La familia, el mejor aliado para una alimentación saludable

Oído Cocina

Mucho se ha cargado contra el tamaño de los menús de 'fast food', el abuso del azúcar en bollería o refrescos o incluso la pobre calidad de la comida que se sirve en algunos comedores escolares. Y es que son poco menos que los responsables de que las nuevas generaciones se estén alimentando peor que sus antecesores, así como de la epidemia de obesidad presente en muchos países occidentales.

La familia, el mejor aliado para una alimentación saludable

Sin embargo, la mayoría de los hábitos de alimentación de los niños se adquieren en el seno de la familia. Es decir, que si un menor toma abundantes frutas y verduras en casa, no tendrá tanta propensión a atiborrarse de chuches cuando coma fuera.

"Los niños y adolescentes que suelen comer en familia siguen dietas de mayor calidad, con un menor contenido energético y una mayor densidad nutricional por la presencia de más verduras, frutas y cereales", aseguran Beatriz Beltrán de Miguel y Carmen Cuadrado Vives, del Departamento de Nutrición y Bromatología de la Facultad de Farmacia de la Universidad Complutense de Madrid.

Ellas son las autoras del informe "Nutrición: comer en familia, hacer de la rutina salud", coordinado por el área de salud de The Family Watch, en el que también se afirma que la ausencia de uno de los progenitores en las comidas familiares acaba fomentando el consumo de resfrescos o snacks poco saludables.

Además, las autores hacen una serie de recomendaciones, como el establecimiento de un menú variado en el que los niños puedan probar sabores, preparaciones y texturas diferentes. Lo que se conocía antes como "aprender a comer".

Otro de los puntos importantes a fomentar en el seno familiar tiene que ver con lo que se bebe durante la comida y con el postre. Para evitar la concentración de elevadas cantidades de azúcar en estos dos momentos de la comida, lo ideal es tomar agua y fruta fresca. También es conveniente controlar el exceso de sal en los platos.

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Pero la educación culinaria no solo tiene que ver con el momento en el que los niños se sientan a la mesa. Hay que hacerles partícipes de todo el proceso de compra de ingredientes, de preparación de los mismos, del modo de comerlos, etc.

Y una vez en la mesa, nada de distracciones. Es el momento de apagar la televisión, dejar a un lado móviles y tabletas y fomentar la comunicación familiar. Porque los almuerzos o las cenas tienen que ser momentos para el intercambio de información y de pareceres. Asimismo, invitar a los abuelos a compartir mesa y mantel también es bueno para que los pequeños adquieran buenos hábitos alimenticios, toda vez que son figuras que simbolizan la cocina tradicional.

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Parecidos resultados arroja un estudio del Ministerio de Salud canadiense donde, además, se señala a los padres como ejemplo para sus hijos. De nada sirve que un padre anime a sus hijos a beber agua en las comidas y a tomar una ensalada si él mismo almuerza 'fast food' con refrescos azucarados. Se pueden reforzar los buenos hábitos procurando que la despensa esté llena de frutas y verduras en lugar de bolsas de patatas fritas o dulces industriales.

También hace hincapié en evitar que los niños se den atracones. Durante el proceso de crecimiento los pequeños tienen un gran desgaste energético debido a la enorme actividad que desarrollan durante todo el día, por lo que lo ideal es establecer una rutina de pequeñas comidas a lo largo del día que permitan que el niño siga con su ritmo de vida habitual: es mejor comer seis veces al día que hacerlo dos, siempre que la cantidad sea menor.