El crimen de una ama de casa que obsesiona a Hollywood

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Dos vecinas de barrio. Feligresas de la misma iglesia metodista, amas de casa y amigas. Esas eran Candy Montgomery y Betty Gore. Dos mujeres aparentemente sencillas, casadas y madres de familia, residentes de un pueblo de Texas… pero con una traición secreta que las separaba en silencio.

Y un viernes 13 de 1980, una de ellas se convirtió en el verdugo de la otra. Con 41 hachazos.

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Aquel año en que acontece esta historia Candance Montgomery -‘Candy’ para quienes la conocían- y Betty Gore compartían incluso la edad. Ambas tenían 30 años. Candy se mudó a la zona de Wylie, un suburbio de Dallas, en 1977 junto a su marido, un ingeniero llamado Pat, y sus dos hijos. Gracias al trabajo de Pat, Candy no necesitaba salir a ganarse el pan y no le importaba ser ama de casa, aunque luego admitiría que, en realidad, estaba muy aburrida.

Betty, por su parte, estaba casada con su profesor de matemáticas, Allan. Su familia no entendía que había visto en este hombre sencillo, de “mejillas hinchadas” y primeros signos de calvicie. Era tímido y distante, muy diferente a la sonriente y juvenil Betty. Pero se casaron contra todo pronóstico familiar y eran padres de dos niños. Betty y Candy se conocían porque asistían a la misma iglesia con sus respectivas familias, las mismas clases de natación de sus hijos, eventos sociales y hasta la hija mayor de los Gore se quedaba a dormir en casa de los Montgomery. Había amistad y cercanía. Sin embargo, Candy y Allan tenían un secreto. En 1978, la mujer había fantaseado ante sus amigas con la idea de mantener una relación extramarital para sacudir un poco su vida y tras un partido de vóleibol de la iglesia, sus miras se posaron en Allan. De repente, y ese día, le pareció que “olía sexy” y unas semanas más tarde lo sorprendió subiéndose a su coche al terminar el ensayo de coro de la misma iglesia para decirle que se sentía atraída por él.

En ese momento, la esposa de Allan estaba embarazada con su segundo hijo. Sin embargo, Candy logró plantar la semilla de la curiosidad y Allan comenzó a fantasear hasta que semanas más tarde la llamó para verse a solas. Como si fuera un trámite, acordaron comenzar un affaire, admitiendo que ambos amaban a sus respectivas parejas y por eso sellaron normas, reglas y la logística para poder llevarlo a cabo. Por ejemplo, en el momento que comenzaban a mostrar emociones debían terminarlo.

Se veían en el mismo motel, cada semana alternada, mientras Candy seguía manteniendo su amistad con la esposa de Allan de forma paralela. Incluso hasta fue la encargada de organizar su baby shower. Una vez que nació el segundo bebé de Betty, el affaire comenzó a apagarse ante la culpa que sentía el marido en cuestión. Y finalmente Allan decidió priorizar su matrimonio, sobre todo después de asistir a una especie de terapia de pareja con su esposa, y el romance llegó a su fin.

Pasaron los meses y un 13 de junio de 1980 la historia daría un vuelco radical.

Allan se encontraba en un viaje de negocios, y consciente de que a Betty no le gustaba estar sola en casa, comenzó a preocuparse cuando su esposa no contestaba el teléfono. Sabiendo que eran amigas, llamó a Candy quien precisamente tenía a la hija de Allan, Alisa, en su casa jugando con sus hijos y le aseguró que había visto a Betty a la salida de las clases de natación de los niños. Que no se preocupara.

Sin embargo, Allan siguió llamando a vecinos que le informaron que las luces estaban encendidas y ambos coches en la puerta. Algo extraño sucedía y horas más tarde esos vecinos entraron a la vivienda para verificar qué sucedía. Pero lo que encontraron fue inimaginable: la pequeña bebé en la cuna y el cuerpo de Betty ensangrentado en el lavadero. Había tanta sangre que creyeron que alguien la había disparado, pero cuando llegaron los investigadores, al mover el cuerpo, descubrieron la verdad: había recibido varios cortes. El arma homicida, un hacha, se encontraba debajo de la nevera. En la autopsia se darían cuenta que había recibido 41 hachazos.

La policía enseguida puso sus miras en Candy como principal sospechosa al haber sido, supuestamente, la última persona en ver a Betty con vida. Sin embargo, su historia con los niños tenía sentido y según Texas Monthly, a los investigadores les costaba creer que un ama de casa tan “vivaz”, “normal” y físicamente “pequeña” pudiera tener la fuerza de actuar tan brutalmente con un hacha. Después de todo era una madre y esposa devota, adorada en su iglesia y actuaba con total normalidad. No fue hasta que Allan confesó haber mantenido un romance clandestino que no comenzaron a prestarle más atención. Al final fue acusada de asesinato, aunque ella mantuvo su inocencia por un tiempo. Y por muy sorprendente que parezca, toda la iglesia la apoyó. Hasta su abogado pertenecía a la comunidad religiosa.

En su defensa, el abogado contrató a un psiquiatra e hipnotista clínico llamado Dr. Fred Fason que, bajo hipnosis, logró que Candy supuestamente recordara lo sucedido aquel día. Tras varias sesiones, el experto determinó que la mujer sufría de traumas infantiles que se habían extendido en la adultez en forma de rabia, explotando aquel día del ataque.

En el juicio, Candy dio testimonio basándose en lo que aparentemente había recordado bajo hipnosis. Aseguró que Betty la había cuestionado sobre el affaire con su marido, y tras admitir que efectivamente había mantenido un romance en el pasado, Betty volvió con el hacha y la atacó primero. 

Tras un largo forcejeo, Candy había logrado arrebatársela y comenzó a asestar contra ella "en defensa propia". Luego, cuando Candy supo que la policía había descubierto una huella ensangrentada en la escena del crimen, rápidamente destruyó sus sandalias con un par de tijeras de podar.

Sin embargo, son muchos los que desde entonces se cuestionan su defensa al haber asestado 41 hachazos sobre su supuesta amiga, incluyendo el fiscal de distrito en el juicio. Cuarenta de ellos mientras el corazón de Betty todavía latía y destrozándole la mitad del rostro. Además, el hecho de que su testimonio se haya centrado en conclusiones o recuerdos derivados en sesiones de hipnosis resulta, cuanto menos, curioso. 

Candy insistió en el juicio que no había tenido intenciones de asesinarla pero mientras le mostraban el arma homicida aceptó que sí, la había asesinado. Mantuvo que actuó en defensa propia y el jurado le creyó. En menos de tres horas llegaron al veredicto: no culpable.

Candy Montgomery y su marido se mantuvieron juntos durante el juicio y se mudaron a Georgia, aunque más tarde se divorciaron. Y ella logró rehacer su vida, volviendo a su nombre de soltera, Candace Wheeler, y dedicándose a trabajar como terapeuta para adolescentes y adultos.

Si bien han pasado 41 años desde el terrible asesinato, el fenómeno de las series true crime no iba a tardar mucho en llevarlo a la pantalla. Aunque existe una TV Movie de 1990 que relata el caso -A killing in a small town (Implicación criminal en España)- ahora dos plataformas streaming se encuentran grabando dos series sobre la misma historia. Una de ellas es Candy con Jessica Biel como protagonista (reemplazando a Elisabeth Moss que tuvo que abandonar el proyecto por conflictos de agenda) y Melanie Lynskey como Betty. Se trata de un proyecto avalado por estar siendo desarrollado por un equipo experto en desarrollar magnificas series del la crónica negra, como The Act, Dirty John y la más reciente, Dr. Death.

La otra es un proyecto de HBO con Elizabeth Olsen interpretando a Candy y Lily Rabe como Betty, con el título Love and death, de la que ya circulan imágenes.

De momento ambas series se encuentran en plena producción y todavía no tienen fecha de lanzamiento oficial.

Fuentes: Texas Monthly; The Dallas Morning News.

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