La comida basura te hace perezoso

Oído Cocina

Parece claro que bajar a la hamburguesería de debajo de tu casa, pedir un menú y zampártelo, de nuevo en el hogar, no es un gran derroche de esfuerzo. Podríamos decir que es el tipo de comida que menos energía cuesta conseguir, salvo quizás abrir una bolsa de patatas fritas.

Ahora, una investigación de científicos de la Universidad de Los Angeles ha concluido de manera empírica que, efectivamente, consumir comida basura nos convierte en personas más perezosas y sedentarias, algo que quizá no nos sorprenda demasiado, teniendo en cuenta que un consumo frecuente de este tipo de comida nos conduce a una dieta rica en grasas y baja en nutrientes. A menos aporte energético, más cansancio: uno más uno igual a dos.

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Lo realmente curioso del caso es que la capacidad de la comida basura de consumir nuestra energía continúa incluso cuando se cambian los hábitos alimenticios por otros más beneficiosos para nuestra salud durante un periodo determinado.

El estudio, que se ha llevado a cabo con dos grupos de ratas, refleja que los animales que consumieron comida basura ganaron más peso que los otros, que seguían una dieta basada fundamentalmente en maíz y pescado. Asimismo, los individuos que consumieron comida rápida acabaron sufriendo episodios de fatiga, se comportaron de forma más sedentaria y perdieron motivación.

La investigación demostró, además, que el abandono de esos hábitos alimenticios perniciosos y la adopción de dietas saludables durante diez días no tuvo ningún tipo de efecto beneficioso sobre la salud del animal, demostrando que la comida basura sigue influyendo sobre el comportamiento, aunque se haya abandonado. Por otro lado, también pone de relieve la escasa efectividad de las llamadas “dietas milagro”, que permiten perder mucho peso en poco tiempo.

Pero la influencia de la comida basura en la vida de las personas que la consumen de manera habitual va más allá de hacerlos más sedentarios o más perezosos. Antes de este estudio, ha habido otros que también han acabado por arrojar resultados poco tranquilizadores.

Por ejemplo, el alto contenido en azúcar, calorías y grasas de este tipo de alimentos es especialmente negativo para los niños, que pueden experimentar cambios en su comportamiento, con el déficit de atención o la ansiedad como trastornos principales.

En ese mismo sentido, el alto contenido en azúcares estimula de manera importante el llamado “centro del placer del cerebro”, provocando una cierta adicción entre los aficionados a la comida basura. De hecho, en muchas ocasiones, se ha comparado con la adicción a determinadas drogas, que estimulan las mismas zonas del cerebro.

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Como resultado del consumo prolongado de comida rápida, la persona tiene mayores posibilidades de desarrollar enfermedades, entre las que se incluyen la obesidad, la diabetes o trastornos coronarios, lo que resulta en una peor salud y una más temprana mortalidad.

En último término, hay investigaciones que han demostrado que las personas que toman comida rápida de manera regular tienen mayores posibilidades de caer en depresiones, demostrando que estas “comidas felices” son, en realidad, “comidas tristes”.