Cheptegei recupera el trono de los 10.000 metros y Carlos Mayo se luce

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Photo credit: Steph Chambers - Getty Images
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Como los grandes campeones, Joshua Cheptegei sabe aprender de sus errores y con la lección sabida el ugandés de 25 años recuperó en la final matinal de Eugene (Oregon) el trono mundial de los 10.000 metros, la prueba en la que ha corrido más rápido que nadie en la historia (26:11 minutos en 2020 en Valencia), en la que hace un año, en la final olímpica de Tokio, se confió quizá demasiado en sus posibilidades y cedió unos metros letales ante los etíopes que su sexta marcha final no consiguió recuperar ante Selemon Barega.

Los detalles importan cuando no eres Haile Gebrselassie, Kenenisa Bekele o Mo Farah, los últimos tres reyes de las 25 vueltas a los que el vigente campeón mundial de cross quiere emular. Si ellos guardaban en la manga un cambio seco y largo que les permitía celebrar la victoria antes de llegar a la meta, las finales contemporáneas no se resuelven hasta que no se cruza la línea. El podio estuvo en menos de un segundo tras 27 minutos y 27 segundos de estrategia y golpes cruzados: 43 centésimas para Cheptegei, 90 para el keniano Stanley Mburu, 97 para el ugandés Jacob Kiplimo, inseparable compañero de celebraciones del campeón, bronce tras él en Tokio tras cometer el mismo despiste.

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Por delante de los ugandeses, de los kenianos, de los etíopes, corrió casi tres kilómetros, los tres primeros, el aragonés Carlos Mayo, que si sabía que alcanzar los ocho primeros puestos era casi utópico, se propuso mejorar su marca personal, un desafío que se anunció imposible: la prueba se ganó con dos segundos más que sus 27:25 del año pasado porque los africanos no estuvieron interesados en acelerar sino en vigilarse.

Tras una primavera de cambios, de José Luis Mareca a Juan Carlos Galán, de Zaragoza a Barcelona, repitió el mismo 13º puesto de los Juegos Olímpicos con 27:50.61, su tercera marca de siempre, se lució ante el mundo en cabeza y acabó tras el belga Isaac Kimeli (10º) y el francés Jimmy Gressier (11º) como el tercer europeo a poco más de un mes de su gran objetivo, la pelea por las medallas en el viejo continente.

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A Mayo no le ayudó nadie en su propósito de lanzar una carrera rápida. Su determinación dibujó una fila india en las primeras vueltas, que marcaba en 65, 66 y 67 segundos. El campeón de España acabó poniendo el freno y tras 2,7 kilómetros de liebre empezó a mirar para atrás, y aún se hicieron los remolones los ugandeses Stephen Kissa y Joshua Cheptegei, que casi por vergüenza torera tomaron el mando para ralentizar la prueba: si Mayo se disfrazó de cronómetro en los dos primeros kilómetros en 2:45, el ritmo bajó a 2:48, 2:51 y 2:49 después.

Con esos ritmos, aguantaba Mayo entre los cinco mejores primeros, en el grupo de 15 que quedó después, cada vez más atrás, sufriente con los cambios de ritmo, apretando los dientes y haciendo la goma pero aferrado ahí con un sexto kilómetro en 2:43 y un séptimo en 2:45 con las aceleraciones en cabeza de Barega y Kiplimo. Claro que Chepetgei, lo demostró otra vez, no quería eso. Confiaba en su velocidad final como nadie y ralentizó el octavo kilómetro (2:48). La batalla en el penúltimo, cuando siempre empiezan los nervios volvió a pisar el acelerador (2:43), y cuando faltaban 1.300m y los africanos ya rozaban los 23 kilómetros por hora, Mayo se cortó definitivamente.

A falta de dos vueltas, el keniano Mburu seleccionó aún más el grupo y llevó el penúltimo 400m al minuto exacto, aunque ocho acabarían llegando bastante pegados al último hectómetro, pero Cheptegei controló por fuera y se movió con inteligencia para no dejarse comprender. En sus piernas llevaba la mejor arma: un último kilómetro en 2:25 y una última vuelta en 53,42. Barega no sacó a relucir los 53,94s con los que cerró en Tokio, y lideró el naufragio etíope: ni una medalla para el equipo más fuerte. En la recta final, le superó el líder del año, el estadounidense Grant Fisher, hombre de 26:33, y terminó 5º. Por delante ya celebraba y empezaba a relajarse Cheptegei, de nuevo el rey de los 10.000m antes de que lleguen los 5.000m, donde es campeón olímpico.

Brooke Andersen manda con el martillo

Photo credit: Steph Chambers - Getty Images
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En la otra final reservada para la matinal dominical de Eugene, el lanzamiento de martillo coronó como nueva campeona a la estadounidense Brooke Andersen, que dominó con facilidad una final en la que sus tres mejores lanzamientos le habrían dado el oro. Con la victoria asegurada le puso el broche de 78,96m, cerca de su mejor marca mundial del año y con tres metros de ventaja sobre la canadiense Camryn Rogers (75,52m) y la también estadounidense Janee Kassanavoid (74,86m).

El concurso no registró ninguna sorpresa más allá de la eliminación de la polaca Kopron en la calificación y en el que faltaban la más destacada de la historia, la polaca Anita Wlodarczyk, lesionada cuando perseguía a un ladrón y la vigente campeona mundial, la también estadounidense DeAnna Price, enferma con Covid.

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