Camilla de Cornualles: de enemiga del pueblo inglés a ganarse el respeto y ser la futura reina consorte

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Photo credit: Getty Images
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Camilla de Cornualles, llamada a ser la futura reina consorte de Reino Unido, fue también durante un tiempo la mujer más odiada del país. Corría la década de los 90 cuando Camilla Parker Bowles fue culpada de la ruptura matrimonial de Diana de Gales y el príncipe Carlos por parte de la prensa sensacionalista. En lugar ser la villana, podría haber sido la protagonista de una historia de amor de cuento si no se hubieran tenido que enfrentar a muchos de los planes que otros tenían para ellos.

"¿Sabía usted que mi bisabuela y su tatarabuelo fueron amantes?": esta es (supuestamente) la primera frase que Camilla le dijo a Carlos cuando se conocieron. Apenas diez palabras capaces de encerrar esa predestinación que siempre ha sobrevolado la historia de amor de ambos. Una historia que de fácil iba a tener poco.

Camilla era hija de un noble y oficial del ejército británico, y pudo disfrutar de una buena educación entre Londres y Suiza que le permitió codearse con la nobleza y la alta aristocracia desde niña. Fue precisamente un partido de polo el que unió a ambos: Camilla tenía 23 años y descubrió en el heredero a la Corona un hombre con el que tenía muchas cosas en común, desde su gusto por el polo, la caza y el campo hasta un fino sentido del humor que les ha hecho resistir a todas las dificultades.

Ambos empezaron a verse, pero Carlos tuvo que marcharse a servir en la Royal Navy y, a su vuelta, Camilla estaba comprometida con Andrew Parker Bowles. Ella se casó y tuvo dos hijos, pero la sintonía con el príncipe Carlos era más que evidente, continuaron siendo amigos y el heredero se convirtió en el padrino de su hijo Tom.

Photo credit: Frank Barratt - Getty Images
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Camilla no era del agrado de la Familia Real, que sabía que ella ya se veía con Andrew antes de conocer a Carlos y además, era católica. Bruce Shand, el padre de Camilla, veía a Parker Bowles con buenos ojos y poco más hizo falta para que el matrimonio se llevara a cabo.

Tras salir brevemente con su hermana, Lady Sarah Spencer, Carlos finalmente encontraría en Diana de Gales la candidata que parecía perfecta para todos (aunque quizás no a sus propios ojos). En junio de 1981, solo unos meses después de empezar a salir, ambos Lady Di y el príncipe Carlos se casaban en una gran y multitudinaria boda. Camilla fue una de las invitadas. El paso de los años no había hecho sino fortalecer su amistad, su entendimiento era absoluto y la relación entre ambos parecía no haberse dado un descanso a pesar de sus matrimonios.

Photo credit: Tim Graham - Getty Images
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Una historia a tres bandas

El triángulo amoroso que ha marcado la monarquía británica en la década de los 80 y 90 estaba en marcha. Camilla y Diana no fueron enemigas desde el primer momento, sino todo lo contrario. Llegaron a compartir ocio y Lady Di encontró en ella una mujer que le daba buenos consejos y con la que se entendía. Pero la amistad no duró. Todo apunta a que, tras el nacimiento del príncipe Harry, Carlos se acercó aún más a Camilla, confirmándose a sí mismo que la mujer con la realmente quería compartir su vida era ella. En 2005, The Guardian publicaba un artículo en el que el experto en temas de la realeza Andrew Morton aseguraba que Diana llamaba a Camilla 'la Rottweiler'. La rivalidad era un hecho.

Photo credit: PA Images - Getty Images
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Durante todos esos años Camilla llevó con discreción su amistad con el heredero, pero no pudo esquivar el acoso de la prensa en un país en el que los juicios paralelos mediáticos están a la orden del día (solo hace falta fijarse en el acoso sufrido por Meghan Markle). En 1992 estalló el 'Camillagate', las conversaciones telefónicas entre ella y Carlos en las que se demostraban su amor y quedaba claro que eran pareja.

Según The Telegraph, Diana ya le había hecho saber en una fiesta en la que se encontraron en 1989 que estaba al tanto de la relación entre ella y su marido. "Tienes todo lo que siempre quisiste. Tienes a todos los hombres del mundo enamorados de ti y tienes dos hermosos hijos, ¿qué más quieres?", contó que le había dicho Camilla. Ella respondió de manera rotunda: "Quiero a mi esposo".

Camilla guardó silencio. Carlos dijo en el documental de televisión realizado por Jonathan Dimbleby en 1994 que ella era "una gran amiga desde hace mucho tiempo y lo seguiría siendo durante mucho tiempo". Pero esa explicación era poca cosa para la prensa, que se ensañó con ella y la culpó de la ruptura de Carlos y Lady Di (que aseguró en una célebre entrevista de televisión con Martin Bashir que 'eran tres en su matrimonio').

Camilla fue bautizada como 'destructora de matrimonios', la gente la increpaba por la calle (incluso le llegaron a tirar panecillos al pasar por un supermercado local, según recogía el Daily Mail) pero durante años demostró ese carácter sereno del que siempre ha hecho gala y una resistencia encomiable a todo tipo de comentarios y acusaciones. En 2017 concedió una entrevista a ese rotativo en la que decía: "Fue horrible. Fue un momento profundamente desagradable y no me gustaría hacer pasar por ello ni a mi peor enemigo. No podría haber sobrevivido sin mi familia".

Ambos terminarían divorciándose con apenas un año de diferencia (ella en 1995 y él en 1996, aunque su separación se había producido cuatro años antes). Highgrove House, la casa de campo del príncipe Carlos, se convirtió en su particular 'rincón del mundo' donde el ruido mediático se apagaba y eran solo ellos, dos personas que, tras casi tres décadas de relación intermitente, veían posible una vida en común.

El plan no era otro que ir paso a paso conquistando pequeñas batallas: Carlos organizó una fiesta a Camilla por su 50 cumpleaños, ella comenzó a realizar actividades benéficas, empezando por su apoyo a la Sociedad Nacional de Osteoporosis, enfermedad de la que había fallecido su madre. Pero en 1997 fallecía Diana en un accidente de tráfico en París y los planes cambiaban de nuevo. Los británicos lloraban la muerte de la 'Princesa del Pueblo' y era momento de ir despacio a la hora de conquistar terreno público y normalizar una relación que buscaba salir de los muros de las residencias reales.

Camilla se ganó el afecto de los príncipes William y Harry, pero quedaba Isabel II, que no terminaba de aprobar la relación. En 2000, la monarca aceptó asistir a una fiesta en Highgrove en la que sabía que estaría ella, y se interpretó como una aprobación implícita de un noviazgo más largo de lo deseado.

Tres años más tarde, la pareja se instalaba en Clarence House a la par que Camilla iba ganando presencia en los actos públicos de la familia real. En 2005, la pareja se casó con el príncipe William como padrino. Aunque la reina no acudió a la ceremonia, sí estuvo presente en la fiesta, y otorgó a Camilla el título de duquesa de Cornualles.

Photo credit: Tim Graham - Getty Images
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El tiempo ha dado la razón a la pareja, casi cinco décadas después de conocerse. Pasaron la cuarentena del Covid en Birkhall, su casa en Escocia. Y 2022, coincidiendo con la celebración del Jubileo de Platino de Isabel II, ha servido para que Camilla reciba el respaldo definitivo de la monarca, que en un comunicado sin precedentes anunció que su deseo es que Camilla sea reina consorte. Su presencia en el balcón junto al príncipe Carlos, William y Kate, y sus tres hijos, deja claro quién forma parte del núcleo duro de la familia real.

Este 17 de julio, Camilla cumple 75 años. Otra cifra redonda para celebrar una vida que quizás ella no hubiera imaginado ni de lejos tras aquel partido de polo que la llevó a conocer al heredero al trono y que le permitió fraguar una amistad a prueba de opiniones, títulos y acontecimientos que se ha terminado convirtiendo en una gran historia de amor y que hará que su nombre forme parte de la historia de la monarquía británica como reina consorte.

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