Cayetana Álvarez de Toledo dispara contra los suyos utilizando a Iglesias

Cayetana Álvarez de Toledo y Pablo Casado, este miércoles en el Congreso.  (Photo: Europa Press News via Getty Images)

¿A quién quería insultar o herir Cayetana Alvarez de Toledo hoy en el Congreso, a Pablo Iglesias y su padre, llamándole terrorista —el periodista de ultraderecha Hermann Tertsch ya fue condenado con 15.000 euros por denunciar la presunta participación de Javier Iglesias en un crimen del FRAP— o a las dos mujeres, exministras de Rajoy, Ana Pastor y Elvira Rodríguez, recuperadas por el equipo de Pablo Casado? ¿O solo quería recordarles a Cuca Gamarra y Teodoro García Egea que ella todavía cuenta y está ahí? Gamarra es vicesecretaria de Política Social, la mujer que más sombra hace a Cayetana en el PP de Casado, y quien el 8 de marzo enmendó la plana a Álvarez de Toledo y asistió a la manifestación, oficialmente, en nombre del partido.

Tampoco lleva muy bien que su adjunto, Guillermo Mariscal, coordinador del grupo parlamentario, haya sido nombrado vicepresidente de la Comisión de Reconstrucción que tantos titulares va a dar en los próximos meses, de la que ella ha quedado fuera y en la que Ana Pastor, una superviviente nata, es la portavoz. “El sitio para lucirse es el Congreso y todos en grupo tenemos claro que Casado le ha cerrado el micro a Cayetana. Se la han quitado de en medio en el último mes”, apunta un diputado que observa desde dentro las maniobras.

La falta de empatía y las maneras que la portavoz ha empleado con sus propios diputados estos meses le están pasando ahora factura. Una morbosa sensación se extiende entre la bancada popular, que está disfrutando en silencio de la mala racha de su ‘jefa’.

Pablo Casado, Teodoro García Egea y Ana Pastor llegando juntos este miércoles al Congreso.  (Photo: Europa Press News via Getty Images)

“No se nos escapa que tiene un importante apoyo mediático externo, del que emanan sus aires de superioridad. Habrá que ver cómo reaccionan ella y su entorno. No hay que olvidar la que le organizaron a Rajoy en 2015. Cuando se enteraron de que no iba a repetir en las listas electorales y Cayetana escribió una carta que se publicó en El Mundo diciendo que no quería formar parte de la candidatura, en la que se delataba nada más empezar asegurando que ignoraba cuáles eran los planes del presidente para las listas electorales. Su pataleta por no ir en las listas fue esa carta”, asegura uno de los dirigentes que lo vivió en ese momento.

Por eso algunos en el partido se preguntan si la marquesa dispara contra los suyos o contra Iglesias. Y más de uno cree vislumbrar los pasos de una estrategia similar a la que se llevó a cabo contra Rajoy. Cunden los rumores y la alarma entre los medios. Y ella lo sufre.

Álvarez de Toledo pone especial cuidado en sus apariciones, en la imagen que transmite a las cámaras, a los medios, a los periodistas.

El hecho de hoy es que en un momento en que los “cayetanos” han puesto de moda su nombre como marca de una clase social sobrada de todo, Cayetana Álvarez de Toledo y Peralta-Ramos (Madrid, 15 de octubre de 1974), XIII marquesa de Casa Fuerte, no luce fuerte, contenta, ni mucho menos educada pese a su trabajada pátina de nariz elevada por encima del bien y del mal.

La barbaridad espetada a Pablo Iglesias en el Congreso de los Diputados —“usted es el hijo de un terrorista”—, tirando de archivo y de la militancia de Javier Iglesias en uno de los grupos terroristas del franquismo, el FRAP, o solo demuestra la falta de conocimiento de Álvarez de Toledo de la historia del final del régimen dictatorial (ella es historiadora) o, por el contrario, su mala intención.

Si se recuperara el nombre de los políticos españoles que militaron en organizaciones como el GRAPO, el FRAP, ETA poli-mili, la misma ETA y que luego ejercieron como auténticos demócratas y ayudaron a asentar la democracia, el personal de menos de 50 años se llevaría enormes sorpresas. Es como los ultras de Blas Piñar con Paracuellos y Santiago Carrillo, frente a la derecha de la reconciliación, empezando por Adolfo Suárez, como recordaba esta mañana un exdiputado del PP.

Cayetana Álvarez de Toledo, durante la sesión de control al Gobierno. (Photo: Europa Press News via Getty Images)

En el caso de la marquesa de Casa Fuerte, dada su formación académica de la que ella hace gala siempre que puede, sólo cabe pensar en las ganas de hacer sangrar heridas y recuperar el papel protagonista que pierde en el PP. Desde que en la entrevista en ABC dijo aquello de que había que presentar una moción de confianza a Sánchez —un bombazo en su partido, sabiendo que la perderían— y otras gracias, la frase de “es que ella va por libre” con que sus compañeros la disculpan o tapan se va cayendo por el camino.

A los recelos con Teodoro García Egea por la influencia sobre Pablo Casado, las tensiones con Cuca Gamarra, las salidas de pata de banco que hasta ahora se pretendían consensuadas para cubrir el flanco de las burradas de Vox, ahora se suma la llegada de las citadas Ana Pastor y Elvira Rodríguez, dos de los pesos pesados de Rajoy, que jugarán un papel clave en la Comisión de la Reconstrucción, alejadas de los histrionismos de Vox y la ultraderecha que tanto le ponen a Cayetana.

Este miércoles, cuando los susurros sobre las ausencias de la portavoz parlamentaria del PP eran cada vez más evidentes, Casado ha llegado al Congreso con Pastor y sin Cayetana. Álvarez de Toledo pone especial cuidado en sus apariciones, en la imagen que transmite a las cámaras, a los medios, a los periodistas.

Sus hooligans reaparecerán en breve, esta misma tarde o noche. 

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