Consejos para tratar el “Síndrome de Piernas Inquietas”

Hormigueos, pinchazos, dolor o quemazón en las piernas pueden ser algunos de los síntomas de una afección poco conocida que acarrea graves molestias y consecuencias para la salud y el bienestar personal. Se trata de la enfermedad de Willis-Ekbom (EWE), también conocida como Síndrome de Piernas Inquietas (SPI).

Destapando al ladrón del sueño, culpable del Síndrome de Piernas Inquietas
Destapando al ladrón del sueño, culpable del Síndrome de Piernas Inquietas

Es una alteración neurológica y crónicacaracterizada por la aparición de una necesidad imperiosa de mover las piernas (y a veces los brazos) cuando el sujeto permanece en reposo.

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Los afectados viven con esta enfermedad sin saberlo, sin haber recibido un diagnóstico y sin conocer los tratamientos que pueden beneficiarles.

De hecho, cerca del 90 por ciento de los pacientes padece esta enfermedad sin ser consciente de ello, principalmente debido al desconocimiento social.

Este síndrome suele manifestarse en forma de dolor, hormigueo, picor o sensación de tensión en las extremidades inferiores, especialmente en los momentos de descanso.

Cuando esto sucede, las piernas se mueven continuamente y aparecen sensaciones muy molestas (también llamadas disestesias) que pueden variar en intensidad hasta convertirse en irritantes e incluso dolorosas.

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Aproximadamente, el 80 por ciento de las personas con SPI experimentan movimientos periódicos de las extremidades durante el sueño.

En concreto, se producen sacudidas a lo largo de la noche con una frecuencia de 20 a 30 segundos (entre su aparición y desaparición) que causan interrupciones parciales del sueño. Por esto, son muchas las personas que se refieren a esta afección bajo el nombre de "Ladrón del sueño".

Y es que está más que demostrado que el SPI causa importantes alteraciones en la calidad de vida de quien lo padece.

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Insomnio y somnolencia diurnas son las principales consecuencias, aunque las personas que sufren este síndrome también padecen problemas añadidos como son el aislamiento social y la disminución de habilidades cognitivas y del rendimiento en el trabajo.

Además, esta falta de sueño causa un aumento del apetito y consiguientes problemas de sobrepeso y obesidad.

Su prevalencia es superior al 10 por ciento, pero los casos severos o muy severos que requieren tratamiento farmacológico representan aproximadamente un 3 por ciento.

Según los expertos, el problema de esta enfermedad es que el tiempo medio que transcurre entre la aparición de los primeros síntomas y el diagnóstico es de entre 10 y 15 años.

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Las causas que la originan aún no están claras, aunque las últimas investigaciones apuntan a un origen genético (es común que exista una historia familiar de SPI) o al padecimiento de anemia, Parkinson, diabetes o insuficiencia renal.

Por otra parte, durante los últimos meses del embarazo hasta un 20 por ciento de las mujeres desarrolla SPI. Sin embargo, y pese a que los síntomas suelen desaparecer después del parto, se ha encontrado una relación clara entre el número de embarazos y las posibilidades de desarrollar la enfermedad de forma crónica.

Asimismo, algunas investigaciones clínicas recientes han demostrado que los pacientes tienen 2,5 veces más de probabilidades de desarrollar tanto hipertensión arterial como una cardiopatía con respecto a la población sana.

“No se trata de un mero problema de estilo de vida, sino que estamos ante una enfermedad que comporta un considerable aumento de la morbilidad cardiovascular”, sentencia el Dr. García Borreguero.

Consejos prácticos para aliviar los síntomas del SPI

1. Una caminata al día. Al margen del tratamiento farmacológico, la práctica diaria de ejercicio moderado ayuda a suavizar sus síntomas y, en ocasiones, a reducir la medicación.

Al mismo tiempo, algunas investigaciones recientes han concluido que el ejercicio regular puede reducir hasta 3,3 veces la probabilidad de tener SPI. Y es que además no es necesario dedicarle mucho tiempo (basta con unos 30-60 minutos diarios).

Por el contrario, se debe evitar el ejercicio intenso o severo, ya que puede tener el efecto adverso y llegar a agravar el malestar del paciente.

El yoga, el tai-chi, la musicoterapia y la acupuntura pueden formar parte del programa de rehabilitación de la enfermedad.

2. Lleva una vida saludable. Los expertos también recomiendan llevar una vida ordenada basada en una buena higiene de sueño (acostarse y levantarse a la misma hora y tener un ambiente de sueño tranquilo).

Del mismo modo, aconsejan eliminar las sustancias que facilitan los síntomas (café, té y refrescos excitantes), tomar los suplementos vitamínicos (vitamina B) y minerales necesarios (hierro, magnesio, potasio y calcio), así como realizar actividades autodirigidas (caminar, estirarse, tomar baños fríos o calientes, etc.).

3. Escribir un diario. No olvides llevar un registro de los medicamentos y estrategias que te ayuden en la batalla contra el SPI y compartirlos con tu médico.

Hablarlo abiertamente con la familia y los amigos también ayuda, pues de esta manera entenderán los cambios que esta patología provoca en tu vida social y laboral. Incluso existen grupos de apoyo que reúnen a los miembros de la familia con personas afectadas por el SPI.

4. Adapta tu entorno. Puede que te encuentres más cómod@ si elevas el escritorio o las estanterías a una altura que te permita estar de pie mientras trabajas o lees.

5. Mantén la mente ocupada. No des vueltas a la enfermedad y trata de estar activo mentalmente. Si piensas en otras cosas (lees, ves la tele, hablas con tu pareja...) puede que los síntomas del SPI disminuyan.

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