A 'Candyman' se le va de las manos su mensaje antirracista

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Por Alberto Cano.- Jordan Peele se ganó el estatus de maestro del terror gracias a Déjame salir, la cinta protagonizada por Daniel Kaluuya en 2017 que llevó al cineasta a los Oscar y a erigirse como uno de los nombres más prometedores del género. No solo construyó un estremecedor relato de horror, sino que lo elevó a otro nivel con un rotundo mensaje antirracista que impactó por igual a crítica, público y académicos. Así, su reputación le llevó a abordar otros proyectos de enfoque similar como fue el caso de Nosotros en 2019, cuyo éxito volvió a dejar en evidencia el talento del cineasta a la hora de usar el terror cómo excusa para trasladar mensajes sociales sin dejar de lado la vertiente terrorífica del género. Sin embargo, su nuevo intento de repetir fórmula con un reboot-secuela del clásico de terror de los 90, Candyman, no ha salido según lo previsto.

Yahya Abdul-Mateen II en Candyman (Foto: Universal Pictures)
Yahya Abdul-Mateen II en Candyman (Foto: © 2020 Universal Pictures and MGM Pictures. All Rights Reserved. ..CANDYMAN TM MGM. ALL RIGHTS RESERVED.)

Producida y escrita por Peele junto a Win Rosenfeld, productor de películas como Infiltrado en el KKKlan de Spike Lee, Candyman se trata de la segunda película como directora de Nia DaCosta, cineasta responsable de filmes como Little Woods y uno de los próximos fichajes del Universo Cinematográfico Marvel para ponerse el frente de The Marvels. La cinta, protagonizada por el actor Yahya Abdul-Mateen II, se plantea a la vez como un reinicio y una continuación de la original, tomando como punto de partida la misma propuesta para darle un toque más reivindicativo y tratar de convertirla en un título de mayor relevancia social.

Si recordamos, el Candyman de 1992 planteaba el relato de una terrorífica leyenda sobre un fantasma que aparecía frente al espejo si pronunciabas cinco veces su nombre. Se trataba del espíritu vengativo de un esclavo negro mutilado y quemado vivo tras una falsa acusación, una historia que ya tenía un fuerte componente racial. Sin embargo, esta nueva versión de 2021 apuesta por remarcar aún más esta vertiente crítica hacia el racismo, situando la historia en la actualidad, resaltando temas tan relevantes como la violencia policial, la aún persistente discriminación o la memoria histórica sobre el colectivo negro en Estados Unidos muy por encima del relato de terror. Y aquí es donde está el problema.

Que haya empezado referenciando a Jordan Peele en lugar de a su directora no es casualidad. Creo que el principal inconveniente de Candyman se debe a la poca sutilidad del guion de Peele y no tanto a la labor tras las cámaras de DaCosta. Y es que Candyman en el terreno visual está llena de grandes ideas, como la buena creación de atmósferas, sus terroríficos juegos de títeres y sombras y una brutalidad sobrecogedora a la hora de plasmar la violencia y el terror en pantalla.

Bien es cierto que DaCosta también firma el guion junto Peele y Win Rosenfeld, pero creo que es evidente que ese toque tan remarcado hacia el discurso dejando de lado lo sutil es marca de la casa del director de Déjame salir y Nosotros. En aquellas le funcionó a la perfección por tener una buena base de terror tras de sí que hacía que ambas partes se complementaran, pero no es el caso de Candyman, donde el mensaje antirracista devora por completo a la cinta de horror y deja la impresión de estar viendo, por un lado, una historia de terror incompleta y descolgada, y por otro, un panfleto social y político extremo contra el racismo.

Y digo extremo porque creo que se le va demasiado de las manos. Lo que no puede ser es que trates de criticar duramente la discriminación y violencia hacia la comunidad negra y para ello recurras a la violencia más dura y explícita contra aquellos a los que criticas que la ejerzan. Me parece muy contradictorio, por no hablar de que para plasmar dicho discurso se salta incluso las normas que ha venido estableciendo a lo largo de su metraje sobre Candyman y su manera de actuar, lo que me resulta manipulador y creo que hunde por completo su trama de terror en beneficio de su discurso.

Y es que a lo largo de sus 91 minutos de metraje vemos infinidad de escenas de horror muy desconectadas del resto del argumento, personajes cuyas tramas quedan en el aire o momentos donde se recurre al gore más extremo ante la imposibilidad de generar terror con su trama. Y a mí personalmente me llevó a mantener una desconexión muy grande con lo que estaba viendo en pantalla. Todo era caótico, daba la impresión de estar observando dos películas en una y tenía la continúa sensación de que estaba siendo manipulado para que me sintiera impactado por el discurso tan reincidente que hay tras Candyman.

Y sí, el discurso plantea una temática que sigue siendo muy necesaria a día de hoy, sobre todo tras movimientos como el #BlackLivesMatter. Y creo que Candyman, por la temática antirracista que ya estaba detrás de la cinta original, era la película ideal para tratarla. Pero no de esta manera. Creo que si el guion hubiera sabido complementar el terror con el mensaje político de la misma manera que Déjame salir o Nosotros y este hubiera estado mucho más medido, podríamos estar ante una nueva obra maestra del género.

Pero no es el caso. Y a mí, la impresión que me deja es la de estar ante una producción muy caótica y problemática en su mensaje. Aunque por lo general, Candyman ha obtenido una gran recepción por parte de la crítica y el fin de semana de su estreno ha sido Nº1 en taquilla en Estados Unidos con datos más que aceptables para una cinta de terror de bajo presupuesto. Puede verse en cines desde el pasado viernes 27 de agosto.

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