El engaño de Alcàsser y la entrevista exclusiva a Miguel Ricart

Cine 54
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Una de las experiencias más decepcionantes que puede vivir un televidente sucede cuando se dispone a ver un programa que promete revelaciones, para luego ser puro humo. Eso mismo hizo En el punto de mira el pasado jueves engañando con una publicidad que hablaba de nuevas declaraciones y entrevista exclusiva con Miguel Ricart, el único condenado del caso Alcàsser, y la investigación del paradero del fugitivo Antonio Anglés, para ser solamente una cortina de humo.

De repente, en una noche de 2021 y cuando se cumplieron 27 años del asesinato de las chicas de Alcàsser, el programa de Cuatro nos devolvía a 1993. Pero no solo al remover el caso más impactante de la historia reciente de España, sino también en su forma de subirse al carro explotando el pasado sin desvelar nada.

Fuente: Twitter.com/puntodemira_tv
Fuente: Twitter.com/puntodemira_tv

En el punto de mira había anunciado con bombos y platillos que su nuevo capítulo contaría con una entrevista a Miguel Ricart, con declaraciones impactantes y "sorpresas", removiendo el caso tras el descubrimiento de nuevos huesos. Y al tratarse de un caso tan relevante, con tantas incógnitas y teorías conspiratorias, su visionado se antojaba prácticamente indispensable.

Sin embargo, no desvelaron nada y se quedaron tan campantes. El programa se dedicó a hacer un experimento forense para explicar por qué aparecieron huesos ahora, casi tres décadas después del asesinato, enterrando huesitos y una pata de cordero, volviendo 20 días después a ver los resultados. Vamos... un experimentazo (y va con ironía). Siguieron repasando los errores de la Guardia Civil durante la inspección ocular y el levantamiento de los cadáveres comparándolo con cómo son las intervenciones de este tipo ahora; mientras criticaban diferentes actuaciones durante los primeros días de la investigación que, quizás, de haberse hecho de otra manera podrían haber dado otros resultados. Como por ejemplo, el permiso concedido a Anglès a salir de prisión cuando estaba cumpliendo condena por torturar a una expareja o la decisión policial de no seguir una pista a tiempo.

Jugaron a seguirle la pista a Antonio Anglés solo para hablar con su hermano y madre (se cambiaron el apellido porque dicen haber vivido "un chaparrón" tras el juicio). Dijeron no saber nada de él desde entonces. Incluso la madre dijo estar convencida de que estaba muerto. "Se tiró del barco o se lo comió un tiburón" dijo en relación a la fuga en un barco de carga en Portugal y hacia Irlanda, momento en que se le perdió la pista. Otro punto muerto.

Y luego remataron la faena vendiendo una entrevista exclusiva con Miguel Ricart, el único condenado por el caso que salió de prisión en noviembre de 2013. Eran imágenes inéditas, sí. Pero no eran recientes ni desvelaron nada que no supiéramos.

La entrevista en cuestión resultó ser una grabación hecha el día que Ricart salió de la cárcel, cuando fue perseguido por la prensa en un tren acorralándolo en Linares. La entrevista se filmó por la noche en la calle y al día siguiente en un coche y un parque. Y en ese encuentro, Ricart no hace más que preguntar por su familia y mostrarse desorientado (lo habían perseguido los medios de toda España tras salir de las rejas y estaba solo), pide que lo entiendan, que está "procesando" su salida mientras dice que no es una persona violenta.

Una de las cortinas que vendió Cuatro en las promos del programa es un momento en que dice que ya dijo la verdad pero que nadie lo escuchó. Dicha frase utilizada en un avance promocional fue clave para despertar la curiosidad, haciéndonos creer que habría revelaciones que la continuarían. Pero no. Nada. Ricart repite que no fue el responsable del hecho. Cuenta que sugirió someterse al suero de la verdad y que el hermano de Anglés, con quien coincidió en prisión, se había "acojonado" ante la posibilidad de que desvele nombres. La única revelación diferente fue que dice a la cámara que "El propietatio de la discoteca Colors estaba metido en el ajo", y ahí se quedó la cosa. Pero sin dejar de ser imágenes y declaraciones de hace ocho años.

Luego jugaron a encontrar su paradero, llegando a una casa okupa donde uno de los habitantes dice que Ricart pasó una noche allí, que estuvo con una amiga suya y nada más. Y entre medias, el programa especula los motivos que habrían llevado a Ricart hasta aquel lugar, un supuesto narcopiso de Madrid. Y hasta las especulaciones son leves. Otro punto muerto más.

Es decir, no aportaron nada nuevo. Quitando el análisis forense sobre la presencia de huesos en La Romana décadas más tarde, no desvelaron nada que no supiéramos. Todo lo demás ya fue analizado en infinidad de programas y reportajes dedicados al caso desde 1993, incluso forma parte de la serie documental de Netflix estrenada en 2019.

Es más, fuimos muchos los televidentes que además de sentir una sensación de engaño también vivimos un cierto déjà vu al ver el programa de Cuatro, y por partida doble. Primero porque el repaso del caso no fue más que un remake de algo que ya habíamos visto, una repetición de detalles que conocemos de sobra y que la serie de Netflix repasa a lo largo de cinco episodios.

Y segundo, y lo más importante, porque de repente nos remontó a 1993 y al circo mediático televisivo. Recordemos que este caso marcó un antes y un después en la relación de la televisión española con la criminología. El sensacionalismo y la tertulia incitaron aun más el juicio paralelo social, cuyo veredicto popular es tan o más poderoso que el penal. Y lo que hizo En el punto de mira fue volver al pasado, removerlo y dejarlo así, subiéndose a ese carro que tantos programas condujeron en el pasado de enganchar al espectador con teorías y sin nuevos datos, jugando a la investigación pero sin tener nuevas pistas.

Un chasco de grandes proporciones que el caso Alcàsser, a estas alturas, no merecía.

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Fuente de la imagen: Twitter.com/puntodemira_tv/status; Mediaset