Cómo actúan el tabaco y el alcohol en el páncreas

Cada año se diagnostican 2.500 nuevos casos de pancreatitis crónica en España

El tabaco es tan tóxico y agresivo para el páncreas como el alcohol. (Foto: Getty Images)

En España se dan 50 casos por 100.000 habitantes, es decir, unas 23.500 personas sufren pancreatitis crónica en España, y se diagnostican alrededor de 2.500 nuevos pacientes de esta patología digestiva al año en nuestro país.

Aunque esta enfermedad se relaciona con el consumo de alcohol, las últimas investigaciones han puesto sobre la mesa nuevos factores de riesgo como la herencia genética y, especialmente, el tabaco, que podría tener unos efectos sobre el páncreas todavía más graves que el alcohol o actuar como acelerador de su deterioro.

De hecho, el alcohol y el tabaco son la causa de entre el 75 por ciento y el 80 por ciento de los casos de pancreatitis crónica, una enfermedad grave, con tratamiento limitado y mortalidad elevada si el diagnóstico no se realiza en un estadio precoz.

No obstante, si se abandonan ambos hábitos se puede detener el curso de la enfermedad cuando se detecta en etapas tempranas.

Como decíamos, la pancreatitis crónica siempre se ha vinculado al consumo de alcohol, considerando que a mayor consumo, mayor riesgo de desarrollar la enfermedad.

Sin embargo, en los últimos años, la investigación científica ha demostrado que personas sin un alto nivel de consumo de alcohol también pueden desarrollar pancreatitis crónica.

“Este hallazgo nos ha llevado a la conclusión de que lo que define un mayor o menor riesgo de pancreatitis es la predisposición genética del paciente a padecer la enfermedad, además del alcohol consumido”, explica el Dr. Enrique Domínguez Muñoz, miembro de la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD) y jefe del servicio de Aparato Digestivo del Complejo Hospitalario Universitario de Santiago.

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El consumo moderado puede ser perjudicial para las personas con predisposición genética, y si además fuman, este hábito puede ser tanto o más importante para los daños causados al páncreas. (Foto: Getty Images)

Así, en los últimos años, también se han publicado estudios sobre los efectos del tabaco sobre el páncreas con independencia del consumo del alcohol. Los resultados muestran que el tabaco es al menos tan tóxico como el alcohol para el páncreas y, sobre todo, que acelera la progresión de la enfermedad.

El tabaco favorece la producción de tejido fibrótico y el riesgo del posterior desarrollo de cáncer de páncreas. Este nuevo escenario proporciona a los especialistas de Aparato Digestivo nuevas oportunidades terapéuticas.

El tratamiento clásico de la pancreatitis crónica se basa en la administración de insulina en los casos que desarrollan una diabetes y la administración, con las comidas, de fármacos que contienen las enzimas pancreáticas que el propio órgano no es capaz de producir.

“El tratamiento tradicional consistía en tratar los síntomas y actuar ante las complicaciones. Ahora el concepto ha cambiado y buscamos frenar la progresión de la enfermedad”, explica el Dr. Domínguez Muñoz.

La primera medida es atacar las causas de la enfermedad, es decir, aquello que produce la inflamación crónica del páncreas. El alcohol y el tabaco, o ambos, son la causa de entre el 75% y el 80% de los casos de pancreatitis crónica, por lo que la primera medida que el paciente debe adoptar es la abstinencia de ambos tóxicos.

“Los estudios nos han mostrado que cuando el paciente deja de beber y de fumar completamente y somos capaces de llegar a un diagnóstico en etapas tempranas de la enfermedad, ésta se detiene y así se evita el desarrollo de complicaciones”, afirma el experto.

No obstante, el abandono de tabaco y alcohol debe ser total, no es suficiente con disminuir su consumo.

El siguiente paso para inactivar la enfermedad pueden ser los nuevos tratamientos con antioxidantes, unos compuestos que pueden inactivar las células que producen la cicatrización y fibrosis de los tejidos del páncreas.

“Así, podemos detener el proceso por el cual se destruye el tejido funcional pancreático y se sustituye por tejido fibroso”, explica el Dr. Muñoz.

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Con una vida saludable, sin tabaco ni alcohol, se puede controlar la enfermedad. (Foto: Getty Images)

Por eso, este especialista en Aparato Digestivo considera que “es importante conocer más y mejor cómo funciona el páncreas, ya que así se podrían realizar avances importantes que faciliten el control de una enfermedad crónica que hasta ahora tenía un tratamiento limitado, basado no en resolver la enfermedad sino en dar respuesta a las complicaciones que provoca”.

El páncreas, un órgano fundamental para la vida

El páncreas realiza dos funciones básicas:

  1. Producir las enzimas que ayudan a la digestión y absorción de los alimentos.

  2. Generar dos hormonas fundamentales para mantener el nivel adecuado de glucosa en la sangre, la insulina y el glucagón.

Un mal funcionamiento del páncreas, por tanto, tiene consecuencias graves como el desarrollo de diabetes mellitus y de Insuficiencia Pancreática Exocrina, la cual impide realizar adecuadamente la digestión de los alimentos desencadenando problemas de malnutrición o desnutrición.

Según un estudio realizado en nuestro país, el 40 por ciento de los pacientes con pancreatitis crónica presentan Insuficiencia Pancreática Exocrina y, por tanto, malnutrición, y el 35 por ciento son diabéticos.

La pancreatitis se produce por una inflamación del páncreas y puede ser reversible (aguda) o irreversible (crónica). En ambos casos se produce una pérdida de las funciones del páncreas.

En la pancreatitis aguda los síntomas son muy llamativos: un fuerte dolor en la boca del estómago que lleva a que la persona se traslade a urgencias o al menos que vaya al médico. La prueba diagnóstica de referencia es una analítica en la que se examinan los niveles de enzimas pancreáticas y si están elevadas.

En la pancreatitis crónica el curso de la enfermedad es silencioso aunque puede debutar como una pancreatitis aguda. Da lugar a un dolor silente en la boca del estómago similar a una gastritis por lo que el enfermo suele tomar medicamentos (antes de visitar al médico) para mitigar el dolor. También pueden presentarse síntomas difusos como diarreas o pérdida de peso que hacen difícil reparar en el páncreas y que el diagnóstico se haga de forma tardía.

Con el paso del tiempo las complicaciones son mayores: insuficiencia pancreática, insuficiencia endocrina, malnutrición, osteoporosis, infecciones, riesgo de enfermedades cardiovasculares y pérdida de funcionamiento de la insulina con la consiguiente diabetes al evolucionar la enfermedad.

Según afirman los expertos hay pocos medicamentos que puedan controlar la enfermedad tanto como el dejar el tabaco y el alcohol. Actualmente se estudia el poder de los antioxidantes para controlar la inflamación y el aporte exógeno de enzimas pancreáticas en el caso de la insuficiencia pancreática.

La inflamación del páncreas se puede prevenir realizando una vida sana con dieta equilibrada y ejercicio físico. En los casos leves, el páncreas se restituye casi por completo pero en las graves se ha podido producir necrosis, aunque si queda una parte funcional el páncreas puede seguir funcionando.

“En la pancreatitis crónica no hay vuelta atrás, constituye un proceso inflamatorio establecido aunque con una vida saludable exenta de tabaco y alcohol se puede detener aunque no revertir el proceso inflamatorio y mejorar la calidad de vida”, concluye el experto.

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