Cataluña, cinco años después del 1-0: las cicatrices de una sociedad en constante ruptura

Dos catalanes portan una estelada (Photo: PAU BARRENA via Getty Images)
Dos catalanes portan una estelada (Photo: PAU BARRENA via Getty Images)

Dos catalanes portan una estelada (Photo: PAU BARRENA via Getty Images)

“Yo sigo viendo una sociedad fracturada”. Roger tiene 30 años, es publicista y desde hace siete años vive en Barcelona. Nació en Santa Coloma de Gramanet, uno de los municipios con menor penetración del independentismo en Cataluña. En las elecciones de 2021, el 74,3% de los votantes de su ciudad apoyó a partidos no secesionistas. Él no se considera ‘indepe’, pero en su grupo de amigos la mayoría sueña con una ‘Catalunya Lliure’. “No son de llevar la estelada colgada al cuello ni están todo el día con la matraca, pero tienen claro lo que votarían en el caso de que se celebrara un referéndum”, asegura a El HuffPost. Para ellos, la política es un tema residual en sus conversaciones y no les afecta en su día a día. “Pero cuando alguna vez hablamos del tema, corremos el riesgo de que salten chispas”, dice.

Cinco años después del famoso 1-O, el día que la Generalitat celebró un referéndum ilegal que derivó después en una declaración unilateral de independencia, las cicatrices del amago concebido como el momento fundacional de la “república catalana” siguen presentes en la sociedad.

La ‘causa independentista’ sigue copando la agenda política catalana, sólo interrumpida por la emergencia sanitaria derivada de la pandemia del coronavirus. Las esteladas se mantienen colgadas en muchos balcones, los grafitis con los lazos amarillos no se han borrado y la lengua se ha convertido en estos últimos meses en arma arrojadiza en la pugna entre Generalitat y Estado con la sentencia que obliga a dar el 25% de las clases en castellano. La última ‘desobediencia’ en una guerra de gestos que los catalanes ya asumen como una situación normal.

Un grupo de ciudadanos catalanes entrega flores a la Policía mientras intentan votar en el 1-0 (Photo: David Ramos via Getty Images)
Un grupo de ciudadanos catalanes entrega flores a la Policía mientras intentan votar en el 1-0 (Photo: David Ramos via Getty Images)

Un grupo de ciudadanos catalanes entrega flores a la Policía mientras intentan votar en el 1-0 (Photo: David Ramos via Getty Images)

16 puntos menos de apoyo a la independencia

En todo caso, el quinto aniversario del 1-O pilla al independentismo en horas bajas. Tras el desafío al Estado y la posterior condena a los dirigentes del procés (además de la huida del ‘president’ Puigdemont), las cifras hablan de un menor apoyo a la ruptura. El respaldo a la independencia de Cataluña ha alcanzado este mes de septiembre el nivel más bajo de todo el procés. Según el Centre d’Estudis d’Opinió de la Generalitat (CEO) - el CIS catalán - el “no” a la independencia gana por once puntos al “sí”. En concreto, el 52,2% apuesta por seguir formando parte de España frente al 40,9% que busca la ruptura. Son casi 16 puntos menos que en su momento de mayor popularidad, en octubre de 2012 tras la primera Diada masiva, cuando el 56% reclamó la independencia.

La manifestación del pasado 11 de septiembre mostró la desmotivación evidente entre el independentismo. Frente a otros años de gran algarada y multitudes, la Diada de 2022 sólo sumó 150.000 manifestantes, según la Policía Local de Barcelona (los organizadores hablaron de 700.000).

Además, en las últimas elecciones de 2021 (celebradas en pandemia, cabe recordar), el independentismo –ERC, Junts y la CUP– logró 1,3 millones de votos frente al 1,7 millones de 2012, diez años atrás, de Convergència i Unió, los republicanos y los antisistema. La desmovilización fue justo el motivo.

La Guardia Civil intenta acceder a uno de los 'colegios electorales' en el 1-O (Photo: LLUIS GENE via Getty Images)
La Guardia Civil intenta acceder a uno de los 'colegios electorales' en el 1-O (Photo: LLUIS GENE via Getty Images)

La Guardia Civil intenta acceder a uno de los 'colegios electorales' en el 1-O (Photo: LLUIS GENE via Getty Images)

“Puede parecer que el independentismo está muerto, pero sólo lo han narcotizado por estrategia”, opina Luis. Este jubilado de 70 años, natural de Barcelona, cree que los partidos secesionistas sólo intentan ganar tiempo. “Las consecuencias del 1-O fueron muy duras y no se puede estar incendiando las calles todos los días. Pero siguen adoctrinando en las escuelas y ya se habla de otro referéndum. Es normal porque ERC y Junts no saben gestionar, sólo hablar de independencia”, asegura el hombre, votante confeso de Ciudadanos.

ERC, Junts y la CUP reclaman desde hace meses reconstruir el consenso por la independencia, pero con poca convicción y mucha desconfianza entre ellos. De hecho, Aragonès alcanza este 1-O con la reciente destitución de su vicepresidente, la amenaza de una cuestión de confianza y el Gobierno al borde de la ruptura. “Hace falta que aparezcan nuevos liderazgos”, dice un inhabilitado Torra mientras sostiene, a su vez, que la cacareada mesa de diálogo con Madrid no sirve de nada. “No hay voluntad de ir hacia la independencia”, dice.

Plantas envenenadas y esteladas en los muros de tu casa

La tensa calma es la melodía que no deja de resonar en el relato independentista. “Ahora se están matando entre ellos por decidir si se acelera más o se acelera menos la sedición. Pero que nadie se engañe, todo sigue igual que hace cinco años”, explica a El HuffPost Elda Mata, presidenta de Societat Civil Catalana. La organización, creada en 2014, se autodefine como “un grupo de catalanes invisibles para nuestros gobernantes (...) que promueven los vínculos que nos unen con el resto de España”. Funcionan como contrapeso a Ómnium y la Asamblea Nacional Catalana, promotoras de las principales acciones mediáticas a favor del independentismo.

En su recuerdo está la gran manifestación que celebraron el 8 de octubre de aquel año como respuesta al referéndum ilegal. “Ese día demostramos que somos muchos los catalanes que no estamos de acuerdo con esta deriva independentista y ejercimos nuestro derecho a manifestarnos como ciudadanos soberanos”, explica. Ella estuvo presente en esa concentración junto a un millón de personas más.

Manifestación del 8 de octubre como respuesta al 1-O (Photo: AFP Contributor via Getty Images)
Manifestación del 8 de octubre como respuesta al 1-O (Photo: AFP Contributor via Getty Images)

Manifestación del 8 de octubre como respuesta al 1-O (Photo: AFP Contributor via Getty Images)

Con el depósito lleno por si había que huir a Francia

Elda, que vive en un pequeño pueblo de Girona, admite haber sido víctima de la hostilidad de algunos de sus vecinos. “En la calle me han llamado la atención por hablar en español, han envenenado plantas de mi casa y han pintado esteladas en los muros de mi casa. Y todo con total impunidad, claro”, cuenta.

Sin embargo, no han conseguido amedrentarla. “Hemos sacrificado muchas cosas en nuestra vida personal, pero creo que tenemos que defender a aquellos que no pueden hacerlo porque tienen miedo a perder su trabajo o temen que les insulten y les digan facha, cuando los nacionalismo son el mejor ejemplo de lo que es el fascismo”, subraya.

Elda recuerda que aquel 1-0 ella tenía el coche con el depósito lleno y dos cajas con todo lo necesario para salir de Cataluña. “Por si teníamos que irnos apresuradamente a Francia y volver a entrar a España por donde se pudiera”, cuenta. ¿Pero teme de que haya un nuevo intento de referéndum ilegal?

La presidenta de Societat Civil no tiene duda de que el independentismo volverá a intentarlo. “La Generalitat sigue teniendo el poder de los medios, las subvenciones, el control en las escuelas, la cultura… No ha cambiado nada en estos últimos cinco años. Parece que la situación es de más calma, pero debajo de ella encontramos una herida mal suturada. Sigue la misma infección que había antes. Y es una infección que se contagia. Ellos mismos lo dicen: ‘Ho tornarem a fer’”.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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