El centro de Londres ya está abarrotado y blindado para el funeral de Isabel II

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Jill y Joe Biden a su llegada a la Abadía de Westminster credit:Bang Showbiz
Jill y Joe Biden a su llegada a la Abadía de Westminster credit:Bang Showbiz

La abadía de Westminster acoge ya a un sinfín de dignatarios extranjeros, como el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, el mandatario francés, Emmanuel Macron, o los reyes de España, así como a todos los primeros ministros británicos que precedieron en el cargo a la actual jefa de gobierno, Liz Truss. El templo anglicano sigue llenándose de ilustres invitados que honrarán la memoria de Isabel II durante un funeral de estado cuyo comienzo está previsto a las once de la mañana, hora local.

En la extensa avenida de Whitehall se dan cita decenas de miles de personas desde primera hora de la mañana. Ahora mismo admiran la comitiva de vehículos oficiales en los que se encuentran los miembros de la familia real, los hijos y nietos de la soberana más longeva en la historia del Reino Unido. En The Mall, el paseo que conecta el palacio de Buckingham con Trafalgar Square, la multitud vitorea al rey Carlos III en su breve desplazamiento en coche hasta Westminster Hall. Tanto el monarca como su hijo mayor y heredero, Guillermo, atravesarán la gran explanada del Horse Guards Parade y recorrerán parte de Whitehall antes de arribar al parlamento.

El presidente de la Cámara de los Comunes, Lindsay Hoyle, dará la bienvenida al soberano y al príncipe de Gales en la entrada del palacio, enfundado en los medievales ropajes ligados a su posición. Ayer domingo, en una entrevista para el programa matinal de la BBC, 'Sunday', Hoyle aseguró con mucha convicción que el sepelio de Isabel II sería el evento más importante de la historia, una hipérbole que le ha llevado a recibir numerosas críticas entre los sectores más izquierdistas del país, pero también entre aquellos británicos más tradicionales que no desean que el acto pierda su carácter solemne y relativamente sobrio.

Sobre las nueve de la mañana, la policía metropolitana cortó radicalmente el acceso a esas zonas del centro de Londres que habían sido habilitadas para que la ciudadanía pudiera vivir con la mayor cercanía posible los actos fúnebres. Todos aquellos londinenses y turistas que quieran seguir el servicio religioso lejos de sus hogares y en el corazón de la capital británica tendrán que dirigirse ahora a Hyde Park para poder despedirse de su reina a través de la pantalla gigante que ha sido instalada para ello.