Can Yaman termina pagando caro el precio de la fama

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Las telenovelas turcas se han adueñado de gran parte de las parrillas televisivas, habiendo generado un fenómeno fan por sus historias e intérpretes como pocos otros. No hay más que ver la fama que arrastran actores como Can Yaman, que tras arrasar en España y otros países con Pájaro soñador conquistó a millones de espectadores de todo el mundo con el resto de sus trabajos y visitas, cayendo rendidos ante su labor, belleza y carisma.

Pero la fama tan extrema tiene sus consecuencias y a este actor y modelo de 32 años Yaman le está jugando una muy mala pasada, no pudiendo siquiera desempeñar su trabajo.

Can Yaman en el Festival de Cine de Montecarlo en abril de 2022 (Foto: Daniele Venturelli/Getty Images)
Can Yaman en el Festival de Cine de Montecarlo en abril de 2022 (Foto: Daniele Venturelli/Getty Images)

Hasta hace nada se encontraba en Italia trabajando en series como Viola come il mare, un thriller que coprotagonizó junto a la actriz Francesca Chillemi. Durante su estancia en tierras italianas desarrolló un estrecho vínculo con el país, aprendiendo su idioma, haciéndose con una residencia en Roma e incluso adentrándose en una relación ya rota con la reportera Diletta Leotta. Pero Yaman se ha visto obligado a cambiar de residencia por el continuo acoso de sus fans en las puertas de su vivienda.

En un principio se daba por hecho que dejaba la capital italiana por compromisos profesionales, puesto que en su agenda tiene previsto grabar en Turquía la serie El turco para Disney+. Pero los motivos, como bien explicó en sus stories de Instagram, responden a cuestiones relacionadas con el continuo acoso de los fans. Aunque detalla que sus trabajos se seguirán viendo en sus fronteras, que aún tiene proyectos en Italia como la serie Sandokán y que la labor de actor siempre le obliga a estar continuamente viajando, confirma que no está dispuesto a seguir soportando el peso del acoso al que se ve sometido día tras día. Y pide a sus seguidores desde el respeto y el cariño que eviten este fanatismo extremo hacia su figura y que entiendan su decisión.

"Definitivamente me voy de mi casa en Roma, porque la gente ha sobrepasado todos los límites aquí”, escribía. “No aguanto más el acoso que sufro ni la agresión que tiene que sufrir cada mujer que se relaciona conmigo si no es la que tú ‘aceptas’. Repito: os quiero, pero también me quiero a mí mismo. Vamos a relajarnos, os deseo mucho amor".

Pero el asunto no ha quedado aquí.

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Antes de convertirse en actor, Yaman quiso seguir los pasos de su padre y en 2012 se licenció en Derecho en la Universidad de Yeditepe. Se convirtió en abogado, abrió un bufete en la ciudad de Bebek (Estambul) y lo mantuvo abierto pese a empezar a dedicar sus esfuerzos a la interpretación. Pero el acoso de los fans también ha afectado a este otro negocio, puesto que grupos de fans se organizan para ir a las puertas del local mientras las llamadas telefónicas son constantes día y noche.

A raíz de la situación, el actor se ha visto en la obligación de cerrar el bufete y cesar esta actividad alternativa que mantenía desde hace una década. No obstante, aún se desconoce si ha paralizado el negocio de forma definitiva o si volverá a abrirlo en otro lugar más adelante. Aunque viendo este fenómeno que arrastra, el cambio de localización tal vez sea un remedio temporal que no va a solucionar el problema de raíz, el cual tiene su base en comportamientos tóxicos que van mucho más allá del mero fanatismo.

Se puede comprender que los fans muestren admiración hacia sus ídolos, que quieran verlos en persona, tener contacto con ellos o sacarse una fotografía. Pero hay que entender que detrás hay personas que tienen sus vidas y que como cualquier otro ser humano hay situaciones límites que no están dispuestas a aceptar. Y el fanatismo hacia Can Yaman parece haber sobrepasado este límite, lo que hace lógico que a la estrella Turca no le haya quedado más remedio que lanzar esta llamada de atención y verse obligado a tomar decisiones drásticas en su vida. Al final, para estar en lo más alto no queda más remedio que pagar el precio caro de lo fama.

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