'Canción del sur', la película fantasma que Disney guarda bajo llave

Si les hablo de Canción del sur (1946) ¿les suena? Seguramente muy pocos la recuerden. Fue uno de los primeros largometrajes de Disney que mezclaba acción real y animación, producida 22 años antes del éxito de Mary Poppins (1964). Fue la primera película en la historia de Disney en contar con un personaje protagonista afro estadunidense, 63 años antes de Tiana y el sapo (2009). Sin embargo, pasó al olvido por deseo expreso del estudio que la tiene guardada en su baúl de historias enterradas por la polémica que la rodea.

Corte del cartel promocional de Canción del sur (Walt Disney, Buena Vista)

A diferencia de películas previas como Blancanieves y los siete enanitos, Dumbo, Pinocho o Bambi, que fueron reestrenadas en salas a lo largo de las décadas llegando a los diferentes formatos del Home Video y ahora al streaming, Disney decidió en 1984 que Canción del sur jamás lo haría. En EEUU nunca salió ni una copia en VHS, sin embargo en Europa todavía podemos encontrar copias de vídeo algunas. Incluso en DVD.

Es más. Es la única película que la compañía no piensa tener disponible en su próximo servicio streaming, Disney+. Así lo confirmó el director de la empresa, Bob Iger, además de revelar que la película original de Dumbo no incluirá la escena del Cuervo Jim que tantas críticas recibió por contar con caricaturas racistas. Quien ya en 2010 calificó a la cinta de “anticuada” y “ofensiva” para explicar su negativa a sacarla en DVD. Y es que en plena era de autoconciencia social y reivindicación de la diversidad, y al tratarse de un estudio que ha cambiado a una de sus princesas más caucásicas (Ariel) por una actriz afro estadounidense, el horno no está para bollos. Porque sí, Canción del sur hace una representación de los afroamericanos recién liberados de la esclavitud tan irrealista que nos hace chirriar los dientes desde su primera escena.

A raíz del estreno de la nueva temporada del podcast de Karina Longworth, You must remember this, que arranca hablando de esta película, me dispuse a verla de nuevo. Recuerdo ver trozos de pequeña, sobre todo de las secuencias animadas, pero nunca había visto la película completa. Y verla de adulta en el siglo XXI me hace directamente preguntar en qué estaría Walt Disney pensando.

A pesar de haber sido restrenada en varias ocasiones desde su debut en 1946, Canción del sur siempre ha sido objeto de controversia. Incluso desde su estreno con críticas de todo tipo en los periódicos de su país al representar a los afro estadounidenses felices y satisfechos trabajando en una plantación, poco después de la abolición de la esclavitud. La cinta fue una de las primeras obsesiones de Walt Disney, inspirado por querer emular el romanticismo sureño de Lo que el viento se llevó (1939), haciéndose con los derechos de las fábulas escritas por Joel Chandler Harris sobre el Tío Remus, publicadas en un libro en 1881. Eran cuentos morales inspirados a su vez en historias de los esclavos afroamericanos que, en la película, el Tío Remus (James Baskett) transmitía al pequeño Juanín. Remus está representado como un viejo sabio, sonriente, afroamericano y libre que sigue trabajando en la misma plantación de Georgia, al sur de EEUU, feliz de la vida pero extrañando la era pasada. Así es. Su canción más famosa viene precedida de un monólogo donde dice que antes todo “era una suave satisfacción”, antes “era mejor”. Antes es la esclavitud.

La canción, ganadora del Oscar por cierto, se puede encontrar fácilmente en YouTube. Se trata de Zip-a-Dee-Doo-Dah (Siembra dulzura en español), en donde el Tío Remus canta con varios animalitos animados sobre lo maravilloso que es el día. Y nada más. Es todo lo que dice.

El Tío Remus se la pasa cantando junto a personajes animados, compartiendo sus historias con este pequeño blanco de 7 años, nieto de la dueña de la plantación, que quiere huir del lugar al darse cuenta que la marcha de su padre significa el comienzo de la separación de su familia. Las historias le sirven para sobrellevar mejor su experiencia en la nueva casa.

Una de las polémicas iniciales recae en una interpretación errónea. Si bien hay ciertas referencias al período en que transcurre, es muy fácil ver la película y creer desde un principio que todos los afroamericanos que aparecen en la trama son esclavos de la plantación. Después de todo, ninguno es independiente, sino que todos trabajan en el mismo lugar, actuando como sirvientes, pero mostrándose felices con cada movimiento de sus jefes. Más que felices. Aquí los afroamericanos son la vida de la huerta. Y la culpa de esta confusión la tiene la película. En ningún momento especifica en qué año transcurre la historia y la actitud de la comunidad de color confundiría a cualquiera. La única referencia se encuentra en una canción inicial que un grupo de trabajadores cantan al unísono mientras trabajan, explicando básicamente que son libres pero que eligieron quedarse en la plantación porque “es el único hogar que conocen”. Una frase que, en la vida real, fue cierta. Muchos esclavos liberados optaron por quedarse donde estaban porque era el único mundo que conocían, y el mundo exterior era mucho más aterrador. Para muchos fue una era cruda de transición que no fue tan edulcorada como la muestran.

Sin embargo, en realidad, la cinta transcurre en la Era de la Reconstrucción (1863-1877), unos pocos años después del final de la guerra de Secesión o guerra civil (1861-1865) y la Abolición de la Esclavitud en EEUU (1865). Es decir, en una era efervescente, de cambios sociales, políticos, económicos y culturales que no se dieron tan rápido como la película presenta.

De todos modos, resulta imposible creernos que estos trabajadores afroamericanos que vienen de sufrir los horrores de la esclavitud, sirviendo a sus “dueños” durante años o todas sus vidas, estuvieran así de felices. Esta plantación es Narnia. Un lugar idílico donde, según ella misma, cualquier afroamericano querría trabajar. Vamos, es la antítesis rotunda de 12 años de esclavitud (2013). La cinta está plagada de estereotipos y es tremendamente ofensiva hacia la historia de los afroamericanos en las plantaciones del sur de EEUU. La realidad vivida y la falta de oportunidades a la que se enfrentaron en aquella época no aparece por ningún lado.

Resulta increíble que en plena Segunda Guerra Mundial y 80 años después de la Abolición de la Esclavitud, Disney viera con buenos ojos contar la historia con tanta azúcar. Canción del sur es de esas películas que se hicieron viejas incluso antes de estrenarse y ahora resulta fácil verla como una sombra racista y anticuada.

Hacer Canción del sur era todo un riesgo para Walt Disney. La empresa estaba lidiando con dificultades financieras por culpa de la falta de inversiones durante la Segunda Guerra Mundial y la huelga sindical de sus dibujantes en 1941 que dejó a Disney con la mitad de sus empleados. Si no fuera por los reestrenos de sus clásicos animados, las ganancias eran pocas. En un principio iba a ser una película completamente animada, y hasta Walt Disney planeaba en transformarla en una saga de varios capítulos. Pero al final decidieron invertir en películas de acción real con algunas escenas animadas para generar movimiento de capital, y Canción del sur se convirtió en una de las primeras.

Disney quería que la historia fuera auténtica y él mismo viajó a Atlanta a familiarizarse con la cultura y el entorno. Incluso contrató al escritor afroamericano Clarence Muse para que ayudara con diferentes ángulos de la historia, pero éste renunció al ver que sus sugerencias eran ignoradas por el guionista principal, Dalton Reymond. Quien, a su vez, era un novato que jamás había escrito un libreto en su vida. Muse sugirió que los personajes fueran retocados para ser más dignos y evitar estereotipos sureños. Su enfado fue tal que incluso envió cartas a medios del país para quejarse de la representación de la comunidad negra que hacía la historia. Por temor a que el guion de Raymond estuviera plagado de referencias ofensivas -y lo estaba- Disney sumó a otro guionista, Maurice Rapf (Cenicienta), para que lo retocara.

Canción del sur puede encontrarse en países de Europa -una búsqueda rápida en eBay me dio resultados-, pero jamás volvió a pisar una sala o tienda estadounidense desde mediados de los 80s. En el país que sigue generando noticias por racismo latente, Disney prefiere mantenerla bajo llave. Curiosamente el jefe del estudio cuando se decidió permitir su distribución por el viejo continente, Michael Eisner, dijo que aquí y en Asia la “esclavitud era un tema menos controvertido”.

Aunque Canción del sur haya desaparecido del recuerdo estadounidense, muchos no saben que dejó un legado que sigue latente en el mundo de Disney: Splash Mountain. Así es, la legendaria atracción de los parques de Disney -en California, Tokio y Florida- está inspirada en personajes y canciones de esta película.

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Fuentes: Wikipedia; Spotify/You must remember this; Variety; Songofthesouth.net