Canales ha hecho algo peor que ser una planta en 'Secret Story'

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En el ecuador de cualquier reality, ya se suelen tener calados a sus participantes. Pero siempre hay una excepción a la regla. Hasta ahora, José Antonio Canales ha sobrevivido gracias a las limosnas de sus compañeros en Secret Story que le han ido salvando por cariño. Su título de planta, obtenido con sobresaliente, se lo ha ganado a pulso por su inactividad en todos los aspectos, pero sus últimos movimientos en la casa han hecho que su apodo de mueble sea hasta un piropo comparado con las jugadas, por no decir puñaladas, que es capaz de hacer por detrás.

Dice el dicho que las apariencias engañan, así que voy a tirar de él para hablar de Canales. Nadie puede negar que es una persona equilibrada que controla sus emociones al milímetro. Su profesión de torero es un referente fundamental para pensar antes de actuar, algo que ha puesto en práctica tanto en su paso como colaborador en Sálvame como en Secret Story. Le hemos visto negar una infidelidad con la misma frialdad que uno prepara el café, para luego quedar al descubierto que había más de verdad que de mentira en toda esa historia misteriosa, todavía sin resolver.

La misma le valió la relación con su novia, una pérdida personal que ha contrarrestado con una ganancia bastante rentable: entrar en un reality con la supuesta amante. Hay que tener muchas tragaderas para estar 24 horas delante de la persona que en teoría ha arruinado tu vida personal. Pues él parece tenerlas, y no solo eso, sino que ahora encima hasta tienen un buen rollo. El tiempo, que lo pone todo en su sitio, nos ha hecho entender como espectadores el porqué. Y no creo que sea porque se gustan, visto la evolución y los pasos que está dando el sobrino de Paquirri he llegado a pensar que ese acercamiento es más interesado que otra cosa. No olvidemos que entre ellos existe una demanda importante iterpuesta por él que arrastra muchos gastos y costas que con un acuerdo entre las dos partes podría evitarle el despilfarro en su cuenta bancaria. 

Desde mi perspectiva como espectadora siento que cada cosa que hace huele a interés o estrategia. Sus miradas a cámara, sus silencios, sus a veces conversaciones en plan monólogo que no vienen a cuento y otros detalles que hemos ido viendo estos días dejan al descubierto a un Canales que, más que un mueble, es un participante frío y calculador. Algo absolutamente loable si esa es su forma de jugar, pero todo un timo para la audiencia a la que le ha vendido la imagen de hombre sencillo, de campo que no quiere líos. 

Solo hay que echar un vistazo a lo que pasó este domingo en La noche de los secretos para saber que esconde cartas, o puñaladas traperas, que dejan K.O. a la víctima en cuestión. Durante los últimos días, Canales ha estado hablando a escondidas de Luca poniendo en duda esa templanza que le caracteriza. Ha llegado a dar entender que podría ser agresivo apuntando a su fortaleza corporal imponente y su forma fija de mirar a la gente a los ojos. Dice el torero que se ha enfrentado a toros de una tonelada que a él esa gestualidad le impone, y una no sabe si reír o llorar. Lo que ha insinuado junto a los Gemeliers es muy serio, además de feo, pero, sobre todo, incierto. Después de lo que hizo el programa expulsando a Sofía por su ida de manos, si Luca hubiera dado señales de lo mismo, segurísimo que no estaría allí. 

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¿Qué consigue con esto Canales? Malmeter a los demás sobre uno de los favoritos y él seguir en su poltrona dando órdenes. Lo que no se esperaba es que este domingo le sacarían los colores con un tuit que dejó al descubierto su juego sucio. ¿Qué hizo al ser pillado con las manos en la masa? Lo de siempre: dar dos pasos para atrás. "Yo en ningún momento he criticado que Luca sea agresivo, he dicho que su postura corporal cuando está en un enfrentamiento verbal, a mí personalmente no me gusta", dijo con una voz insegura que tartamudeaba. La cara de Luca ante las insinuaciones era de horror. El italiano te puede gustar mucho o poco, pero si hay algo destacable en él es la falta de conflicto. Y no porque sea un mueble como Canales y no hable o se esconda, sino porque no grita y siempre justifica sus argumentos. Está en medio de todos los saraos pero jamás se le ha visto perder los papeles. Luca no se calla y habla claro, pero no necesita gritar para exponer su sentir ni tampoco quedar por encima. Por eso no se entienden los comentarios fuera de lugar de un Canales quizás celoso de su competidor.

A la escena entraron los otros dos muebles de esta edición, los Gemeliers, los lacayos sumisos de Canales a quienes tiene absorbidos con teorías tan poco razonables como la de Luca. Después del inquietante mensaje que puso Jordi González en la gala y que dejó a todos bastante descolocados, Daniel, uno de los gemelos, dio la razón a Canales e hizo referencia a una situación particular vivida con el italiano en la que reconoció que, efectivamente, para él tuvo connotaciones agresivas. No porque se le fuera a ir la mano o a soltar improperios, sino por los gestos y miradas de Luca. Unos argumentos que dejaron mucho que desear. "Para mí fue una situación agresiva que después se ha olvidado", dijo el cantante como si hablar de agresividad fuese hablar de la receta del gazpacho. Curiosamente ellos, los que han llamado guarra a Adara y se han liado a gritos en la casa, se atreven a lanzar una acusación tan fuerte.

Y de nuevo ahí estaba Canales, sentadito en la barra de la cocina viento el espectáculo como si no fuera con él, un par de palabras y lo demás que se lo curren los niños, que para eso son las aparentes marionetas de esta edición, primero de Lucía y ahora de él. Consciente del marrón, hizo a lo que nos tiene acostumbrados, mantenerse en la sombra mientras los demás se tiraban los trastos a la cabeza. El hombre que después de más de mes y medio no sabe ni poner la lavadora habló lo justo y necesario volviendo a retratarse como el gran charlatán a las espaldas que de frente no tiene lo que hay que tener para defender sus opiniones.

Unas opiniones que no dejan de ser sensaciones subjetivas e interpretaciones, en este caso, que no tienen el más mínimo fundamento. Lo dicen las cámaras y lo dicen el resto de sus compañeros quienes rápidamente se posicionaron al lado de Luca. El hermano de Gianmarco volvió a dar una lección de saber estar al no alzar la voz ni perder la compostura al ser blanco de una acusación tan grave. De nuevo, argumentó, se defendió y rompió en mi pedazos las acusaciones sin sentido de sus rivales. Estaba muy molesto y sorprendido para mal por lo sucedido, pero tiene tan claro quién es que no necesitó alterarse ni sacar las malas pulgas, algo que los otros hubieran querido. Intento fallido.

Por el contrario, con este episodio Canales tiene todas las papeletas para irse a su casa el jueves. Lo que ha hecho le ha definido como el concursante al que le vale todo por la pasta. Parece ser consciente de la gravedad de sus comentarios y no ha tenido reparo en ahorrárselos. Yo insto al programa a que lo mismo que pone de patitas en la calle a quienes usan la violencia, debería plantearse si hacer lo propio para quien pone en tela de juicio situaciones tan delicadas. Dar a entender que alguien es agresivo no es pecata minuta y debería de tener consecuencias

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Imagen: Twitter/Secret Story

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