Cae Mariupol: por qué es tan importante la primera gran victoria de Putin en Ucrania

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Soldados rusos descansan en mitad del asedio a la acería de Azovstal, el pasado abril.  (Photo: SOPA Images via Getty Images)
Soldados rusos descansan en mitad del asedio a la acería de Azovstal, el pasado abril. (Photo: SOPA Images via Getty Images)

Soldados rusos descansan en mitad del asedio a la acería de Azovstal, el pasado abril.  (Photo: SOPA Images via Getty Images)

Después de casi tres meses de ataques implacables, Mariupol ha caído. El ejército de Ucrania dice que su misión de combate en el puerto sitiado ha terminado, ha dado la orden de salvar las vidas de los combatientes que aún quedaban en la acería de Azovstal y entrega así -aunque rechace el término- la primera gran victoria a los de Vladimir Putin en esta contienda.

Ya no podía estirarse más la agonía. Ha sido el mayor símbolo de la brutalidad del cerco ruso y, también, el mejor ejemplo de resistencia, resiliencia o terquedad tanto de los uniformados como de los ciudadanos ucranianos, esos que iban a bailar el agua al Kremlin en 48 horas y aún siguen sin ceder. Ahora la urgencia está en saber cómo se encuentran los vecinos que aún quedaban dentro de esta capital -que un día tuvo casi medio millón de habitantes y donde ahora hay una quinta parte si llega-, y el destino de los miembros del Batallón de Azov, los últimos en dejar el refugio de la fábrica.

Ante el futuro incierto, queda el análisis. Cómo ha sido el asedio, por qué ha sido clave en esta “operación especial” rusa, qué importancia tiene que cambie de manos.

De dónde veníamos

Antes de esta guerra, Mariupol era un centro de industria pesada que ya en 2014 quedó en manos rusas de forma breve, durante el inicio de la guerra por el levantamiento de los prorrusos de Donetsk y Lugansk y la anexión de Crimea. Desde entonces, había vivido choques, ataques y redadas, que se alejaron conforme el frente de batalla lo hizo. El sonido de la artillería era diario, pero lejano, así que la ciudad se convirtió en la nueva capital del Donetsk en manos ucranianas, porque la Donetsk de siempre estaba en manos rebeldes. Con esta etiquete, Mariupol ganó en atención y en recursos del Gobierno de Kiev, con inversiones en infraestructuras poco comunes en el resto del país. Ahora son escombros, pero ahí estaban las instalaciones deportivas, las obras del paseo marítimo, los parques, los centros tecnológicos, los polígonos industriales.

La ciudad ha sido no capturada, sino reventada. Y sus ciudadanos sostienen que, empapando todas las demás razones para estar en la diana, está la envidia. “Si nosotros vivimos en la mierda, también tú vivirás entonces en la mierda”, le dijo un soldado a un vecino que escapaba de la ciudad y se lo contó a la BBC. Un soldado que había quedado en el lado prorruso, viendo la prosperidad del otro lado. La base de su población era innegablemente cercana a Moscú: más del 50% se describía en 2021 como “rusa”, según el Centro de Indicadores Sociales de Kiev. Otros tanto se aplicaban el término “soviético” antes que “europeo” (menos del 20%). Pero tener afinidad con alguien, un pasado común, no quiere decir que te guste que te invadan y hagan polvo tu vida. Putin no contó con que esa compleja identidad local se le volvería en contra.

El asedio

Las Inteligencias de Estados Unidos y Reino Unido tuvieron claro que Mariupol era un objetivo esencial ya en las primeras horas del 24 de febrero pasado, cuando se dio la orden de atacar. Las tropas rusas fueron a por la carretera de Chonhar, determinante porque va de Crimea al este de Ucrania, donde Rusia quiere establecer un corredor bajo su pleno control. Y de ahí, a Mariupol.

El periodista local Ivan Stanislavsky montó como pudo un diario de aquellos momentos y da cuenta en sus aterradoras entradas de cómo pronto se descompuso la situación, desde que el 2 de marzo empezó la asfixia constante. “Todo se va rompiendo a nuestro alrededor”, “Ha llegado la edad de piedra”, “nos hemos quedado sin ciudad”, iba relatando, conforme se apretaba el cerco, rápido como ninguno en Ucrania. Explica que a la semana se vino abajo el suministro de agua y de luz, y que en menos de 15 días no quedaba en pie ni una infraestructura importante, desde puentes a vías del tren, pasando por puntos clave de abastecimiento, logística y energía. “Fue en días. Era otra ciudad”, constata.

A los seis días, las autoridades ucranianas ya denunciaban una “catástrofe humanitaria”. Hasta 36 refugios antiaéreos dieron cabida a más de 12.000 personas; después de la independencia en 1991, nadie pensó mucho en ellos, estructuras soviéticas inservibles. Eso parecía. En 2014 resultaron ser útiles. En 2022, más.

En el resto del mundo empezamos a poner Mariupol en el mapa por culpa del ataque a la maternidad, del 9 de marzo, que dejó una de las primeras imágenes icónicas de la guerra, de las historias virales: la embarazada que muere, la embarazada que vive y da a luz. Hubo tres muertos y casi 20 heridos.

Personal de emergencia evacúa a una embarazada tras el ataque a la maternidad de Mariupol. La mujer tenía una herida en la pelvis y acabó muriendo, junto a su bebé.  (Photo: via Associated Press)
Personal de emergencia evacúa a una embarazada tras el ataque a la maternidad de Mariupol. La mujer tenía una herida en la pelvis y acabó muriendo, junto a su bebé. (Photo: via Associated Press)

Personal de emergencia evacúa a una embarazada tras el ataque a la maternidad de Mariupol. La mujer tenía una herida en la pelvis y acabó muriendo, junto a su bebé.  (Photo: via Associated Press)

El 14 de marzo se produjeron las primeras evacuaciones de civiles, el mismo día en que se reportaron las primeras fosas comunes masivas, apenas documentadas por algunos cooperantes y periodistas locales. El día 16 de ese mes se atacó el teatro de la ciudad. Había más de 600 personas refugiadas en él, personas que no se salvaron, como ha denunciado luego una investigación sobre el terreno de la agencia AP.

Tres días más tarde se relatan las primeras deportaciones forzosas, civiles enviados a zonas controladas por los prorrusos o directamente a suelo ruso, de las que se sabe poco o nada. Dice Kiev que fueron entre 15.000 y 20.000. Que no se fueron por simpatía, sino porque necesitaban alimento, agua y medicinas. Por desesperación, vaya. Hay filtraciones a prensa occidental sobre supuestos campos de filtración donde estas personas fueron alojadas. Es un agujero negro informativo a día de hoy.

Cumplido un mes de la ofensiva, los muertos ya eran 5.000, el 90% de los edificios residenciales de la ciudad estaban dañados, el 60% recibieron impactos directos y el 40% están destrozados. También resultaron dañados siete hospitales (tres destruidos), tres alas de maternidad (una destruida), siete institutos de enseñanza superior, 57 escuelas y 70 guarderías, de acuerdo con una fuente gubernamental citada por la CNN. No hablamos de bases militares, hangares, cuarteles...

Aún hubo que esperar hasta finales de marzo para que se abriera el primer corredor humanitario para dar salida a los sitiados. El 18 de abril se inició el asalto a la acería de Azovstal, donde se encontraban militares y civiles; estos últimos pudieron salir la semana pasada, dejando escenas estremecedoras: personas que veían el sol por primera vez en casi tres meses y que salían a una ciudad, la suya, que ya no existía.

Así, hasta que bajaron los brazos los del Regimiento Azov, que surgió en 2014 como una milicia voluntaria muy eficaz, con afiliaciones innegables de extrema derecha y, en algunos casos, neonazis, antes de incorporarse a la Guardia Nacional de Ucrania. Mariupol había sido, de hecho, el hogar espiritual del regimiento. Era el lugar en el que resistir. Hasta que ya no se ha podido más. Ahora está por ver si estos uniformados son canjeados por otros prisioneros rusos en manos de Ucrania (que es lo que dice Kiev) o sometidos a juicio (que es lo que dicen los gestores prorrusos de la zona del Donbás). Tenían que salir. Quedaba la muerte segura en la acería, ahora queda el destino incierto en territorio ruso.

Sostiene la viceministra de Defensa ucraniana, Hanna Malyar, que gracias a la defensa civil y militar de Mariupol se ha impedido que Rusia despliegue cerca de 20.000 soldados en otros frentes. Un dato que Moscú no confirma y que es difícilmente verificable. Pero sí está claro que los esfuerzos que los rusos han tenido que hacer en la zona les han impedido poner toda la carne en el asador en otros lugares, con el flanco ya asegurado. Mariupol protegiendo al resto.

Hasta el momento, bajo su control no estaba ninguna urbe importante del país, sólo una media, Jersón (282.817 habitantes), que va a pedir su incorporación a Rusia ahora que hay un prorruso al mando y donde se han reemplazado los canales de televisión ucranianos por canales rusos.

Qué gana Putin sobre el terreno

Anne Claessen, investigadora del Real Instituto Superior de Defensa belga, explica que Mariupol “parece pequeña en tamaño, pero es determinante por su posición”, porque hasta ahora “se interponía obstinadamente en el camino de las fuerzas rusas que habían irrumpido en la península de Crimea” y ahora “ya no hay tapón alguno”. “En las últimas semanas, las tropas rusas han estado avanzando hacia el noreste para tratar de vincularse con sus camaradas y aliados separatistas ucranianos en la región de Donbas. Esto les abre el camino”, indica.

“Cuando los rusos sientan que han concluido con éxito esa batalla, habrán completado un puente terrestre desde Rusia a Crimea y verán esto como un gran éxito estratégico”, añade. Es, recuerda, el principal propósito de Putin con esta guerra, más allá de su reivindicación de “desnazificar” el país y el Gobierno de Volodimir Zelenski o de alejar sus pretensiones de entrar en la OTAN. Al apoderarse de Mariupol, sostiene la analista, “Rusia también termina con el control total de más del 80% de la costa del Mar Negro de Ucrania, cortando su comercio marítimo y aislándolo aún más del mundo”.

A Putin los planes no le han salido como esperaba, no ha tenido un paseo militar, y por eso ha hecho lo posible por asegurarse esta victoria “como fuera”, incluso con métodos “medievales”, como dejar a su población sin víveres. “Ha golpeado Mariupol con artillería, cohetes y misiles, dañando o destruyendo gran parte de la ciudad; no había luz, agua potable, medicinas... Podíamos haber llegado a una rendición por hambre si no se hubieran logrado las evacuaciones. En pleno siglo XXI”, remarca. No es nuevo, Rusia sabe de asedios así en Chechenia o Siria.

Calcula que, con el triunfo en Mariupol, Rusia podrá recuperar los efectivos que tenía allá comprometidos. Su previsión es que ahora los mande al noroeste, para rodear y destruir a las las fuerzas armadas regulares de Ucrania que luchan contra los separatistas del Donbás, o hacia el oeste para avanzar hacia Odesa -que está siendo diana de bombardeos intensos y que sería la última gran salida restante de Ucrania al Mar Negro- o incluso hacia Dnipro, una de las ciudades donde más civiles de Mariupol se habían ido concentrando. En cualquier caso, un obstáculo desaparece y permite el movimiento libre de tropas rusas por el continente, hasta ahora no disfrutado.

También hay un daño económico importante que hay que tener en cuenta, añade la experta: Mariupol ha sido durante mucho tiempo un puerto estratégicamente importante en el Mar de Azov, parte del Mar Negro, con muelles enormes, profundos, al lado de una fábrica de hierro y acero clave en el este de Europa. En tiempos de paz, Mariupol era un centro de exportación clave para el acero, el carbón y el maíz de Ucrania que iba a clientes de todo el mundo, vía Oriente Medio sobre todo. Ya se había resentido su negocio con la guerra de 2014, pero ahora lo pierde todo. Un gran golpe para lo que queda de la economía de Ucrania.

Servicios de emergencia, retirando escombros de un edificio bombardeado en Mariupol. (Photo:  via AP)
Servicios de emergencia, retirando escombros de un edificio bombardeado en Mariupol. (Photo: via AP)

Servicios de emergencia, retirando escombros de un edificio bombardeado en Mariupol. (Photo: via AP)

Una medalla de propaganda

La Brigada Azov, con sus extremistas de extrema derecha, incluidos neonazis, es el mejor ejemplo con el que cuenta Putin para confirmar ante su público que, efectivamente, en el país vecino hay nazis a los que había que parar. Clave en su argumentario de la guerra. Aunque forman sólo la fracción más pequeña de las fuerzas de combate de Ucrania, aunque la resistencia de Mariupol no haya sido sólo cosa suya, Moscú tiene con su fin un pretexto para decirle a la población rusa que los jóvenes que ha enviado a luchar en Ucrania están allí para liberar una zona ocupada por fascistas. Insistió mucho en ello el mandatario el pasado 9 de mayo, en su intervención por el Día de la Victoria contra los nazis de verdad, los de Adolf Hitler, en 1945.

Es probable que estos uniformados vivos, heridos, desfilen en los medios controlados por el estado ruso como parte de la guerra de información en curso para desacreditar a Ucrania y su gobierno. Una medalla de propaganda que llega para Putin en el mejor momento, porque la guerra está enquistada, no hay negociaciones que avancen y se ha visto en la Plaza Roja sin una triste victoria que llevarse al discurso.

La moral alta es esencial en cualquier contienda y este golpe de efecto tendrá, a la fuerza, efectos a los dos lados de la frontera. Buenos para Moscú, malos para Kiev. Putin, para quien esta guerra parece ser muy personal, verá en este logro un significado histórico, porque entiende que la costa del Mar Negro pertenece a la llamada Novorossiya (Nueva Rusia), las tierras rusas que se remontan al imperio del siglo XVIII. El presidente quiere revivir ese concepto, “rescatando a los rusos de la tiranía de un gobierno pro-occidental en Kiev”, como él lo ve. Mariupol se interponía en su camino para lograr ese objetivo, que puede llevarle incluso a Transnistria, en Moldavia.

Para los ucranianos, que pese a todo han mantenido el ánimo vista su fortaleza ante los rusos, desde los civiles armados en las primeras horas a la ayuda internacional en forma de armas sin la que no se habrían sostenido, el golpe es duro. No sólo en lo militar, en lo geográfico, en lo económico, sino en lo anímico, porque se acaba una lucha calificada por todos como heroica y se tiene ahora la certeza de que caen hasta las torres más altas. La primera ciudad importante en caer ante los rusos. Disuasión en marca.

Mariupol da paso a un escenario incierto, como en el resto del país, por otro lado. La semana pasada, la prensa proPutin sugirió que el más probable es el de una victoria rusa limitada. Eso significa que Rusia tomará supuestamente el control de las regiones de Lugansk y Donetsk en su totalidad, más el corredor terrestre a Crimea, pero también la toma de otras ciudades ucranianas como Odesa y Dnipro. Eso todavía está lejos, a tenor de los partes de guerra diarios. La OTAN dice que Ucrania aún puede ganar. De momento, se ha apuntado una dolorosa derrota.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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