiempo en exhibición en 2005 logró recaudar 314,4 millones de dólares en todo el mundo, doblando su presupuesto de 150 millones y superando con creces los 145,3 con los que Disney se estrelló el año anterior con Zafarrancho en el rancho. Sin embargo, las cifras seguían muy lejos de alcanzar los éxitos de los 90 y la crítica la destrozó, dejando muy por los suelos la imagen de Disney en comparación con lo que otros estudios estaban logrando mediante la animación 3D por aquellos años.

Y no era para menos, porque la película, siendo sincero, me parece de lejos la peor de todos los clásicos animados de Disney. No he vuelto a verla desde su estreno en 2005, pero si entonces, cuando tenía 10 años, ya me pareció infantil, absurda y sin ningún tipo de interés, no me quiero ni imaginar lo que opinaría de ella ahora.

Lo único realmente interesante que creo que hay en ella es todo lo que vengo contando, que Disney, posiblemente el estudio que más cuida su imagen de compañía familiar, decidiera que para dar el gran salto al 3D era buena idea recuperar una de sus historias de propaganda antinazi con un final extremadamente macabro, lo que sin duda fue surrealista y hasta perturbador.

Chicken Little, la película, está disponible en Disney+.

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