Engancharse a una serie original de Netflix es un deporte de riesgo

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A Netflix no hay quien la entienda. Por un lado rescata series ajenas para darles una oportunidad de crecer que no tendrían de no ser por ella, y por otro cancela sus propias ficciones originales sin piedad, sin darles la oportunidad de desarrollarse y encontrar a su audiencia.

La cancelación de Cristal Oscuro: La era de la resistencia, poco después de ganar el Emmy a mejor programa infantil y tras un año sin noticias sobre ella, ha sido la gota que colma el vaso después de un año en el que el gigante del streaming ha realizado su peor escabechina. Engancharse a una serie de Netflix se ha convertido en un deporte de riesgo y cada vez somos más los que nos lo pensamos dos veces antes de ver una, por miedo a quedarnos a medias.

Kevin Baker/Netflix
Kevin Baker/Netflix

Aunque no hace tanto tiempo, muy lejos queda ya la época en la que series como House of Cards, Orange Is the New Black o BoJack Horseman -algunos de los primeros originales de Netflix- llegaban a tener seis o siete temporadas. Hoy en día, las cosas han cambiado mucho y es casi un milagro que una serie de Netflix llegue a la tercera temporada. Con contadas excepciones, el streamer ya no parece estar interesado en producir series a largo plazo, ya que considera que acaban perdiendo interés y por tanto dejan de ser rentables para ellos, prefiriendo en su lugar un total más reducido de episodios para hacerlas más aptas para el binge-watching (Deadline).

Hace unos años, la repentina cancelación de Sense8 después de dos temporadas hizo que nos diéramos cuenta de algo que debíamos haber tenido presente desde el primer momento: Netflix es una empresa, no las hermanitas de la caridad. Su prioridad no son las historias, sino la rentabilidad. Y Sense8 no era rentable. El ruido de los fans en redes sociales consiguió que la trama se cerrase poco después con un especial que ponía broche a la serie, pero eso también es cosa del pasado. Ahora cuando Netflix cancela una serie, la cancela de verdad, sin importar dejarla inacabada. Y si no que se lo digan a los fans de The OA, que también fue cancelada sin miramientos después de dos temporadas, dejándonos con las ganas de una tercera que prometía mucho.

En 2020 son muchas las series de Netflix que han recibido el hachazo después de tan solo una o dos temporadas, aumentando la sensación de desconfianza en los espectadores, cada vez más reticentes a engancharse a una de ellas por miedo a que sean fulminadas con sus historias sin acabar. Desde que empezó el año han caído Soundtrack, Spinning Out, Insatiable, AJ and the Queen, Messiah, V-Wars, La facción de octubre, Turn Up Charlie o Altered Carbon entre otras. En la mayoría de casos dejando sus tramas en cliffhanger, es decir, con finales inacabados que nunca serán resueltos.

Netflix no se molestó en promocionar o dar visibilidad a la mayoría de estas series, dejándolas a su suerte en la plataforma, donde muchos espectadores ni siquiera llegaron a saber de su existencia. Por eso muchas de estas cancelaciones no nos sorprendieron. Sin embargo, hay otros casos que llaman mucho más la atención, como el de Mindhunter, el sublime thriller de David Fincher que entró en “parón indefinido” tras su segunda temporada a pesar de sus excelentes críticas o Las escalofriantes aventuras de Sabrina, que fue recientemente cancelada también después de dos temporadas (divididas en cuatro partes), a pesar de ser -supuestamente- muy popular entre la audiencia. El mensaje llegó alto y claro: si Sabrina no ha sobrevivido, ninguna está a salvo.

Otras dos series que han caído en el último mes son The Society y Esta mierda me supera, ambas después de una sola temporada. Las dos estaban renovadas para una segunda temporada, pero Netflix ha revocado esta decisión cancelándolas a causa de la pandemia de COVID-19 y la dificultad de cuadrar las agendas de sus respectivos equipos en nuevas fechas de rodaje. Una decisión que los fans, por supuesto, no se han tomado muy bien. Mientras HBO espera lo que haga falta para filmar la segunda temporada de Euphoria, Netflix elige la opción de dar el sablazo a estos dos proyectos de corte adolescente que presentaban muchísimo potencial de futuro.

Diyah Pera/Netflix
Diyah Pera/Netflix

La cancelación de Cristal oscuro: La era de la resistencia ha supuesto toda una conmoción para los fans de la serie, precuela del clásico de Jim Henson de 1982 que recibió muchos elogios del público y la crítica, fue considerada una de las mejores series de 2019 por diversas publicaciones y llegó a ganar el Emmy a mejor programa infantil (aunque de infantil tuviera más bien poco). Según los rumores, Netflix realizó una gran inversión en ella que no ha visto recompensada en las cifras de audiencia que cosechó la primera temporada.

Desde el punto de vista estrictamente económico, la decisión tiene sentido. Si un producto no es rentable, no tiene sentido seguir adelante con él. Sin embargo, Netflix debería tener en cuenta otros factores, como su propia imagen, la calidad de sus productos y la fidelidad de los espectadores, algo que HBO por ejemplo cuida mucho más. Comparada con ella, la compañía de Ted Sarandos no se muestra excesivamente interesada en las buenas críticas o los premios, sino que parece moverse exclusivamente por los números. Cancelar una serie aclamada un día después de ganar el Emmy lo deja claro.

Y hablando de los Emmy, en esta edición casera que se acaba de celebrar, la comedia canadiense Schitt’s Creek ha arrasado llevándose 9 premios en total, con lo que ha hecho historia acumulando varios récords. Esta sitcom es el ejemplo perfecto de lo lejos que puede llegar una serie si se le da la oportunidad. Después de triunfar en la gran noche de la tele, su cocreador, Dan Levy, publicó un tweet que resume el problema de Netflix a la perfección:

“Un recordatorio amable de que las series de televisión necesitan tiempo y espacio para colocar su base, desarrollarse y crecer. En las manos equivocadas, esta serie habría sido cancelada en su primera temporada por bajo rendimiento. Gracias CBC y Pop TV por dejarnos volar”.

Efectivamente Schitt’s Creek no habría pasado de la primera temporada si hubiera sido un original de Netflix. Lo cual no deja de resultar curioso y paradójico teniendo en cuenta que la serie empezó a crecer en parte gracias al impulso que supuso que la plataforma la incluyese en su catálogo en Estados Unidos. Viendo su potencial y el interés creciente en ella, CBC (la cadena pública canadiense) y Pop TV le dieron la oportunidad de evolucionar a su ritmo, acabando en lo más alto después de seis temporadas.

La paciencia y la confianza recompensan, y Netflix lo sabe. En los últimos años, la plataforma no ha abandonado su práctica de rescatar series de otras cadenas para darles una segunda vida. Lucifer y La casa de papel se han convertido en dos de sus series más populares, mientras que la excelente secuela de Cobra Kai ha encontrado el hogar perfecto para continuar y una serie como Boy Toy, que pasó sin pena ni gloria en Antena 3, recibió una gran acogida en Netflix y ya tiene en marcha su segunda temporada allí. Sin embargo, esta confianza que otorga a las series de otros no parece estar interesada en aplicarla a sus propias series, a las que deja morir sin remordimientos. Y es un error de enfoque. No necesitamos series de siete temporadas, sino historias completas. Si no es posible comprometerse a darles un final, mejor que se dediquen a hacer miniseries o antologías.

Con sus cancelaciones recientes, queda claro que Netflix nunca estuvo interesada en ser un menú gourmet. Hace unas semanas, el CEO de la compañía, Reed Hastings, anunció que su producción original aumentará con respecto a la de 2020 (Variety), lo cual no deja de ser impresionante teniendo en cuenta que este año han estrenado a razón de 40-50 originales al mes y que estamos en medio de una pandemia. Pero, ¿cuántos de esos productos merecerán realmente la pena? ¿Qué series podremos empezar sin miedo a quedarnos a medias? ¿Cuántas serán canceladas y cuántas olvidaremos en una semana?

El modelo de producción de Netflix se basa en lanzar novedades constantemente para ver cuál funciona y abandonar por completo las que no lo hacen en la primera semana o el primer mes. Debe irle muy bien cuando siguen practicándolo (recordemos que su fuente de ingreso son las suscripciones, que se han disparado con la pandemia), pero está dañando su imagen de cara al espectador. La cancelación de Cristal Oscuro es la última prueba de que Netflix no está cuidando a su público ni a sus creadores, que la calidad y la fidelidad no son prioridades para ellos, y que a menos que seas un Élite o Stranger Things, no tendrás oportunidad de crecer y encontrar tu público. A este paso, Netflix acabará convirtiéndose del todo en la plataforma de usar y tirar, la McDonald’s del streaming. Si es que no lo es ya.

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