'Bienvenidos a Edén' o ¿al infierno?

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Photo credit: LUCIA FARAIG/NETFLIX
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Hace unos días asistía con entusiasmo al estreno de la temporada 2 de 'Muñeca Rusa'. La serie de Natasha Lyonne es de esas joyas únicas, originales e inteligentes que puedes encontrar en Netflix. Paradójicamente, no figuró entre los contenidos más vistos de la plataforma, algo que posiblemente sucederá cuando 'Bienvenidos a Edén' aterrice en el catálogo. No creo que me equivoque pensando que esta nueva apuesta se ganará el favor del público porque tiene unos ingredientes que resultan tan tentadores como la oferta que reciben los personajes y que más adelante desarrollaré. Cuenta con un reparto de actores guapos, jóvenes, algunos con bastante tirón como en 'Élite', la acción sucede en un lugar exótico y en la trama hay misterio.

Pero, realmente, ¿de qué va 'Bienvenidos a Edén?' Cuando empecé a verla, pensé que podría ser el resultado de mezclar 'The Wilds' y 'Nine Perfect Strangers', incluso recuerda en algunos aspectos a 'El juego del calamar' (una de las mejores series de Netflix). La trama nos muestra a varios chavales, cada uno con sus traumas en los que no profundiza en exceso, con éxito en redes sociales, que son invitados a una fiesta exclusiva en una isla. Y, obvio, lo que iba a ser un planazo, resulta no serlo tanto cuando los elegidos descubren que el idílico lugar está gobernado por una fundación liderada por un matrimonio, bastante grimoso, formado por los personajes de Amaia Salamanca y Guillermo Pfening. Ellos son los encargados de fichar a unas almas a las que reconducir y que están encarnadas por Amaia Aberasturi, Belinda, Ana Mena y Tomás Aguilera, entre otros. Sus personajes deben encajar con los veteranos del lugar entre los que nos encontramos a Berta Vázquez, Sergio Momo, Lola Rodríguez y Begoña Vargas. Respecto al reparto, mencionar el genial fichaje de Blanca Romero a la que no veíamos desde lo último de 'FOQ', una de las mejores series adolescentes españolas.

A partir de su llegada a la isla, comienza una pesadilla para los personajes (al percatarse de que pasan cosas raras quieren escapar) y en cierta forma también para los que estamos al otro lado de la pantalla. En su intención de mantener el misterio, pecan de no contar nada, van soltando detalles sin llegar a ningún punto claro para que vayas imaginando y eso resulta agotador. Pretende poner sobre la mesa asuntos vitales como la soledad de las nuevas generaciones, su hiperconectividad, y el cambio climático, pero sin concretar. Un 'GPS', por favor, para los que están allí presos y para los que asistimos a su cautiverio.

Es cierto, que si el arranque es tibio, la serie va ganando a medida que pasan los capítulos hasta llegar a un desenlace completamente abierto para seguir en una segunda temporada y si mi predicción no falla la habrá y esperemos que algo vaya teniendo sentido. Me confesaba Amaia Aberasturi, durante una entrevista, que "hoy en día es complicado hacer algo completamente novedoso". Efectivamente, pero no imposible, ahí tenemos, como ya dije en el encabezado, a 'Muñeca Rusa', que al igual que los de Edén, vive atrapada en un universo paralelo, pero infinitamente más rico, aunque el gran público prefiera no verlo.

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