Qué buscamos (de verdad) en una pareja

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Buscamos la pareja que creemos merecerdr

El otro día charlaba con amigas sobre el tema más trillado: últimos encuentros –y desencuentros– amorosos. Qué complicado encontrar a alguien con quien funcione. Si con este no ha funcionado, es lógico pensar que con ese otro –que es prácticamente la misma persona, pero con el pelo rubio–tampoco funcionará. Es lógico, pero no frecuente. Se nos da requetebién repetir patrones.

Cuando me llegó el turno, pasé revista a mi historial de relaciones y me di cuenta de algo. Todas las personas que me han atraído encajaban en una etapa concreta de mi vida. Os diré más: eran una especie de complemento a esa etapa. Me fijé en el bohemio en mi etapa más idealista, cuando la vida se abría como un abanico de posibilidades infinitas. Cuando quise encajar en el Madrid que yo creía el más Madrid, me fijaba en el pijo tipo. Entonces en un colegio mayor y hoy en cualquier bar de Ponzano. Cuando empecé a escribir más en serio, me fijé en el cultureta. Cuando necesité calma, en el normal. Todos ellos, tan diferentes, no me gustarían hoy de la misma manera. Le gustaban a la persona que quería ser en ese momento. Ya lo concluyó la periodista Judith Duportail en su libro El algoritmo del amor: un viaje a las entrañas de Tinder; resultó –entre otras cosas– que a quien buscaba una y otra vez en cada cita fallida era a ella misma.

Lo que quiero deciros con todo este rollo es que la idea que uno tiene sobre sí mismo determinará seguro lo que busca en los demás. Luis Manuel Ayuso, sociólogo de la Universidad de Málaga, coincidía en este idea cuando me contaba las conclusiones de su último estudio. Lo han titulado ‘En busca de la media naranja: qué factores tienen en cuenta los españoles a la hora de buscar pareja’, así que podéis imaginaros por dónde va. Él y su equipo partieron de la base de que las expectativas a la hora de buscar pareja han cambiado porque la sociedad lo ha hecho y vivir es adaptarse. Ahora el entorno condiciona más lo que buscamos en el otro, y los factores emocionales y sexuales tienen muchísimo más peso. «Ya no vale con que nos quieran, necesitamos que lo demuestren. Nos tenemos que sentir queridos, tiene que haber chispa, no podemos aburrirnos», explica Ayuso.

Con este escenario –complicado, sí; bonito, también–, analizaron las respuestas de más de 3.000 españoles a una pregunta que lanzó el CIS en junio de 2021: ‘En este momento, si iniciara una relación de pareja, ¿qué grado de importancia daría a los siguientes aspectos?’. Resultó que lo más importante eran dos cosas, en este orden: la implicación en las tareas domésticas y la satisfacción en las relaciones sexuales. Era así para mujeres y para hombres, aunque con diferencias. Más mujeres daban importancia a las tareas (un 84% frente a un 74% de hombres), y el sexo importaba más a más hombres (un 70% frente a un 64% de mujeres). Pero el caso es que ganaban los aspectos de la pareja más relacionados con la intimidad y con un beneficio directo sobre uno mismo, frente a otros más relacionales, más hacia fuera, como las creencias religiosas o la perspectiva de matrimonio –que estaban también en la lista de factores que propuso el CIS–.

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Ha cambiado nuestra forma de mirar: ahora lo hacemos más hacia dentro. Creo que esto denota valentía porque siempre es más duro el filtro propio que el ajeno, por mucho que el ajeno haya moldeado la sociedad como lo ha hecho. Así, la búsqueda de la pareja parte del ‘yo’ y esto no es necesariamente malo. «Construimos las expectativas de pareja mirándonos a nosotros mismos», concluye Ayuso.

Lo que capta mi atención entre mil estímulos, la persona a la que miro desde la otra punta del bar, los gestos que me atraen, las palabras que me gustan. Todo ello habla de mí, de lo que creo que soy, de lo que creo que puedo llegar a ser. Buscamos compañía en ese viaje, pero fijamos nosotros el destino. Buscamos la pareja que creemos merecer para la vida que creemos merecer. Por eso es tan importante conocernos. Fundamentar ese autoconcepto en la verdad, en el instinto, en el quiero y no en el debo. Igual no funciona con este –ni con el otro que es este pero en rubio– porque no hay sinceridad en esa búsqueda. Somos lo que somos y nos gusta quien nos gusta en función de eso que somos, y cuanto antes lo aceptemos antes buscaremos a las personas que encajan con ello. Por eso es tan importante saber lo que queremos y, sobre todo, lo que no. Lo que nos gusta, lo que nos inspira, lo que nos mueve. Aceptarnos. Y, desde esta aceptación, abrir los ojos y la mente a lo que venga.