La sorprendente historia de Ashlyn, la adolescente que no siente el dolor

Salud y bienestar

Ashlyn Blockers tiene trece años y sufre un raro trastorno genético que le impide sentir dolor o sudar, por lo que sus familiares y profesores deben vigilarla permanentemente para evitar que se haga daño.

La insensibilidad congénita al dolor con anhidrosis (ausencia de sudor) es un trastorno que se caracteriza por la ausencia de la reacción a los estímulos nocivos como golpes, cortes, pinchazos o el contacto con temperaturas muy altas o muy bajas.

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Ashlyn sufre este trastorno desde su nacimiento y a diferencia de otros bebés, no lloraba cuando tenía hambre, sueño o estaba incómoda. Ni siquiera lloró cuando nació. A los ocho meses sus padres se dieron cuenta de que algo iba mal y la llevaron al médico para tratar una infección en el ojo.

"Cuando le echaron las gotas, todos se quedaron sin aliento. Tenía una herida grave en la córnea y los médicos no se explicaban por qué no se quejaba del dolor", subraya su padre, John Blocker.

Sin embargo, Ashlyn tardó un poco más en ser consciente de su enfermedad. Hasta que un día cuando estaba preparándose unos espaguetis, metió la mano en la cazuela para recuperar la cuchara que se le había caído dentro y no sintió nada. Pero al sacarla y ver la quemadura que se había hecho, institivamente puso la mano debajo del chorro de agua fría y se echó a llorar.

Desde entonces, aunque ha aprendido a utilizar los utensilios de cocina y ser más precabida, su madre vive con el alma en vilo pensando en la de peligros que la acechan sin que ella sea ni tan siquiera sea consciente de ello.

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"Nuestra hija no siente nada y eso nos preocupa muchísimo porque puede estar enferma y no mostrar síntomas de alerta. La gente muere de apendicitis o infecciones porque no se le diagnostica ni tratado a tiempo", destaca su madre. "Con la enfermedad de nuestra hija, estos riesgos se magnifican", añade.

Además de no sentir dolor alguno, hay otras sensaciones casi desconocidas para Ashlyn como el frío o el calor. La intensidad no es real ni mucho menos comparable a lo que sentimos nosotros. La ebullición en su caso se asemeja al calor mientras que para nosotros la sensación es de profundo quemazón.

Uno de los problemas más comunes en los niños con este trastorno es que se hieren a sí mismos sin percibirlo. En este sentido, durante la etapa de dentición Ashlyn se mordía los labios y las manos hasta sangrar mientras dormía, e incluso en una ocasión se metió el dedo en la boca y se arrancó varios trozos de piel sin darse cuenta.

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Sus padres tuvieron que cubrir sus manos para detener su auto-mutilación: "Parecía un boxeador", recuerda su progenitor. "Algunas personas dicen que lo que lo que le pasa a Ashlyn es bueno y que tiene suerte de no sentir dolor pero no lo es", subraya su madre . "El dolor existe por una razón y permite que el organismo se entere que algo anda mal y que necesita ser arreglado. Daría cualquier cosa porque ella sintiera dolor", sentencia.

Fuente: Gentside