Adolescentes muestran efectos aterradores de las apps de edición fotográfica

El fotógrafo británico Rankin pidió a unas adolescentes que editaran sus propios retratos hasta que estuvieran “listos para las redes sociales”. Los resultados son fascinantes.

La edición de fotos se ha convertido en un secreto a voces en el mundo de las redes sociales. Apps como Instagram y FaceTune han hecho que sea tan fácil cambiar nuestro aspecto ‒mediante filtros, retoques o una combinación de ambos‒ que cada vez es más difícil determinar qué es real y qué no lo es. También se puede decir que estas apps contribuyen a perpetuar una forma de belleza homogeneizada, en lugar de celebrar la individualidad auténtica.

El fotógrafo británico Rankin (nacido como John Rankin Waddell) exploró estas apps y sus efectos potencialmente perjudiciales en una reciente serie fotográfica titulada “Selfie Harm”. Para el proyecto, que fue realizado como parte de Visual Diet, una nueva iniciativa online dirigida a cambiar la forma de consumir imágenes, Rankin fotografió a un grupo de adolescentes y luego les pidió que editaran su propio retrato hasta que estuviera “listo para las redes sociales”.

El antes y después de las imágenes ofrece una mirada impactante acerca de lo que pueden hacer esas apps con solo tocar un dedo.

Rankin dijo al HuffPost que en los últimos años había estado notando que la gente de las redes sociales retocaba sus propias fotos. Lo que un día fue una herramienta reservada a famosos y modelos que salían en revistas ahora está disponible para prácticamente cualquiera que tenga un smartphone. Rankin dijo que tenía conocimiento de Photoshop desde que fuera introducido por primera vez en la fotografía y agregó que siempre ha criticado su uso por distorsionar la realidad. Así que se le ocurrió la idea de usar la fotografía para mostrar cómo la gente, especialmente los jóvenes, usan estas herramientas para alterar su aspecto.

“Lo que más me asustó de eso fue lo mucho que se parece a un juego”, dijo. “Te haces una foto de ti mismo y, como la estás cambiando, puedes ver un antes y después con mucha facilidad. También te hace sentir que tu aspecto es inadecuado para ese juego”.

Las apps de edición de fotos, señalaba Rankin, son cada vez más fáciles de usar. De hecho, son tan fáciles que él editó una autofoto que le envié en el lapso de una hora.

“Cualquiera puede hacerlo”, dijo. “Es ahí cuando se presentó el proyecto”.

Julia Brucculieri / RankinRankin editaron unas fotos del escritor usando las apps puestas a disposición de los adolescentes que participaron en el proyecto “Selfie Harm”. La foto de la izquierda es la original, la del medio incluye algunas ediciones faciales, la de la derecha incluye ediciones faciales y maquillaje digital.

El fotógrafo, cuyos temas fotografiados incluyen a David Bowie y a la reina Isabel II, tomó retratos de 15 personas maquilladas mínimamente. Algunas de las chicas eran modelos y otras fueron encontradas en escuelas locales. La única condición es que no usaran apps de retoque habitualmente.

“No quería que tratara sobre lo que la gente hace de forma personal, sino sobre cómo se puede usar la app para cambiarse a uno mismo incluso sin saber mucho acerca de ello”, dijo Rankin.

Cuando vio a las chicas editar sus fotos, se dio cuenta de que parecían hacer las mismas cosas ‒por ejemplo, agrandaban sus ojos y rellenaban sus labios‒, lo cual le pareció que es un reflejo del patrón actual de belleza. Curiosamente, a estas personas realmente no les gustaron las versiones alteradas de sí mismas, pero sintieron que esas imágenes editadas les garantizarían más me gusta en las redes sociales. Aclaró que también fotografió chicos para la serie, pero vio que los cambios eran mucho más drásticos con las chicas.

El objetivo de Rankin para el proyecto no era culpar a apps como FaceTune ni a la gente las creó. En lugar de eso, quería generar conciencia de que esas apps existen y que la gente las usa para alterar sus caras y ajustarlas a un ideal que se ha vuelto muy homogéneo. Habíamos explorado esta idea con anterioridad, poniendo el acento en lo mucho que los influencers de Instagram parecían clones entre sí. Es un fenómeno de la era de las redes sociales en la que estamos viviendo.

“¿Por qué es ese el ideal? ¿Qué hizo que el ideal fuera un tipo de estética homogénea? ¿Y por qué estamos perpetuando esto?”, preguntó. “Cuando crecí, en ese tiempo ser una persona individual era importante. Ahora parece que lo importante es ser lo mismo que otra persona y eso me parece verdaderamente extraño”. 

En su opinión, ser la mejor versión de ti mismo es cuestión de parecerse a ti mismo, no a otra persona. Y poder “cambiar fácilmente el maquillaje de tu cara o el maquillaje en tu cara para que se parezca a otra persona o para que se ajuste a una norma o ideal de belleza parece muy mala forma de acercarse a alguien en tanto ser humano”.

El fotógrafo fijo que jamás espero que el proyecto recibiera tanta atención. Para él, era algo que podía servir para iniciar un debate sobre cómo concebimos las imágenes; dijo que realmente le adora fotografiar imágenes que hagan que la gente se cuestione lo que ve o lo que les entusiasma.

Al ser preguntado sobre si cree que estas apps afectan de forma negativa a la confianza y la autoestima, respondió: “Oh, Dios, sí, un 1 %”.

“Aunque solo añadas un efecto de desenfoque para suavizar la piel, es como si no fueras tú”, dijo. “Cuando te miras en el espejo, no te ves a ti mismo/a”.

Este punto nos trae a la mente otro fenómeno conocido como dismorfia de Snapchat, algo que parece haber surgido de nuestra tendencia a editar y filtrar nuestras fotos. En realidad, la gente utiliza imágenes editadas de sí misma como fuente de inspiración para posibles procedimientos cosméticos. Alguna gente va más allá y dice que los filtros podrían hacernos olvidar nuestro aspecto real, y muchos estudios han demostrado que nuestra actual cultura de las selfies puede conducir a trastornos dismórficos corporales.

La gente joven que usa estas app de retoque en su mayoría no piensan cómo eso podría ser perjudicial en el futuro, dijo Rankin, señalando que les preocupa más cómo salen en las fotos o cuánto le gustan a alguien.

De la forma que estas personas usan estas herramientas de retoque, dice Rankin, la forma artística que es la fotografía está “siendo distorsionada y manipulada para crear unas imágenes que creo que son realmente peligrosas”.

Añadió: “Solo intento que la gente vaya y diga: ‘Ah, ese es un buen punto’. Es importante ser consciente de ello”.

Julia Brucculieri
HuffPost