Escapó de su captor tras 7 años secuestrado pero lo que vino después nadie se lo imaginaba

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Quizás no te suene su nombre pero Steven Stayner fue el protagonista de uno de los casos más sonados en los Estados Unidos de la década de los 70s. Secuestrado cuando era un niño de 7 años, vivió hasta los 14 con su captor obligado a hacerse pasar por su hijo, manipulado hasta creer que sus padres lo habían regalado a este hombre que abusó de él durante todo ese tiempo. Iba al colegio con otro nombre, hizo amigos en los diferentes pueblos donde vivieron y aunque tenía absoluta libertad de movimiento, nunca se atrevió a pedir ayuda.

Pero un día decidió escapar. Su captor había secuestrado a otro niño y Steven no podía soportar la idea de que viviera lo mismo. Y así reapareció, siendo un adolescente diferente a la imagen que sus padres vieron por última vez. Volvió cargando la mochila de todo el trauma sin imaginar jamás lo que viviría a continuación.

(Original Caption) Timmy White, 5, who disappeared on Valentine's Day, sits on the lap of Steven Stayner, 14 and tries to blow a balloon up during press conference. Stayner disappeared seven years ago and told the press that he took Timmy from their captor's home because
(Original Caption) Timmy White, 5, who disappeared on Valentine's Day, sits on the lap of Steven Stayner, 14 and tries to blow a balloon up during press conference. Stayner disappeared seven years ago and told the press that he took Timmy from their captor's home because "I didn't like what was happening." Police arrested Kenneth E. Parnell on kidnapping charges.

La historia ha vuelto a cobrar relevancia gracias a una serie que jamás imaginaríamos encontrar en una plataforma como Disney+. Acostumbrados a asociar la crónica negra con las series y documentales de Netflix, la compañía del ratón no solo se lanza a hacer la competencia sino que además triunfa con una de las opciones más fascinantes del ‘true crime’ en lo que llevamos de año. Cautivando a la audiencia: una historia de terror está dividida en tres episodios que repasan el caso a través de un análisis punzante y crítico sobre el trato de los medios, sensacionalizando la tragedia sin miramiento alguno hacia la víctima, exponiendo una forma de proceder sin escrúpulos que vistos con ojos modernos provocan rechazo absoluto.

Es cierto que por momentos recuerda al repaso crítico que también hizo El caso Alcàsser, el documental de Netflix estrenado en 2019 que repasaba la lucha de audiencias que se vivió en la televisión española exprimiendo aquel crimen terrible a través de los programas de Nieves Herrero y Paco Lobatón. Incluso con entrevistas a los familiares el mismo día del hallazgo de los cuerpos. Sin embargo, estamos ante propuestas muy diferentes. No solo por la historia, sino por su ejecución narrativa. Porque además de recurrir a entrevistas actuales con los familiares e imágenes de archivo, la serie de Disney+ se apoya en la propia serie que la televisión estadounidense hizo sobre el caso en 1989. Una serie en la que Stayner participó y fue todo un éxito de audiencias, pero volvió a remover el pasado colocándolo de nuevo en la palestra mediática.

Corrían los años 70 y por entonces la inseguridad no se vivía con el miedo de ahora. La gente dejaba las puertas de sus casas abiertas y los niños volvían solos del colegio. La posibilidad de que les pasara algo como un secuestro no entraba en la cotidianidad de su familia. Sin embargo, la realidad dio un vuelco a sus vidas cuando Steve fue secuestrado mientras volvía del colegio el 4 de diciembre de 1972. Era el tercero de cinco hermanos y sus padres movieron cielo y tierra para encontrarlo. Alertaron a la policía y los medios, pidiendo ayuda a lo largo de los años por mucho que la prensa dejara morir la historia ante la falta de indicios.

Lo había secuestrado un hombre llamado Kenneth Parnell con ayuda de su compañero de trabajo Ervin Murphy. Este último se hizo pasar por sacerdote, preguntando al niño si su madre estaba interesada en hacer donaciones a la iglesia. La inocencia del pequeño le llevó a creerles y aceptó que lo llevaran en coche hasta su casa para preguntarle, sin saber que seguirían conduciendo hasta una cabaña remota. Los días pasaron y Parnell le cambió el nombre llamándolo ‘Dennis’, haciéndole creer que sus padres le habían otorgado la custodia legal porque ya no podían mantenerlo económicamente. Fue en esos primeros días que el secuestrador comenzó a abusar sexualmente de él.

Los años fueron pasando, mudándose con frecuencia, haciéndose pasar por padre e hijo. Steven incluso fue al colegio e hizo amigos en varias ocasiones, tenía libertad de movimiento y pasaba tiempo a solas. Tuvo oportunidades de pedir ayuda pero nunca no lo hizo porque, sencillamente, no sabía cómo. Parnell había intentado en varias ocasiones secuestrar a otros con ayuda de Steven, pero él siempre frustraba sus intentos adrede. Sin embargo, el 14 de febrero de 1980, Timmy White fue secuestrado con 5 años y semanas más tarde, el 1 de marzo, Steven huyó aprovechando que estaban solos. Hicieron autostop hasta llegar a una estación de policía.

Había huido de los abusos y su captor, de una vida sin identidad y recuerdos de una existencia previa que casi no recordaba. Cuando llegó a la policía solo sabía que se llamaba Steven, pero su caso había sido tan sonado que no tardaron en identificarlo. Sin embargo, lo que vivió a continuación resulta injusto y estremecedor cuando lo vemos en la serie documental. Se convirtió en carne de información mediática en una época de sensacionalismo que no respondía a los mínimos códigos de ética y profesionalidad.

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Resulta impactante ver que los canales de televisión tuvieron acceso a entrevistarlo en la propia estación de policía, antes de siquiera reencontrarse con sus padres. Le hicieron todo tipo de preguntas sobre el secuestro, exprimiendo la noticia y no velando por la víctima, en lugar de estar siendo atendido por psiquiatras y protegido de cualquier exposición externa. Hasta los padres fueron entrevistados antes de reunirse con él, cuando llevaban siete años buscándolo. Personalmente me costaba dar crédito a la normalidad que reflejan las imágenes, pero que en definitiva demuestran la alegría que las víctimas estaban compartiendo sin imaginar que estaban invitando el acceso de un monstruo mediático a la vida de Steven.

El reencuentro fue captado por los medios con cámaras preparadas en las puertas de la casa familiar. No se perdieron ningún detalle, desde la llegada de Steven hasta el abrazo con cada miembro. Y entonces los padres dijeron basta, que querían estar a solas con ese hijo al que ya casi no reconocían. Pero ya era tarde. La voracidad informativa se había desatado con camarógrafos y fotógrafos trepándose a los techos de la casa, sacando fotos por las ventanas.

Steven no tuvo más remedio que salir a hablar con los medios inamovibles al día siguiente de haber regresado. Solo podemos imaginar lo que pasaría por su mente en ese momento. Habiendo escapado de su captor y regresado a una familia que no recordaba claramente, comenzando a procesar el trauma mientras guardaba en sus adentros los abusos vividos. Porque ese detalle no lo compartió hasta pasado un tiempo. No dijo a la policía ni a sus padres que había sufrido abusos sexuales por vergüenza. Y ahí lo vemos, confundido y aturdido, atendiendo a la prensa. Incluso siendo acosado en su escuela y entrevistado sin supervisión adulta por medios que se colaban en el instituto.

Los detalles de su historia se hicieron tan públicos, con preguntas explícitamente incómodas en entrevistas televisadas, que todos a su alrededor sabían los detalles. Por eso sufrió bullying en el colegio, con niños llamándolo ‘marica’ y otras barbaridades. Comenzó a beber alcohol y fumar marihuana, evadiéndose de la realidad durante los años siguientes, metiéndose en problemas con la ley y dando más de un quebradero de cabeza a sus padres. Resulta tristemente impactante imaginar el trauma y recuerdos que cargaría por dentro, y que no procesó hasta pasado mucho tiempo. Porque esa es otra. Por más que le sugerían que hiciera terapia, su padre se negó diciendo que no le hacía falta. Vivió todo aquello a solas pero con todo un país conociendo cada detalle superficial de su trauma. Incluso cuando el juicio no sentenció a Parnell por los abusos sexuales y apenas le hizo servir una injusta condena de 20 meses debido a las limitaciones y leyes del estado tras haber sido sentenciado previamente a cumplir 7 años por el secuestro de Timmy.

Toda esa injusticia y todo ese dolor expuesto como circo mediático de su país.

Steven se casó, tuvo dos hijos y cuando tenía 23 años Hollywood tocó a su puerta. Querían contar su historia y como necesitaba el dinero, aceptó. I know my first name is Steven se dividió en dos partes y fue todo un éxito de audiencias con casi 40 millones de espectadores, siendo la miniserie de NBC más vista en cinco años. Y aunque la película derivó la historia por derroteros dramáticos, exagerando algunos detalles y cambiando otros -algo que a Steven no le hizo mucha gracia- él terminó viviendo el interés mediático renovado como su propia terapia.

Él mismo contó en entrevistas que hacer promoción para la serie y compartir todos los detalles de lo vivido abiertamente, ya desde una perspectiva adulta, le sirvieron de sanación. Incluso interpretó a un policía en la escena en que su personaje se reencuentra con sus padres.

Su historia no tuvo un final feliz con un accidente de tráfico poco después del estreno de la serie, pero Cautivando a la audiencia: una historia de terror se guarda un as bajo la manga, sorprendiendo en su ejercicio narrativo con un vuelco inesperado de los hechos en el tercer capítulo.

Otro crimen que volvió a colocar a la misma familia en el centro mediático de la noticia, pero desde el lado más siniestro y oscuro. Pero esto dejaré que lo descubran viendo la serie y viviendo el mismo impacto que viví en mis propias carnes al no descubrir la historia. En resumen, Cautivando a la audiencia: una historia de terror impacta y remueve con el análisis crítico de la practica informativa de entonces, donde las víctimas eran meros accesorios de consumo masivo, elevándose así como una de las apuestas del true crime más recomendables del momento.

Dirigida por una conocedora del género como Jessica Dimmock, directora de un episodio de Misterios sin resolver de Netflix, y bajo la produccion ejecutiva de los hermanos Russo (Vengadores: Endgame), Cautivando a la audiencia: una historia de terror es una produccion de Hulu, y está disponible en Disney+.

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