Bobsleigh en España: ganas e ilusión ante las curvas difíciles

Esther Bedia Alonso

Un trineo ocupado por dos o cuatro personas deslizándose a velocidad de vértigo por un circuito helado y lleno de curvas. Llegar a la meta en el menor tiempo posible es su objetivo. En eso consiste, a grandes rasgos, el bobsleigh, un deporte de invierno, uno de los grandes olvidados en España, que nació en los Alpes suizos a finales del siglo XIX.

¿Pero se practica el bobsleigh en España? La respuesta es sí. Un pequeño grupo de tozudos e ilusionados deportistas resiste en Asturias desde 2010 la escasez de financiación y de apoyo institucional. Tres hombres y tres mujeres, encabezados por su entrenador Javier Pintado, forman el equipo de bobsleigh que ha representado a España en la Copa de Europa, la Copa de América y el Mundial Júnior, donde Bárbara Iglesias y Cristina Ibaseta quedaron duodécimas. Desde hace poco cuentan también con la ayuda de la rusa nacionalizada española Oxana Tatchina, antigua integrante del equipo ruso de esta disciplina. 

El asturiano Javier Pintado venía de practicar otros deportes de inercia sobre asfalto cuando se interesó por el bobsleigh: “Empecé a competir en bob hace cuatro o cinco años. Luego lo tuve que dejar por una lesión de rodilla pero no quería que se quedara en un aventura personal. Dependía de mí que no desapareciera”.

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De momento, su equipo suple las carencias con “muchas ganas”. “Lo más importante es querer. Para profesionalizarte tienes que ser un atleta un poco especial. Hay que tener la velocidad de un sprinter de 60 metros, la fuerza de alguien que practique halterofilia para poder empujar los 200 kilos de un bob y a la vez ser flexible”, afirma.

La instalación y mantenimiento de una pista de bobsleigh requiere una gran inversión. Exceptuando Saint Moritz, en Suiza, que es la única natural, se hacen de hormigón con unos tubos refrigerantes en el interior. Después se riegan y el agua se hiela. La más cercana para el equipo español es la de Igls en los Alpes austríacos.

Al igual que en la Fórmula 1 los deportistas deben familiarizarse con la pista antes de competir: “La parte física se entrena en España. Luego tenemos que organizar las pruebas para poder ir unos días antes y bajar a la pista pero no siempre tenemos esa posibilidad. El equipo de Rumanía por ejemplo, que se clasificó delante de nosotros, se dedica en exclusiva al bobs y cobran por ello”, comenta Javier.

Rozando el suelo a 150 kilómetros por hora

En el bobsleigh se compite por parejas o en equipos de cuatro. La salida se hace corriendo y empujando el bob. En esta parte la técnica, la fuerza y la velocidad son fundamentales. El equipo español compite por parejas, una masculina y otra femenina. El frenador es el que va atrás y el que más fuerza debe tener en la salida. El piloto maneja unas anillas que mueven los patines del trineo para impedir que vuelque o se salga del circuito.

“Nuestro bob más nuevo tiene unos 20 años. Estados Unidos gasta millones en desarrollar los suyos”, dice Javier. Normalmente se fabrican con fibra de vidrio o de carbono y las medidas de referencia los marca la Federación Internacional: “Hay unas interiores mínimas por seguridad ya que el deportista va sin cinturón”. 

Aunque, como casi todo, tiene sus riesgos, Pintado asegura que el bobsleigh no es un deporte peligroso. “Es un pilotaje muy diferente a todo. Se podría comparar con una montaña rusa, sobre todo al principio, pero cuando empiezas a controlar el bob y manejas el 100% de las cosas que pasan ahí dentro, no es fácil describir la sensación de poder, la adrenalina que generas cuando te pones en horizontal con el suelo a más de 100 kilómetros por hora. Ahí ves lo bonito que es este deporte”, resume Javier.

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