Carolina Marín reina por 6ª vez en el bádminton europeo 11 meses después de romperse la rodilla

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Photo credit: Eurasia Sport Images - Getty Images
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A sus 28 años, Carolina Marín se colgó este sábado en la pista del Polideportivo Gallur de Madrid su sexta medalla de oro en un Campeonato de Europa de Bádminton. La sexta, sí, todo una rutina de éxito, pero especial como pocas. Era tanta la alegría, que celebrándolo con su equipo en la zona mixta rompió la medalla. Hace 11 meses, la onubense se quebró la rodilla izquierda cuando aceleraba su preparación para los Juegos Olímpicos de Tokio: rotura del ligamento cruzado y del menisco interno y externo. La rabia fue infinita, y abrió un camino de superación que cosechó su primera alegría este sábado en la capital.

Después de convertirse en la primera jugadora no asiática en ganar el oro olímpico (2016), de tres títulos mundiales (2014, 2015 y 2018) y habiendo liderado el ranking universal del bádminton individual, su figura, camino a la cima histórica de este deporte, se antoja demasiado gigante para el Europeo: entre las 20 primeras de la lista mundial ahora mismo solo tres son del viejo continente.

Por eso, desde que irrumpió en monstruo deportivo en 2014, sus participaciones en el torneo continental se cuentan por victoria: 2014, 2015, 2017, 2018 y 2021. En su ruta, solo perdió un set en la final de 2014, en la primera ronda de 2015 y en los cuartos de final de este año. Marín debutó el martes ante la checa Tomalova (21-10 y 21-6), ganó el miércoles a la ucraniana Ulitina (21-7 y 21-8), sufrió el jueves con la danesa Kjaersfeldt (21-11, 14-21 y 21-17), aceleró el viernes en la semifinal con la turca Yigit (21-14 y 21-13) y para la final se enfrentó a una vieja conocida, tercera de la clasificación europea, la escocesa Kirsty Gilmour, a quién ya derrotó en el partido por el oro en 2016 y 2017.

Photo credit: Eurasia Sport Images - Getty Images
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En la última pelea, Marín tampoco sufrió apreturas. Dominó con autoridad y sometió a Gilmour 21-12 y 21-12 en apenas 41 minutos, se tiró al suelo a creérselo y se fue a regalarle el volante y la raqueta a la afición. Como en las semifinales, las lágrimas de emoción y el abrazo largo con su entrenador ("siempre nos decimos 'gracias', eso significa mucho") hablaban de que este no era un título más. "Si hace un año me decían que iba a volver a jugar y a ganar en un Europeo aquí en Madrid, no me lo creería. Para mi el oro era volver a competir", ha repetido toda la semana. "Cuando una se lesiona, nunca sabe si va a poder volver, mucho menos a ser competitiva", reflexiona. "Y aquí me he olvidado de la rodilla, en ningún momento he pensado en ella".

Tres años horribles para Carolina Marín

Marín ya se rompió el ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha, en enero de 2019. Regresó, ganó y la vida le dio más palos. La muerte de su padre y, en mayo del año pasado, la otra pierna. Ha sido una lesión bastante más complicada y dura de soportar mentalmente. Primero, asumir que se acababan los Juegos; después, disfrutar del verano con amigos como nunca puede, y en otoño, otro bajón: un quiste en el menisco operado retrasaba su recuperación. En diciembre no pudo jugar el Mundial de Huelva, organizado para ella, en un pabellón que lleva su nombre. Después, llegó el contagio de Covid-19 y sus protocolos obstaculizaron y retrasaron los entrenamientos.

Ese laberinto de inconvenientes obligó a entrenar la paciencia, pero no rebajó la exigencia. En los cuartos de final del jueves, tras el partido complicado con la danesa de tres sets, llegó una charla dura con su entrenador. "No me han dicho palabras bonitas, ha sido muy reflexivo, pero gracias a eso he ganado confianza y tanto el partido de ayer como la final han salido bordados, tanto el plan de juego, como mi control emocional y mi disfrute en la pista", cuenta Marín.

"Hemos intentado sacar las cosas buenas de cada partido para hacer una especie de puzzle y sacar la mejor Carolina en la final y ha hecho exactamente lo que habíamos entrenado. Ha sabido contener el ataque de Gilmour, hacerla sentir insegura, darle el ataque para contraatacarla. Ha sido una masterclass de Caro", celebra Fernando Rivas, el hombre que guía sus pasos desde que tenía 14 años, y le devuelve el volante al calentar en los minutos previos al partido y tiene un compromiso tan fuerte con ella que ni su nuevo contrato con el bádminton francés le hace abandonar a Marín.

Y eso que, para su entrenador, esta Carolina Marín campeona de Europa solo está a un 70% de su mejor versión. "Falta parte del ataque, el juego no puede estar a tope porque si no tienes el físico tampoco te acompaña en algunos aspectos tácticos. Cuando lo esté mejorará el ataque, tanto desde el fondo de la pista, como en la red. Nos falta mucho, pero sabemos que es cuestión de tiempo y de trabajo".

La afición marca la diferencia

Marín ha cabalgado por el torneo a lomos de la afición española, que ha llenado los asientos habilitados en Gallur, ha rugido cada vez que se anunciaba su nombre y ha animado con pasión (y por supuesto, la megafonía que pinchaba 'Sweet Caroline'). En la primera ronda, los asientos azules se llenaron de niños. "La gente chillaba, gritaba mi nombre, ha sido muy emocionante y no me lo esperaba para nada", agradecía ya entonces. Eso sí, la emoción del primer partido tras 363 días se hizo notar. No era el partido de trámite que normalmente habría sido. "Hemos manejado bien la situación, porque no es fácil jugar en casa, con las expectativas del público y hay que saber manejar los nervios", se felicitaba.

"Se notaba que era especial. En el calentamiento ha tenido una capacidad de focalizarse mucho más que antes. Hemos hablado del público, del entorno, de no hacer de la expectativa del escenario un problema sino al contrario. Le he dicho que pensara en cuando era pequeña y salía a un tablao flamenco", explicaba Rivas tras el debut del martes.

Otro pensamiento que turbaba a Carolina era el vuelo del volante, que es demasiado rápido en la altitud de casi 700 metros de Madrid. "Pero le he recordado que llevamos semanas trabajando en Sierra Nevada, que hay más altitud y me ha dicho 'ah, es verdad'", relata Rivas, que sabe perfectamente cómo activar a su pupila.

"Un regreso así se gestiona con mucho trabajo previo, no es lo que le digas hoy antes del partido, sino ser capaz de decirle una palabra y que reconecte mentalmente con todo el trabajo que ha hecho en la preparación física con Guillermo [Sánchez] y María [Martínez, su psicóloga]", apunta el entrenador. "Con Fernando casi siempre recuerdo el plan de juego, cómo estoy, cómo me encuentro, y con María recuerdo los pilares, que son disfrutar, mostrar determinación y confianza conmigo misma, ser competitiva y mostrarlo en el lenguaje corporal", explica Marín

Las cualidades de un gigante deportivo

Y además de la mente, claro, está el carácter especial de una mujer que va camino de ocupar uno de los puestos más privilegiados en el olimpo histórico del deporte español. "He visto cosas que no habíamos entrenado desde hace años. En los últimos dos años no hemos entrenado un remate en salto, y de repente hoy lo ha hecho, o la entrada al rectificado sin giro. Son cosas que estaban en su baúl de los recuerdos mental y las ha sacado hoy, me ha sorprendido", contaba Rivas tras el partido del debut.

Aunque Marín no quiera poner este título por encima de otros, la emoción se transmitía en cada ronda en Gallur. "Cada uno de los triunfos tiene su camino y su porqué, aquí mi mayor victoria es haber vuelto a competir. Cuando estaba en el podio y escuchaba el himno, intentaba contenerme porque me estaba imaginando muchas cosas que ya he vivido, como los Juegos Olímpicos de Río, e imaginando lo quiero vivir, estar en lo más alto del podio de París 2024", desveló.

Para eso aún queda. Rivas reconoce que enfrentarse a las asiáticas será una historia muy diferente a la de triunfar en Europa. Ahora espera un calendario con aproximadamente una docena de torneos: dos en Malasia, dos en Indonesia, tres semanas de trabajo en Sierra Nevada antes del Mundial de agosto de Tokio, y luego los Open de Japón, Dinamarca, Francia, China, Hong Kong...ahí seguramente llegará el enfrentamiento con la nueva reina olímpica, la china Chen Yufei, en el asalto a recuperar el liderazgo mundial del deporte del volante. La desmedida ambición de la recuperada Carolina Marín no exige menos.

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