Caeleb Dressel, el mejor nadador del mundo, admite su parón por salud mental: "He sido feliz sin natación"

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Photo credit: Tom Pennington - Getty Images
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Después de ganar dos medallas de oro en el relevo 4x100 metros libres y los 50m mariposa, Caeleb Dressel abandonó por sorpresa el Mundial de Budapest de natación. Ocurrió el pasado 22 de junio. Tras la clasificación de por la mañana, no apareció en las semifinales de los 100m libres, la prueba reina, la que le iba a medir al rumano de 17 años David Popovici, el fenómeno del que más se ha hablado en las piscinas profesionales durante este verano.

Popovici entonces solo era una seria amenaza, que en estos meses se ha convertido en realidad. En Budapest, sin la oposición de Dressel, logró un improbable doblete en 100 y 200m libres, dos distancias que no suelen compartir un dominador, que amplió en el Europeo de Roma, donde batió el el récord mundial de Dressel por una décima, con 46,86s, y dos días después, en el Ferragosto del Foro Itálico, se acercó al de 200m con 1:42.97, a una centésima de Phelps y a 97 de los 1:42 exactos del alemán Paul Bidermann, un récord mundial logrado en la misma piscina romana en 2009, el verano de los bañadores mágicos que fueron prohibidos y que explican que un nadador secundario lograra ese registro imposible. Popovici sigue con la caldera a tope estos días en el Mundial junior de Perú, donde ha arrasado en 100, 200 y el relevo 4x100m de crol.

Una depresión tras los Juegos Olímpicos

Pero hablábamos de Dressel, que buscaba hasta siete oros en Budapest y se marchó con un escueto comunicado de la federación de Estados Unidos que decía que se retiraba de la competición por motivos de salud que no estaban relacionados por la Covid. Un enigma, aunque todo hacía indicar que detrás estaba su frágil situación mental. El nadador de 26 años había confesado que tras ganar cinco oros en los Juegos Olímpicos de Tokio (50 y 100 libre, 100 mariposa, 4x100 libre y 4x100m estilos), sintió el vacío, encerrado en su cuarto con las persianas bajadas y sin querer comer, una depresión que empezó a superar tras la Navidad.

"No era justo conmigo mismo. Acababa de ganar cinco oros en el escenario más grande y solo pensaba en que debería haber nadado más rápido. Me sentía perdido. Quería dejar el agua, que era el único sitio donde me encuentro a gusto", contó entonces Dressel, que ha tenido que cargar con la pesada herencia de llevar la bandera de la natación estadounidense tras la retirada en Río 2016 de Michael Phelps, el más grande, con un abanico de pruebas y especialidades bastante más reducido.

Dressel cambió de entrenador. De Gregg Troy a Anthony Nesty, el entrenador de la Universidad de Florida, y así se plantó en la capital húngara. En el último Mundial, el de 2019 en Gwanju (Corea del Sur) se había colgado siete oros y una plata. La proliferación de nuevos relevos mixtos, en los que Estados Unidos solo encuentra la oposición de Australia, y la incorporación de los 50m mariposa, fuera del programa olímpico, hacían pensar que en Budapest podría lograr una hazaña similar.

Y sin embargo, la espantada, que nunca fue explicada hasta este domingo, cuando Dressel compartió una publicación en Instagram con varias fotos de su verano. "No he nadado desde el Mundial, y honestamente puedo decir que he sido feliz sin natación, aunque en realidad lo echo de menos. Algunas cosas he hecho. Me fui de luna de miel a Islandia, compré un tractor, hice un tramo del sendero de los Apalaches, nadé con manatíes. Sé que puedo tener natación y felicidad. Los tuve a ambos en un momento de mi vida y estoy trabajando en ello. Si necesitas un descanso, tómatelo. Volveré", promete en su mensaje.

El mensaje, algo enigmático, parece confirmar que su salida de Budapest se debió a una cuestión de salud mental, como ya le ocurrió a otra estrella del deporte, Simone Biles, en los Juegos Olímpicos de Tokio que tendrían que haberle consagrado como la mejor gimnasta de la historia con permiso de Nadia Comaneci. Por su figura y el escenario, su retirada logró un impacto mediático bastante mayor que la de Dressel, y quizá por ello sus explicaciones y su forma de hablar de manera bastante más abierta de sus problemas.

Ese 'volveré' parece dejar claro que Dressel seguirá en la natación, que el verano que viene tiene programado otro Mundial en Fukuoka. Siempre que su cabeza lo permita.