Celos patológicos, las señales que indican que has cruzado el límite

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Melyssa, Isla de las tentaciones / Telecinco
Melyssa

El celoso no lo es por un motivo: lo es porque lo es. Los celos son un monstruo engendrado y nacido de sí mismo”, fueron las palabras que Shakespeare puso en boca de Emilia para explicarle a Desdémona los celos enfermizos de su pareja, Otelo, quien terminó estrangulándola.

Mucho tiempo ha pasado desde la tragedia shakesperiana y ahora los celos han saltado del teatro a la pequeña pantalla de la mano del reality show la Isla de las Tentaciones. Una de sus concursantes, Melyssa, se ha convertido en el epítome de la devastación emocional que pueden causar los celos, uno de los sentimientos más universales del que nadie está completamente a salvo.

Tras acudir al programa para poner a prueba una relación que ya hacía agua por todas partes, han dejado entrever una dinámica habitual en las parejas marcadas por los celos. Mientras Melyssa se consume en sus inseguridades extremas y celos obsesivos e intenta controlar cada paso de la vida de su pareja, Tom se siente liberado y coquetea sin remordimientos olvidándose de las promesas hechas.

El resultado es explosivo. Las oleadas de sufrimiento e ira que invaden a Melyssa desatan comportamientos impulsivos a través de los cuales intenta recuperar su dignidad y autoestima, solo para perder los últimos resquicios y caer en el pozo sin fondo de los celos y la confianza traicionada que le impiden darse cuenta de una gran verdad: nacemos enteros, no necesitamos una media naranja.

Los celos nacen del miedo a perder a la persona amada

“El celoso ama más, pero quien no lo es ama mejor” - Molière [Foto: Getty Images]
“El celoso ama más, pero quien no lo es ama mejor” - Molière [Foto: Getty Images]

Los celos románticos son una emoción compleja que se activa ante una amenaza real o imaginada a la relación sentimental. Si percibimos que nuestra pareja siente o podría sentir una atracción por alguien que consideramos nuestro rival, es probable que nos sintamos celosos.

De hecho, los celos suelen aparecer en algún momento en la mayoría de las relaciones de pareja puesto que provienen del miedo a perder el amor, el cariño y la atención de la persona que amamos. Ese temor se suele traducir en una preocupación comprensible y racional ante la perspectiva de la pérdida, sobre todo cuando la relación está pasando por un mal momento o notamos un comportamiento demasiado íntimo de nuestra pareja con otra persona.

El psicólogo Bram P. Buunk definió esos celos como reactivos y consideraba que no eran dañinos porque, aunque pueden ser una fuente de desasosiego, en ningún momento nos hacen perder nuestra capacidad para pensar con claridad, no nos empujan a sacar conclusiones precipitadas e irracionales ni nos hacen imaginar situaciones ilusorias amenazantes.

En algunos casos esos celos incluso pueden convertirse en un aliciente para invertir más en la relación, aumentar el grado de compromiso, retomar los detalles románticos, reavivar la pasión y, en definitiva, prestar más atención a nuestra pareja si la habíamos descuidado. Los celos reactivos no conducen a intentos de control y manipulación de la pareja ni provocan un gran malestar en quienes los experimentan.

Sin embargo, los celos que no se controlan pueden tomar derroteros peligrosos.

El calvario de quienes sufren celos patológicos

“Los celos son, de todas las enfermedades del espíritu, aquella a la cual más cosas sirven de alimento y ninguna de remedio” - Michel de Montaigne [Foto: Getty Images]
“Los celos son, de todas las enfermedades del espíritu, aquella a la cual más cosas sirven de alimento y ninguna de remedio” - Michel de Montaigne [Foto: Getty Images]

Cuando los celos románticos no se gestionan adecuadamente pueden crecer de manera desproporcionada hasta llegar a convertirse en patológicos. Los celos patológicos son pensamientos obsesivos e irracionales centrados en la posible infidelidad de la pareja, acompañados por comportamientos extremos que pueden tener graves consecuencias ya que la persona pierde el control.

Quien experimenta unos celos patológicos se obsesiona con la posible infidelidad, hasta el punto que su vida empieza a girar alrededor de ello. Desarrolla una actitud hipervigilante porque tiene una percepción exagerada de las amenazas que pueden romper su relación, hasta el punto que llega a ver prácticamente a todas las personas como un rival que les puede arrebatar a su pareja.

Como resultado, empieza a ver señales de infidelidad por doquier y dedica gran parte de su tiempo a buscar pruebas del engaño. Así terminará interpretando una sonrisa casual o una mirada impersonal como pruebas inequívocas de infidelidad. Como escribiera Shakespeare, “bagatelas tan ligeras como aire son para los celosos, pruebas poderosas como las afirmaciones de la Sagrada Escritura”.

La persona consumida por los celos sufre cambios en su comportamiento, se vuelve más hostil y controladora e incluso puede cometer actos destructivos. Puede dedicarse a vigilar cada uno de los movimientos de su pareja, revisar su móvil y es posible que quiera imponerle reglas absurdas para mantenerle bajo control. También le exigirá constantes muestras de amor y fidelidad, hasta llegar a invadir por completo su espacio vital.

Los celos patológicos se convierten en una doble pesadilla. Consumen a la persona que los experimenta a golpe de miedos, angustias, inseguridades y sospechas. Pero también agobian a la pareja hasta el punto de arrebatarle el oxígeno psicológico.

Los celos ansiosos y posesivos están asociados negativamente con la calidad de la relación”, concluyó un metaanálisis realizado en la Universidad del Norte de Florida, por lo que no es extraño que terminen provocando el final tan temido: la pérdida del ser amado.

El reto de dar espacio cuando se ama

"En contraste con la unión simbiótica, el amor maduro significa la unión a condición de preservar la propia integridad, la propia individualidad" - Erich Fromm [Foto: Getty Images]
"En contraste con la unión simbiótica, el amor maduro significa la unión a condición de preservar la propia integridad, la propia individualidad" - Erich Fromm [Foto: Getty Images]

Para evitar que los celos se conviertan en una reacción patológica es importante comprender su origen. De hecho, los celos patológicos están más relacionados con la necesidad de control, la desconfianza y la inseguridad que con el amor maduro que deberíamos construir.

No es casual que este tipo de celos se hayan relacionado con un estilo de apego ansioso e inseguro y una baja autoestima. En algunos casos esos problemas tienen su origen en la infancia, generalmente en unos padres ausentes emocionalmente que no satisficieron adecuadamente las necesidades de cariño y protección.

En otros casos la inseguridad y la falta de confianza se deben a experiencias de infidelidad pasadas, ya sea de la pareja actual o anterior. No se puede obviar que la infidelidad puede ser una experiencia extremadamente dolorosa que deja heridas emocionales muy profundas y difíciles de sanar.

No obstante, ciertas características de personalidad también aumentan las probabilidades de desarrollar celos patológicos. Las personas con una fuerte necesidad de tener todo bajo control, aquellas propensas a hacer una tormenta en un vaso de agua, las que tienen una baja tolerancia a la incertidumbre y a las que les preocupa mucho su imagen social suelen ser más celosas y posesivas con sus parejas.

De hecho, hay personas que “no se enamoran, se obsesionan. Y, a raíz de ahí vienen esos celos tan fuertes”, como comentara un amigo de la ex pareja de Melyssa. Esas personas particularmente vulnerables suelen desarrollar una relación de dependencia emocional en la que empiezan a orbitar alrededor de su pareja.

Para no caer en el abismo de los celos patológicos, debemos evitar ver la relación de pareja como una posesión. Tenemos que aprender a amar sin poseer y acompañar sin invadir. Eso significa dejar libre al otro para que sea quien quiera ser. Como dijera el poeta y filósofo: “Amaos, pero no convirtáis el amor en una prisión. Es mejor que sea un mar que se mueve entre las orillas de sus almas”.

Para lograrlo, es probable que necesitemos reforzar la confianza en nosotros mismos y aprender a amarnos lo suficiente. No podemos compensar con el amor de la pareja, el amor que no nos damos a nosotros mismos, eso solo servirá para generar un desequilibrio emocional en la relación que se convertirá en terreno fértil para los celos.

Por último, si hemos hecho ese trabajo interior y seguimos sintiéndonos inseguros y celosos de manera crónica con nuestra pareja, es probable que la relación tenga otros problemas que necesitemos solucionar, más allá de los celos.

Una relación de pareja debe ser un bastión de seguridad y confianza emocional, si se convierte en una fuente de inseguridades que nos hace sufrir y nos empuja a convertirnos en una persona de la que no nos sentimos orgullosas, quizá estemos cayendo en el masoquismo emocional y debamos plantearnos la posibilidad de cortar de raíz esa relación tóxica.

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