Black Mirror brilla de nuevo con tres capítulos de infarto, ¿pero cuál es el mejor?

Charlie Brooker lo ha vuelto a hacer. Netflix acaba de estrenar la quinta temporada de Black Mirror y su creador vuelve a provocarnos asombro y desconcierto con cada uno de sus tres episodios. Sí, solo tres. Al creador y su equipo no les daba la vida para hacer una temporada completa cuando dedicaron tanto tiempo y esfuerzos a Bandersnatch -la primera película interactiva de la historia al estilo de Elige tu propia aventura estrenada a finales de 2018- así que en lugar de hacernos esperar más tiempo para traernos una tanda más extensa, nos toca conformarnos con tres historias.

Imagen de Rachel, Jack y Ashley Too (Cortesía de Netflix)

Pero no son igual de magníficas. Hay dos que destacan, una por lo original de su historia y la otra por despertar el drama más primitivo. Como es habitual con esta serie, cada capítulo merece ser devorado dedicándole el tiempo necesario para masticarlo y digerirlo ante las tramas sociales y tecnológicas que chocan con el conflicto de ser humanos. Entonces, ¿cuál ver primero? ¿Cuál es la mejor de todas?

Aquí te lo cuento con un ranking de mejor a peor para que tomes la decisión por tu cuenta:

1.- AÑICOS (SMITHEREENS)
Es probable que muchos coloquen a Añicos (Smithereens en su versión original) como la que menos les ha gustado debido a su dramatismo de tintes lentos, pero es un capítulo que impacta por despertar el análisis social actual y personal, mucho más que el resto de los episodios de esta temporada. Y, en mi opinión, es el mejor de los tres.

Nos habla de la frialdad que nos rodea por culpa del enganche a las redes sociales. Pero en lugar de repetir el tono caricaturesco de Nosedive en la tercera temporada, que servía como crítica al impacto que las redes sociales provocan en el autoestima, la aceptación y el rechazo social, aquí Añicos sirve como un ensayo que va más allá como drama puramente humano.

Imagen de Añicos de Black Mirror (Cortesía de Netflix)

Con una interpretación tan dramática e intensa que traspasa la pantalla, Andrew Scott (Fleabag) se mete en la piel de Chris, un conductor de taxi que secuestra a un trabajador de la empresa más poderosa de las redes sociales con la intención de acceder al dueño de la compañía (en la piel de un convincente Topher Grace).

Añicos cuestiona la debilidad y enganche a las redes que sufre la sociedad actual, como una realidad tecnológica diseñada para convertirse en adicción. Aunque menos efectiva en su impacto final, me recordó a tintes de Shut up and dance de la tercera temporada de 2016.

2.- STRIKING VIPERS
Es el primero de los capítulos en el listado de Netflix y, en mi opinión, el segundo mejor de los tres. Me recordó un poco a Nosedive (2016) o Hang the DJ (2017), pero en esta ocasión se trata de un llamado a la meditación sobre el poder del sexo interactivo cuestionando géneros y tendencias sexuales en el mundo virtual.

La historia nos presenta a dos compañeros universitarios, Danny y Karl, interpretados por Anthony Mackie (Vengadores: Endgame) y Yahya Abdul-Mateen II (Aquaman) que comparten sus noches jugando videojuegos del tipo de Mortal Kombat. Una década después se reencuentran con vidas diferentes, Danny es padre de familia y vive inmerso en la rutina compartiendo su vida con la misma mujer de su juventud. Mientras Karl tiene una nueva relación con una mujer más joven, con las diferencias sociales que ello conlleva. Los dos están solos a su manera, encontrando un punto de encuentro mutuo a través de una versión moderna e interactiva del juego que jugaban años atrás, que ahora utiliza un disco que se conecta al cerebro llevando al jugador a vivir la experiencia como una realidad virtual extrema.

Imagen de Striking Vipers de Black Mirror (Autor: Pedro Saad; Cortesía de Netflix)

Desde el sillón de sus casas, conectan online a través de los mismos avatares -un hombre y una mujer- pero en lugar de luchar, terminan creando una relación sexual entre los personajes como nunca habían sentido.

Esta “relación” se convierte en una adicción sensorial que despierta cuestionamientos morales como si existe diferencia entre la vida real y la vida online, la fidelidad, la homosexualidad y heterosexualidad, así como la línea entre el deseo, la pasión, el amor verdadero y la amistad.

3.- RACHEL, JACK Y ASHLEY TOO
Podría definirse como el capítulo más ‘hollywoodense’ de la temporada, y una historia plagada de ideas. Con una super potencia en pantalla como Miley Cyrus, el episodio nos cuenta la historia paralela entre una fan adolescente y la cantante de moda, Ashley O, que sufre una vida controlada por su manager y tía y cuya verdadera personalidad descubrimos a través de un robot.

Miley Cyrus en Rachel, Jack y Ashley Too de Black Mirror (Cortesía de Netflix)

Es un capítulo difícil de definir. Hay un laboratorio de ratas, un concurso de talentos, una persecución, una estrella en coma, jeringas acertadas en defensa propia, robots y música; y todo para presentarnos un análisis sobre el poder de la fama y la triste realidad que puede esconderse detrás, o cómo la Inteligencia Artificial llena huecos en las vidas de los más solitarios.

Miley Cyrus es un tour de force en este capítulo, regalándonos una interpretación que roza la rebelión y la depresión de una adolescente que vive bajo la presión del ojo público y el control continúo de su manager; mientras Angourie Rice es todo lo opuesto convenciéndonos como una adolescente tímida y solitaria que todavía no ha terminado de descubrirse a sí misma.

En resumen, son tres episodios muy diferentes, que varían en género, humor y tonalidad, pero que mantienen una sensación de poderío absoluto y calma que solo puede venir de los años de experiencia y confianza que Charlie Brooker ha ido ganando con el éxito de cada temporada.

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