Carne roja y procesada: ¿cuánta consumes al día?

Frente a las recomendaciones de consumo reducido, un nuevo estudio concluye que no hace falta preocuparse por el consumo de carnes rojas y procesadas al no existir suficiente evidencia científica sobre sus riesgos para la salud. Esta es la respuesta de los científicos nutricionales

La mayoría de la gente consume dos piezas de carne procesada al día. (Foto: Getty)

Una investigación reciente publicada en la revista Annals of Internal Medicine concluye que no hace falta preocuparse por el consumo de carnes rojas o procesadas ni reducir su ingesta al considerar que no existe suficiente evidencia científica sobre sus riesgos para la salud

Desde el grupo de trabajo en Nutrición de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE) una interpretación que "no es correcta" y que en ningún caso constituye una nueva guía o recomendación alimentaria.

Según este trabajo, basado en la revisión de cinco artículos, la evidencia científica sobre los riesgos para la salud de las carnes rojas y procesadas es insuficiente y de mala calidad. Incluyen tres meta-análisis y dos revisiones narrativas que, según los epidemiólogos españoles, “no aportan ningún dato que no fuese conocido previamente”.

No hay una nueva guía alimentaria

Los epidemiólogos recuerdan que siguen plenamente vigentes las recomendaciones de seguir un patrón dietético saludable como la Dieta Mediterránea, con un consumo reducido de carnes rojas y procesadas.

Los resultados ahora publicados en Annals of Internal Medicine no son nuevos. En sus propias revisiones sistemáticas todas sus estimaciones encuentran que la reducción del consumo de carnes rojas o procesadas se asocia a menor mortalidad por todas las causas:

  • Menor mortalidad por enfermedad cardiovascular,

  • Menor mortalidad por cáncer,

  • Menor incidencia de diabetes.

Por tanto, el Grupo de Trabajo de Nutrición de la Sociedad Española de Epidemiología insiste en que “nada cambia”, y que todo sigue igual, como se ha venido repitiendo una y otra vez por todos los especialistas en la materia.

“Resulta curioso que a pesar de que sus resultados son consistentes con la evidencia previa, estos autores concluyan que los consumidores no se deben preocupar por sus hábitos de consumo de carnes rojas y procesadas, e incluso les invitan a continuar con ese consumo”.

Los peligros asociados a un consumo elevado de carne roja y procesada han sido probados, así como su impacto sobre el medio ambiente al que hay que sumar la costumbre de presentarlos en envases de plástico. (Foto: Getty)

Los expertos españoles consideran muy grave que "violen el principio ético de 'primero no hacer daño’, porque en la práctica clínica, sería irresponsable decirle a un paciente que consume dos raciones diarias de carnes rojas o procesadas que siguiera así", pero también consideran que la recomendación contradice el principio de precaución en salud pública.

Además, en sus conclusiones no tienen en cuenta las consecuencias medioambientales de consumir tantas carnes rojas o procesadas como se consumen actualmente en el mundo. El deterioro del medio ambiente tiene efectos serios sobre la salud del planeta y, por lo tanto, sobre la población humana actual y futura. Este aspecto nunca se debe obviar.

Se olvidan también, según los epidemiólogos, de que tanto las carnes rojas como las procesadas, ricas en grasa y en energía, se asocian fuertemente con la obesidad, la principal epidemia del siglo XXI.

¿Qué pasa con las evidencias?

Si los autores consideran que la evidencia disponible es poco fiable, desde la SEEN apuntan que lo razonable sería que impulsasen a otros (o ellos personalmente) a realizar más investigaciones sobre el tema y abstenerse prudentemente de hacer mientras tanto ninguna recomendación al respecto.

Asimismo, aclaran que “si los efectos observados pueden parecer pequeños es porque la unidad de exposición que los autores eligieron (disminución de 3 raciones de carne roja a la semana) es también pequeña”. Pero si se estudiara el efecto de reducir una ración al día de carne roja o procesada (7 raciones a la semana), el resultado sería grande y no pequeño.

Se recomienda tomar menos de 500 g a la semana de carne roja –no más de 70 g al día o 2-3 raciones semanales– y tomar carnes procesadas sólo ocasionalmente. Esto, junto con otros hábitos saludables, ayudaría a prevenir hasta en un 37 por ciento las posibilidades de sufrir cáncer colorrectal y en un 27 por ciento el de mama, según apunta el doctor Carlos Albert González, investigador emérito de la Unidad de Nutrición y Cáncer del Instituto Catalán de Oncología. (Foto: Getty)

Las pruebas de sus ‘daños colaterales’

Por otro lado, se puede hacer la estimación conservadora de que con solo reducir en 3 las raciones de carnes procesadas a la semana se evitarían al menos 5.500 muertes anuales en la población española de 40-80 años, si se asume que el 50 por ciento de esa población consume más de 3 veces a la semana carnes procesadas. “Con esta cifra en la mano nadie puede discutir el gran impacto en salud pública que tiene la recomendación de disminuir el consumo de carne, que debe seguir vigente”, añaden los expertos.

En nuestro medio, hay evidencia científica sólida, procedente del estudio PREDIMED, el mayor ensayo europeo aleatorizado en nutrición, que demuestra que una intervención en la que se insistía específicamente a los participantes en que redujesen su consumo de carnes rojas y procesadas logró reducir sustancialmente (comparativamente a un grupo control) los casos graves de enfermedad cardiovascular, así como la enfermedad arterial periférica, la fibrilación auricular, el cáncer de mama o la diabetes.

Además, el macroestudio europeo EPIC, que incluyó en su análisis 448.568 mujeres y hombres, con abundante participación española, estimó que el 3,3 por ciento de las muertes que ocurren en Europa se prevendrían si el consumo de carnes procesadas se redujese a menos de 20 g/día.

Desde la Fundación Española del Aparato Digestivo (FEAD) afirman que es conveniente consumir diariamente verduras y frutas, limitar el consumo de alimentos que contienen grasa de origen animal (a excepción del pescado), de productos lácteos y otros derivados de las grasas (particularmente ácidos grasos saturados), limitar los alimentos hipercalóricos (ricos en azúcar o grasa) y las bebidas azucaradas, evitar la carne procesada y limitar el consumo de carne roja y de alimentos con mucha sal. (Foto: Getty)

Y en España, el proyecto SUN, con más de 18.000 participantes, encontró que por cada ración más de carne roja al día la mortalidad por todas las causas en participantes mayores de 45 años aumentaba casi en un 50 por ciento (se multiplicaba por 1.47; intervalo de confianza al 95por ciento: 1.06-2.04), y también que las mujeres que consumían más carnes rojas o procesadas antes del embarazo duplicaban su riesgo de desarrollar diabetes gestacional.

Los errores del ‘nuevo’ estudio:

1. Deberían haber usado también estudios de los mecanismos biológicos de la carne sobre la salud, del efecto nocivo de la carne roja y procesada sobre los factores de riesgo cardiovascular y, sobre todo, haber puesto el foco en los numerosos estudios epidemiológicos bien hechos que demuestran (como reconoce la inmensa mayoría de los científicos del mundo) que el consumo excesivo de carnes rojas y procesadas aumenta el riesgo de obesidad, de muchas enfermedades crónicas y de mortalidad total. Curiosamente, a pesar de la actual pandemia de obesidad, olvidan este problema.

2. Han obviado la perspectiva de salud pública: a partir de los propios datos de estos artículos de Annals Internal Medicine, hemos estimado que con solo reducir en 3 las raciones de carnes procesadas a la semana se evitarían al menos 5.500 muertes anuales en la población española de 40-80 años. Por tanto, el beneficio de reducir el consumo de carne procesada es enorme (el doble que evitar todas las muertes por accidente de tráfico).

Tomar unos 25 gramos de carne procesada al día, el equivalente a una loncha de bacon, se asocia con un mayor riesgo de cáncer colorrectal, de acuerdo con un gran estudio liderado por la Universidad de Oxford, que publica International Journal of Epidemiology. (Foto: Getty)

3. Además de la salud de la gente, el consumo de carne afecta al planeta. Una semana después de la cumbre del clima en nueva York, no puede olvidarse el enorme impacto negativo de la producción de carne, especialmente roja, sobre el medio ambiente. Por ello, reducir el consumo de carne mejorará nuestra salud, la sostenibilidad de nuestro planeta para beneficio no solo de la humanidad actual sino también de las generaciones futuras.

4. Hay que valorar el patrón completo de la dieta y no un solo alimento concreto: Sabemos que la salud de la gente depende sobre todo de la calidad global de su dieta y no solo de unos pocos alimentos. Por ello, afortunadamente, este trabajo no cuestiona los beneficios de la dieta mediterránea, demostrados en infinidad de estudios de alta calidad, liderados además por investigadores españoles. Es nuestra dieta tradicional, una forma saludable y culturalmente arraigada de comer, donde predominan las frutas y verduras, los cereales integrales, y las fuentes saludables de proteínas, pero donde las carnes rojas y procesadas se consumen solo esporádicamente y en pequeñas cantidades.

“La prioridad, concluyen los epidemiólogos españoles, debe ser siempre la salud de la población. No hace ningún bien a la salud pública lo que parece que solo sirve para producir mucho ruido mediático, que aumente la controversia sobre el tema, e incrementar la confusión de los consumidores o para hacer perder la credibilidad en los científicos”.

Y tú, ¿qué opinas?, ¿consideras importante disponer de información veraz sobre el impacto de la dieta en nuestra salud o no le das tanta importancia a lo que comes?

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