“El sexo destrozó mi vida”

Victoria Villaamil
Con derecho a roce

Destroza matrimonios, destruye carreras y mina la autoestima. Sin embargo, los estadounidenses están siendo diagnosticados como adictos al sexo en cifras récord. ¡Cuidado! Es una epidemia. El comportamiento sexual compulsivo, también llamado trastorno hipersexual, puede destruir la vida de una persona tanto como las adicciones al alcohol o a las drogas.

Según los psiquiatras, está afectando a un número creciente de estadounidenses, ya no son solo los hombres de 40-50 años, cada vez hay más mujeres y adolescentes. Incluso hay abuelos atrapados por la pornografía a través de los ordenadores de sus nietos, y nietos haciendo sexting a los 12 años", señalan los terapeutas sexuales.Se estima que 40 millones de personas al día en los EEUU entran en páginas pornográficas (existen unos 4,2 millones de sitios web pornográficos). De hecho, el número de adictos ha crecido debido a la revolución digital. Las generaciones anteriores tenían que pasar mucha vergüenza al entrar en salas X y tiendas de pornografía, pero la Red ha hecho que sea más accesible, libre y anónimo.

Es lo que le pasó a Valerie. Solo se dio cuenta de la gravedad de su problema cuando lo perdió todo, pero en realidad el sexo llevaba años haciendo estragos en su vida.

Le vio las orejas al lobo  justo en la época en que su segundo matrimonio se fue al traste. A los 30, trabajaba como jefa de recursos humanos en Phoenix y había engañado en numerosas ocasiones a sus dos maridos, a menudo con sus subordinados y compañeros de trabajo en los baños, en restaurantes de comida rápida… Incluso había tenido relaciones con hombres casados. Pero Valerie no podía parar. Ni siquiera cuando la mujer de uno de sus amantes le apuntó a la cabeza con una escopeta al pillarles in fraganti.

Valerie llamaba a líneas eróticas y participaba en chats muy subidos de tono, se conocía al dedillo las páginas de pornografía online, se masturbaba compulsivamente y no salía de casa sin su vibrador, hasta para ir a trabajar. Anhelaba el exhibicionismo público, frecuentaba clubes de striptease e incluso aceptó dinero a cambio de sexo, no por necesidad sino por el morbo de lo prohibido.

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Para Valerie, como para muchos otros adictos, el sexo era una forma de automedicación para borrar la angustia, la desesperación y el miedo paralizante que le había obsesionado desde que fue abandonada cuando era niña. "Con el fin de aliviar la soledad y el miedo de no ser querido, buscaba el amor en los lugares equivocados", recuerda.

Después de una década de llevar a cabo esta forma de vida, Valerie tocó fondo y trató de quitarse la vida con una sobredosis de medicamentos. "Estaba totalmente fuera de control. Por culpa de mi adicción al sexo arruiné dos matrimonios, perdí mi trabajo y mi casa, y me quedé en la calle".

En los últimos años se ha oído hablar mucho sobre la "adicción sexual", inclusive varias celebridades confesaron padecerla, entre ellas Michael Douglas, Tiger Woods, David Duchovny... Un problema que va en aumento y que las nuevas tecnologías han incrementado.