¿Café o té?, ¿son incompatibles o no?

¿Eres más de carne o pescado?, ¿de montaña o de playa? Y digo yo: ¿por qué hay que elegir pudiendo tener lo mejor de cada momento? Lo mismo pasa con los amantes del té y los del café, ¿acaso no pueden ser la misma persona, disfrutando tanto de uno como de otro dependiendo del momento o del caso? Desde Kaiku, especialista en café frío para llevar, nos explican que cada bebida tiene su momento (y que en algunos casos, las dos pueden ir de la mano).

(Foto: Wikipedia)

El café, para madrugar/el resto del día, té. Hay que tener en cuenta que los españoles dormimos menos horas de sueño que el resto de europeos, lo que nos convierte en madrugadores que necesitan de más empuje para comenzar el día. Por esta razón el café se convierte en la bebida favorita para inicio de la jornada en nuestro país. Su aporte de cafeína permite despertarnos de manera efectiva. Por su parte, el té ayuda a mantener los niveles de actividad durante el resto del día debido a su contenido en cafeína, más moderado.

El té mejora la concentración. El té verde, por ejemplo, contiene un aminoácido denominado L-teanina, que proporciona un estado de relajación. Al combinar el té con el café, con un alto contenido en cafeína, la L-teanina funciona como contrapeso del café y mejora la concentración, haciendo que ambas bebidas pueden alternarse entre horas, complementándose perfectamente.

El té hidrata más que el café. Como ya comentábamos antes, una taza de té tiene la mitad de cafeína que una de café. Por tanto, el té no tiene ese efecto deshidratador que sí podemos asociar al café. En realidad, en una taza de té, prácticamente el 99% es agua, por lo que en verano, y si queremos refrescarnos, es una opción más conveniente.

(Foto: Pexels)

La leche acompaña bien a los dos. La leche es una gran fuente de vitaminas y calcio, con lo que complementa a ambas bebidas, haciendo que aumente su capacidad nutritiva. Además, la cremosidad de la leche potencia tanto el sabor de uno como de otro.

El café, ideal para la siesta; el té, la elección para antes de ir a dormir. El café se hace con el puesto de complemento perfecto para la siesta, mientras que el té ayuda a conciliar el sueño, ya que sus componentes relajantes preparan para la noche. El café, por otro lado, activa el cerebro después de la siesta, con lo que nos despertamos en mejor disposición de seguir la jornada.

El azúcar, ni en uno ni en otro. Los muy cafeteros siempre explican que, para degustar un buen café, no hace falta añadir azúcar en ningún caso. Lo mismo sucede en el caso del té: si queremos apreciar todas sus propiedades conviene prescindir del azúcar o, al menos, no abusar de él para que no enmascare los sabores.

¿Juntos, por qué no? Aunque arrastran la etiqueta de incompatibles, esto no es cierto. Cada año surgen distintas maneras de tomar ambos e incluso de disfrutarlos juntos. Es el caso del té Yuanyang, originario de Hong Kong, y que se prepara mezclando tres partes de café con siete partes de té negro con leche. La prueba fehaciente de que también funcionan mezclados.