Ayudas cuestionables en la Bundesliga: no todo es tan idílico como parece

Luis Tejo
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Mario Gómez, delantero del Stuttgart, camina con el balón mientras jugadores del Wiesbaden le siguen a distancia.
Imagen del último partido entre el Stuttgart (blanco y rojo) y el Wehen Wiesbaden (rojo y negro) en la 2. Bundesliga alemana. Foto: Uwe Anspach/Pool via Getty Images.

En lo que viene llamándose “la periferia de Europa”, los países que nos encontramos a orillas del Mediterráneo, lejos de los grandes centros de poder tanto político como económico del Norte, a veces podemos llegar a sentir cierto complejo cuando nos comparamos. Nosotros, con nuestras crisis, nuestra corrupción, nuestras deudas, tenemos algo de envidia cuando nos fijamos en la muy civilizada y pulcra Alemania, donde no se mueve un céntimo fuera de su sitio, los políticos no roban, el césped es más verde y los trenes corren más. Para nuestro alivio, o para su vergüenza, el panorama no es tan idílico y también tienen sus trapicheos turbios.

De destaparlo (aunque tampoco era nada misterioso, sino más bien uno de esos secretos a voces de los que nadie cree conveniente hablar) se ha encargado Markus Hankammer, presidente del Wehen Wiesbaden. Este club acaba de terminar en el penúltimo puesto de la 2. Bundesliga, la división de plata del fútbol germano. Pero, quizás por la pataleta del derrotado, quizás por pura indignación ante lo que no ve ético, no ha querido marcharse de la categoría sin proclamar que existe una “distorsión masiva de la competición” que es “injusta para todos los demás”.

A lo que se refiere este directivo es a las ayudas de dinero público que están recibiendo muchos clubes, no todos, en los niveles más altos del balompié alemán. Son totalmente legales, de hecho se tramitan a través del banco estatal KfW (creado en los ‘40, tras la guerra, para implementar el plan Marshall y utilizado desde entonces en proyectos de cooperación al desarrollo). Pero para Hankammer es algo “incomprensible de cara al contribuyente”.

El presidente del Wiesbaden, Markus Hankammer, conversando con un grupo de personas en el césped del estadio antes de un partido.
Markus Hankammer (izquierda), presidente del Wiesbaden. Foto: Jörg Halisch/Bongarts/Getty Images.

Porque muchos equipos están pidiendo masivamente estas ayudas con la excusa de que, debido a la pandemia del coronavirus, su volumen de negocio ha disminuido mucho. Un ejemplo claro es el Stuttgart, que esta temporada también ha jugado en el segundo nivel, pero con unos resultados muy distintos a los del Wiesbaden: su subcampeonato le garantiza el ascenso a la élite. Ese éxito no le ha impedido reclamar al Estado que le inyecte 15 millones de euros, según acredita la revista Spiegel.

“Durante el cierre del fútbol examinamos todas las opciones para la estabilización económica y, entre otras opciones, hicimos una solicitud de financiación al KfW para garantizar nuestra liquidez. Fue una de las medidas que tomamos para salvaguardar la continuidad económica del club en un momento en que nadie podía predecir cuándo y cómo continuaría el fútbol”, intentó justificarse el director financiero del Stuttgart, Stefan Heim.

No son los únicos, ni los más importantes. La publicación atribuye demandas similares a otros clubes de la Bundesliga como el Schalke 04, que habría reclamado 40 millones (aunque, en su caso, al gobierno regional de Renania del Norte-Westfalia). El Werder Bremen o incluso todo un pez gordo como el Borussia Dortmund también quieren acogerse a las ayudas.

Pero en Wiesbaden se mantienen inflexibles en sus críticas, con argumentos que, a priori, suenan bastante sensatos. “La situación está siendo explotada descaradamente. Son equipos que han vivido más allá de sus posibilidades durante años, manejándose mal durante mucho tiempo. Ahora tienen una oportunidad histórica de resolver sus problemas, digamos, por la puerta de atrás. Es muy problemático”, insiste Hankammer, quien, además del equipo de fútbol, también preside Brita, la multinacional de sistemas de depuración de agua.

El dirigente rojinegro indica otras fuentes de financiación pública en algunos clubes, más indirectas que tampoco parecen “negocios sensatos”. Por ejemplo, el hecho de que puedan lucrarse del alquiler de locales comerciales en estadios que son de propiedad municipal. También el hecho de que se esté aplicando de manera muy laxa la legislación en materia de insolvencia; según Kicker, 13 de las 36 entidades profesionales que hay en Alemania entre la primera y la segunda división de la Bundesliga se encuentran técnicamente en bancarrota.

La propia opinión pública alemana empieza a preocuparse por esta tendencia de dar ayudas más o menos encubiertas al deporte profesional con los impuestos de los ciudadanos. El canal de televisión SWR salió a preguntar por las calles de Stuttgart y los propios hinchas blanquirrojos manifestaban que no entendían cómo, con la epidemia aún a medio superar, les acaba tocando hacerse cargo de los “carísimos” e “innecesarios” sueldos de los futbolistas mientras hay tantas otras actuaciones más prioritarias. Quizás, en el fondo, esa diferencia de mentalidad sí que sea el factor que nos separa de Alemania.

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