Botox para acabar con los dolores de la endometriosis

Botox para acabar con los dolores de la endometriosis

La endometriosis es un problema cada vez más común, y que afecta de manera muy negativa a quienes lo sufren. Un estudio reciente propone una solución prometedora: utilizar botox, la toxina botulínica que generalmente asociamos a tratamientos estéticos contra las arrugas, para paliar o incluso eliminar el dolor de la endometriosis.

Para entender de qué hablamos, hay que conocer en qué consiste la endometriosis. Esta enfermedad provoca que un tejido denominado endometrio, que normalmente recubre las paredes del útero durante el ciclo menstrual, crezca y se desarrolle en otros lugares.

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Y con ese crecimiento surgen los problemas. Cuando crece endometrio en las trompas de Falopio, las paredes externas del útero o incluso intestinos u ovarios, el cuerpo reacciona contra él. A fin de cuentas, es un “cuerpo extraño” del que se tiene que defender.

Al hacerlo, provoca dolores muy intensos. No solo durante la menstruación – que, a fin de cuentas, no es más que el desprendimiento del endometrio –, en cualquier momento del mes. Y cuando hablamos de dolores intensos, nos referimos a niveles que llegan a dificultar la vida normal. En algunos casos, incluso, pueden provocar incapacitaciones al convertirse en dolores crónicos para los que poco tratamiento hay.

A la vista de este problema, distintos grupos de investigadores se han puesto en marcha para tratar de solucionarlo. Y lo han enfocado desde distintas perspectivas. En el caso del artículo en el que nos centramos, atajando una de las causas del dolor: los espasmos musculares que se producen al crecer el endometrio donde no debiera.

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Aquí es donde entra en juego el botox. La toxina botulínica es, en esencia, un veneno que impide la contracción de la musculatura. Por eso funciona contra las arrugas: paraliza los músculos que las producen. Inyectada en el lugar apropiado, también evita las contracciones de los músculos que provocan el dolor de la endometriosis.

O al menos eso parece, y por eso decíamos al principio que se trata de una solución prometedora. Porque el estudio está bien diseñado, los resultados son contundentes, pero… el número de pacientes es reducido. En total han participado 13 mujeres, con distintos grados de desarrollo de la enfermedad.

Aún faltan datos y estudios para poder ofrecerlo como solución real, pero de momento es una vía prometedora. Y cualquier cosa que sirva para atajar dolores crónicos merece la pena ser contemplado.