La caída en picado de 'Estoy vivo' pese a la calidad de la serie

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Estoy vivo es una de las series más vibrantes que se han emitido en Televisión Española (TVE). Una ficción de identidad propia, emociones fuertes y diálogos inteligentes entre personajes que siempre son llevados al límite. Desde su estreno el 7 de septiembre de 2017 esta producción que conjuga la investigación policial con la acción, la intriga, y los elementos sobrenaturales, se ha erigido como una de las grandes apuestas de la cadena pública. Una historia de calidad que, sin embargo, el público ha dejado de respaldar.

El share de la cuarta temporada, actualmente en emisión, no deja de caer en picado hasta el punto de que los últimos episodios han marcado un mínimo histórico. Unos malos datos de audiencia que inevitablemente dejan en el aire el futuro de esta gran apuesta televisiva.

Raul Guerrero; RTVE
Raul Guerrero; RTVE

Bajo mi punto de vista Estoy vivo es la serie en mayúsculas de TVE. Una ficción policíaca diferente, con dosis de acción, comedia y tintes sobrenaturales que desembarcó en la pequeña pantalla con una potente carta de presentación. La pérdida era su punto de partida y ya, de primeras, nos invitaba a reflexionar sobre qué haríamos con tal de tener una segunda oportunidad en la vida. Pero no solo el arranque resultó acertado, sino que durante las cuatro temporadas emitidas ha desarrollado tramas tan sugerentes como hilarantes que van desde los intentos del protagonista, Márquez, por reconquistar a su familia en otro cuerpo, hasta la lucha de los personajes principales contra cualquier enemigo. Además, cada cliffhanger supone un enganche infalible constante.

Más allá de la exquisita mezcla de géneros y del acierto en el argumento, este ambicioso título creado por Daniel Écija (sello de éxito en la ficción nacional) cuenta con un elenco perfecto liderado por el siempre impecable Javier Gutiérrez y Alejo Sauras. Sin embargo, y a pesar de que nos encontramos ante uno de los productos de mayor calidad de la televisión en abierto, de un tiempo a esta parte Estoy vivo no termina de cuajar entre la oferta que ocupa la parrilla de cada miércoles por la noche.

Para comprender el hundimiento televisivo de esta serie basta con echar mano de los datos de audiencia. Estoy vivo desembarcó en TVE con un aprobado para la primera temporada (2017) que sumó un promedio de 14.1% . Los 13 episodios de aquella primera tanda rodaron un share que oscilaba entre el 17.3% y el 11.9%. La segunda comenzó a bajar con promedio total de 11.5% en 2018, manteniendo su declive en la tercera tras firmar una cuota de pantalla de 9.2%. 

Y este año, con su cuarta temporada, el resultado ha ido empeorando. Marcó su mejor dato con el capítulo de estreno, titulado El apagón, con 1.306.000 espectadores y un share del 7.9%. Sin embargo, y desde entonces, los números han caído en picado. Desde el quinto episodio no ha habido repunte, cosechando su peor marca histórica con el escueto 4.9% que hizo el octavo emitido el 5 de mayo, mientras que el último capítulo del miércoles 12 de mayo ha marcado un pobre 5.1% y 836.000 espectadores. Y es que la décima entrega de Rocío. Contar la verdad para seguir viva, la serie documental de Rocío Carrasco, ha liderado la noche en Telecinco con un 25.3% de share, seguido de la serie turca Mujer que ha firmado un 15.3% en Antena 3.

Raul Guerrero; RTVE
Raul Guerrero; RTVE

He de decir que Estoy vivo es un acierto de serie pero, quizás, haya rizado el rizo demasiado. Es probable que la historia hubiera dejado mejor sabor de boca si su desenlace ya se hubiera producido. Y es que si bien el montaje no ha perdido las señas de identidad que le engrandecieron en su inicio, sigue explotando el género policiaco y el fantástico sin faltarle pinceladas de humor, la última temporada está comenzando a perder peso poco a poco. En otras palabras, el desplome no se explica únicamente porque existe una fuerte competencia en la parrilla televisiva.

Primero se nota demasiado la ausencia de Anna Castillo, por mucho que los guionistas se hayan empeñado en tener todo el día en la boca a Susana Vargas añadiendo con calzador el personaje adulto de su hija Adriana, interpretada por Guiomar Puerta, que en la tercera tanda era un bebé. Y, segundo, porque el giro de esta cuarta temporada tras un apagón mundial se percibe demasiado forzado. Dicho de otro modo, la existencia de una nueva organización, La Hermandad, que pone en peligro la existencia de La Pasarela, resulta un embrollo. 

Entre la fuerte competencia, una historia que a pesar de ser efectiva comienza a pedir pinceladas nuevas de frescura y el declive evidente entre el público con cada temporada, todo apunta a que la serie podría estar condenada a la cancelación, o a un final repentino que posiblemente desvirtúe a la que comenzó siendo una de las grandes ficciones del panorama nacional actual. Una lástima. Pero la realidad es la que es. El montaje no ha cejado su cóctel explosivo pero, desde luego, sí que ha ido perdiendo un poco su magia. Y a estas alturas del cuento cualquier error se paga caro. No obstante, yo espero que si finalmente se hunde en la cadena pública alguna plataforma de pago pueda retomar su historia.

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