Cangrejos mutantes y autoclonantes invaden un cementerio en Bélgica

J Toledo y José de Toledo
·3 min de lectura
Imagen del cementery de Schoonselhof Por onroerend erfgoed Creative Commons Attribution-Share Alike 3.0 Unported
Imagen del cementery de Schoonselhof Por onroerend erfgoed Creative Commons Attribution-Share Alike 3.0 Unported

Un grupo de cangrejos, todos ellos hembras, de una especie mutante partenogenética, ha invadido un cementerio famoso de Bélgica donde reposan los restos de soldados caídos en la Segunda Guerra Mundial.

Parece algún tipo de película de ciencia ficción, pero no lo es. El cementerio de Schoonselhof en Amberes ha sido tomado por cangrejos marmolados – Procambarus virginalis, o con más propiedad Procambarus fallax forma virginalis. Una especie de cangrejo de río con una gran capacidad invasora.

Pero, ¿qué especie es esta? Ninguna natural. Literalmente, ya que esta especie no surge por selección natural, si no por cruces dirigidos para crear animales para su venta. En algún momento del proceso, que debió tener lugar a mediados de la década de 1990 en Alemania, una hembra mutó de una manera muy concreta y eso generó el problema.

Esa mutación concreta hizo que la hembra se volviese partenogenética. Es decir, en esta “especie” la reproducción no precisa de machos. Todo son hembras, y se pueden reproducir sin necesitar de machos para dar más hembras que son clones de las anteriores.

Y no es que se reproduzcan poco. En general, todas las especies del género Procambarus, como el famoso cangrejo de río americano, una invasora en España, son capaces de reproducirse en poco tiempo y muchos números. Lo que complica las cosas. También suelen ser especies muy voraces, por si todo lo anterior no fuese suficiente.

Pero es que, además, la especie que ha invadido el cementerio es capaz de viajar tanto por agua – canales y lagunas, muy comunes en la zona – como por tierra. No se desplazan grandes distancias por tierra, pero sí lo suficiente como para colonizar otras masas de agua. Como por ejemplo, otros canales cercanos.

Por si fuera poco, encima son capaces de esconderse. Los cangrejos marmolados excavan chimeneas de hasta un metro de profundidad. Lo que hace realmente complicado poder acabar con la invasión, sobre todo si pensamos que en estas chimeneas dejan sus puestas.

¿Cómo han llegado estos cangrejos al cementerio? Es imposible saberlo. Es, literalmente, imposible saberlo. El comercio de estas especies es ilegal, así que buscar culpables es complicado. Pero es que, encima, al ser organismos partenogenéticos y descender todos de una única hembra mutante, lo que los hace por definición clones unos de otros, es imposible trazarlo.

Lo más probable es que alguien tuviese estos cangrejos en su casa en un acuario y se cansase de ellos. O que empezasen a reproducirse, aumentase el número, y quien los tuviese no diese abasto. Y en lugar de acabar con ellos, los soltase en un canal, esperando “darles una vida mejor”, sin ser consciente del problema que estaba generando.

Y solución, por desgracia, hay poca. Erradicar a la especie puede resultar frustrante, por aquello de que se esconden, y se reproducen mucho y muy rápido. Y en Bélgica, además, está prohibido el uso de venenos aunque se trate de acabar con una invasión biológica, un método que se ha utilizado con éxito en ocasiones parecidas. Así que mal pronóstico tiene.

Parece también que se están viendo a estos animales por las inmediaciones del cementerio. Que la invasión no se ha quedado reducida a ese lugar. Y tiene sentido: si la población crece, expandirá su invasión en busca de recursos. Así que esto, que ahora mismo parece una historia rara con un titular curioso, puede convertirse en un problema medioambiental de primer orden.

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