Las cosas increíbles que uno encuentra en una barba. También en la de Can Yaman.

La revolución tiene nombre de macho barbudo. Miles de mujeres han esperado durante horas para ver al hombre de moda. O  para poder decir que han respirado el mismo aire que respira Can Yaman. El actor turco ha desatado pasiones en España que ni Brad Pit y George Clooney juntos.

Con esa barba que las vuelve locas.

Aunque no vais a creer lo que uno puede encontrar dentro. De la barba.

(Photo by Oscar Gonzalez/NurPhoto via Getty Images)

Porque en todas las barbas -sí, y en la de Can Yaman también- hay cosas muy, muy, raras. Cosas que, digamos, no deberían estar ahí. Gérmenes, bacterias y… atención… excrementos. Sí. Caca.

Por partes. Nos podemos imaginar que en barbas, perillas y bigotes se cuelan trozos microscópicos de alimentos –una esquirla indetectable de pollo frito, un trozo invisible de macarrón, la gota de la gota de la gota del café con hielo-. Bueno, venga, aceptemos eso. Normal que algún trozo pequeñísimo de comida acabe perdiéndose entre el matojo barbero.

Ojos que no ven, corazón que no siente.

Aceptemos también que la inmensidad del matojo facial masculino absorbe la contaminación como una esponja. Eso no se puede evitar. O que partículas invisibles de saliva salen despedidas de sus bocas cada vez que hablan, y que alguna queda atrapada entre los pelos. O que cada vez que estornudan  algunos de esos mocos, gérmenes y saliva que expulsan a 70 kilómetros hora se queda atrapados en la tupida red de pelos que hay entre su nariz y el  mundo.

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Sumando sumando, entre unas cosas y otras, cada barba tiene de promedio 20.000 seres extraños que no deberían estar ahí.

Sí, también la de Can Yaman.

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En un estudio hecho en Estados Unidos se han encontrado en las barbas masculinas -incluso en esas que algunos cuidan con mimo, suavizándolas con acondicionador de cabello- más restos que en las teclas de ordenador, los pomos de una puerta o en la taza del wáter -que, por cierto, están más limpias que un paño de cocina-.

¿Cómo han llegado hasta allí?

Esas manitas con las los seres humanos tocamos muchas cosas. Todo el rato. Todo el día.  Y nos vamos pasando gérmenes los unos a los otros.

Así que, como estamos rodeados, dejemos en paz a las barbas. Eso sí, un poco de jabón en la ducha no vendría mal.