'La Casa del Dragón', o cómo HBO traicionó su esencia

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Photo credit: HBO
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Hubo una época en la que los ejecutivos de HBO no estaban del todo contentos con la calidad de ‘Sexo en Nueva York’. En sus primeras temporadas les parecía que explicaba demasiado los chistes, que era demasiado blanca y accesible. Esta era la cadena de ‘El show de Larry Sanders’ y ‘Oz’, del prestigio, la diferencia y el riesgo. Un día el creador Darren Star se acercó al CEO, Jeff Bewkes, y le comunicó con alegría que la audiencia de la serie estaba subiendo. La respuesta de Bewkes no la habría dado ningún otro presidente de cadena, ni entonces ni ahora:“Si no le bajas un tercio de audiencia, voy a cancelar esta puta serie. No quiero audiencia. Quiero una serie mejor”.

Esa anécdota, contada en el libro ‘Tinderbox’ de James Andrew Miller, resume muy bien la filosofía que HBO aplicó durante sus años más gloriosos. “Tuve una visión para HBO desde el primer día”, explicó uno de los padres fundadores de la cadena, Michael Fuchs: “provocadora, irreverente, divertida, no convencional, polémica, arriesgada…”. Ninguno de esos adjetivos se puede aplicar a ‘La Casa del Dragón’. La precuela de ‘Juego de Tronos’, actualmente en emisión, es la primera serie de HBO que nace con el propósito puramente comercial de capitalizar el éxito de una propiedad intelectual.

Y lo hace sin esconderse. La historia, ambientada un par de siglos antes que la serie de David Benioff y D.B. Weiss, ocurre en los mismos escenarios, nos presenta a los antepasados de la querida Daenerys Targaryen y cuenta una nueva (o vieja, más bien) lucha por el Trono de Hierro. El estilo y el código son exactamente los mismos, algo de lo que la cadena se aseguró contratando como co-showrunner a Miguel Sapochnik, director de algunos de los episodios más celebrados de ‘Juego de Tronos’. Incluso la cabecera, una variación del concepto de la original, lleva la misma canción. ¿Puede haber una forma más obvia de dejar claro que lo que estamos viendo es poco menos que una extensión de la misma serie?

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Bueno, ¿y quién puede culpar a HBO por querer exprimir el fenómeno más grande de su historia? Aún con ‘Juego de Tronos’ en emisión, la cadena se lanzó a una carrera por sacar adelante uno o varios productos en el mismo universo de George R.R. Martin. De los varios proyectos en desarrollo, primero optaron por una serie que se tituló preventivamente ‘Bloodmoon’. Escrita por Jane Goldman, iba a estar ambientada ocho milenios antes de la era de Jon Nieve e iba a mostrar lo ocurrido durante la Larga Noche. “El deseo de HBO era no solo ofrecer una secuela que fuera sobre la guerra por el trono. Querían hacer algo tan completamente distinto que volara las cabezas de todos”, ha contado Ryan Condal, el co-creador de ‘La Casa del Dragón’. Se llegó a rodar un piloto de ‘Bloodmoon’ que costó entre 30 y 35 millones de dólares, protagonizado por Naomi Watts.

“‘Bloodmoon’ llamaba la atención por su diferencia, y su universo único. Su tono era muy adulto, sofisticado e inteligente, y tenía en su interior una conversación temática sobre la privación de derechos en el contexto del colonialismo y el extremismo religioso”, dijo sobre ella la jefa de series dramáticas de HBO, Francesca Orsi. ¿Por qué no siguió adelante la producción, entonces? Por un lado, Martin no estaba del todo satisfecho con el guion, lo que puso nerviosos a los ejecutivos de la cadena. Por otra parte, no estaban del todo seguros del resultado. “Necesitaba más inventiva; era un riesgo más alto que podría haber tenido una recompensa más alta”, ha explicado el jefe de contenido Casey Bloys. “No es que tuviera nada escandalosamente mal”. El caso es que el proyecto fue cancelado y el piloto se ha guardado bajo llave para que no lo vea ni siquiera el autor de las novelas.

En el pasado, HBO probablemente habría apostado más por ‘Bloodmoon’. No hay que irse más lejos que al piloto de ‘Juego de Tronos’, un desastre descomunal que tuvo que volver a grabarse sustituyendo a algunos actores. Pero los ejecutivos creían en un proyecto que, en aquel momento, era transgresor. Era una ambiciosa serie de fantasía medieval que tenía todo lo que HBO le pedía a sus ficciones: subversión de las reglas de un género algo manido, violencia, sexo y giros de guion inesperadamente sádicos.

Con ese espíritu nació la primera serie de drama de HBO. ‘Oz’ se creó a finales de los 90 con la idea de que fuera como nada visto antes en televisión, el mismo motor que hubo después detrás de series como ‘Los Soprano’ y ‘The Wire’. Su creador, Tom Fontana, solo había trabajado antes en cadenas generalistas, y a los ejecutivos de HBO les costó convencerle de que querían una serie que traspasara todos los límites. Estuvieron más de un año desarrollándola, pacientemente, con la colaboración de la ejecutiva Anne Thomopoulos, que le daba notas a Fontana como: “No, tiene que ser más descarnado. Tiene que ser más duro. Tiene que dar más miedo’”.

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El por aquel entonces presidente de programación original de la cadena, Chris Albrecht, le dijo esto al creador de ‘Oz’: “No me importan los datos de audiencia. Solo quiero que haya artículos en páginas en las que no se habla de televisión. Si escriben una pieza de opinión, seré el hombre más feliz del mundo”. Volviendo a ‘Sexo en Nueva York’, cuando el guionista Michael Patrick King se lamentó de que la serie no ganara Emmys en sus primeras dos temporadas, Bewkes le respondió sonriente: “Bien, bien. No quieres esa aceptación. Quieres ser el rebelde”. Ni audiencia ni premios: a HBO le importaba más dar una imagen determinada a la industria y al público, y para ello arriesgó una y otra vez, a menudo con resultados impresionantes. La idea era hacer algo tan distinto y tan bueno que, por ello, acabara llamando la atención del público.

'La Casa del Dragón', la opción "obvia y predecible"

‘La Casa del Dragón’ es relativamente buena, pero desde luego no es distinta. Es una serie diseñada para tener audiencia, ganar premios y no enfadar a nadie. El sexo explícito y la violencia misógina, tan criticados en ‘Juego de Tronos’, han sido reducidos al máximo. El reparto es más diverso y el empoderamiento de los personajes femeninos está más subrayado, siguiendo con lo que los tiempos demandan. Todo ello puede ser más o menos comprensible, incluso loable en algunos casos, y el resultado no es ni mucho menos catastrófico. Pero lo lamentable es que HBO haya traicionado el espíritu que formó su marca. “Al principio HBO estaba en plan: ‘¿Cómo podemos subvertir ‘Juego de Tronos’?’. La Danza de los Dragones parecía una precuela obvia y predecible”, dijo Sapochnik, curiosamente llamando “obvia y predecible” a la serie que él mismo ha ayudado a desarrollar. “Creo que no les gustaba mucho la idea porque decían: ‘¿Quién quiere ver más ‘Juego de Tronos’?’. Y lo irónico, claro, es que: mucha gente”. Como no podía ser de otra manera, el primer episodio de ‘La Casa del Dragón’ fue el estreno más visto de la larga historia de la cadena.

Ya no estamos en los años 90, ni en los 2000, y la cadena responde a otras exigencias. HBO ha pasado de ser la niña bonita del conglomerado Time Warner a formar parte de una compañía de telecomunicaciones, AT&T. Y en ese contexto, la industria ha vivido un cambio de paradigma impulsado por el auge del streaming y la incontinencia productiva de Netflix, que valora más la cantidad que la calidad. En sus mejores tiempos, HBO iba en contra del paradigma, pero hoy en día no se lo puede permitir. Con el nacimiento de HBO Max, la compañía necesitaba un título potente como ‘La Casa del Dragón’ que diera más atractivo a su servicio de streaming. Así que optaron por el proyecto más fácil, cómodo, comercial y rápido de producir (al fin y al cabo, recicla gran parte del arte conceptual de la original).

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Y puede que se avecinen tiempos peores tras la reciente fusión de WarnerMedia y Discovery. El CEO de la compañía, David Zaslav, es conocido por preferir apostar por reality shows y contenido de estilo de vida, ya que son menos arriesgados que la ficción. ¿Dejará el nuevo jefe que HBO funcione como lo hizo en el pasado, o impondrá su filosofía, diametralmente opuesta a la de la cadena? Mientras tanto, no es que HBO esté en un mal momento. Si ‘La Casa del Dragón’ es un éxito comercial, y si mantiene un nivel mínimo en su calidad a pesar de ser un calco de ‘Juego de Tronos’, habrá sido un buen paso empresarial. Y otras series mucho mejores siguen llevando adelante los principios fundacionales de la cadena, como ‘Succession’, ‘Euphoria’, ‘Los Ensayos’ y ‘How To with John Wilson’.

Pero la idea de expandir el universo de George R.R. Martin en una infinidad de títulos, como un spin-off sobre Jon Nieve protagonizado por Kit Harington, acerca a HBO a la filosofía con la que Disney está explotando las marcas de Marvel y ‘Star Wars’ para Disney+. Alejándose de lo que siempre la hizo única y, en muchos casos, mejor. Más de una década después del estreno de ‘Juego de Tronos’, y tras series como ‘Vikingos’ y ‘The Witcher’, su universo ya no es transgresor ni novedoso. Con ‘La Casa del Dragón’, HBO está surfeando la ola; en el pasado, se dedicaba a crearlas.