El corto animado de Betty Boop que fue censurado por "blasfemo"

Valeria Martínez
·6 min de lectura

A noventa años de su debut como personaje animado, Betty Boop todavía consigue provocarnos curiosidad con esa imagen entre mujer y niña, inocente pero atrevida, seductora pero sin querer serlo, que conquistó a generaciones y la convirtió en el primer sex-symbol animado, mucho antes que Jessica Rabbit. Y prueba de ello es el éxito viral que está protagonizando uno de sus últimos cortometrajes antes de los cambios exigidos por la censura del legendario Código Hays.

Imagen de Red Hot Mamma
Imagen de Red Hot Mamma

En los últimos días, un vídeo publicado en Facebook ha cobrado ritmo viral a pasos agigantados. Se trata de Red Hot Mamma, uno de los cortos de Betty Boop de 1934. En cuestión de semanas ha sido visto más de 38 millones de veces y suma más de 22 mil comentarios. ¿Por qué? Porque se trata de un corto que fue censurado en varios países. Y no por la imagen sexualizada que sigue representando -en este caso con un vestido que trasluce sus piernas cuando el fuego hace contraste- sino porque los censores de Reino Unido y China no estuvieron de acuerdo con que mostrara el infierno como un lugar frívolo y blasfemo.

Dirigido por Dave Fleischer, el hermano del creador del personaje -Max Fleischer- el corto de 8 minutos muestra a Betty despertándose del frío tras olvidar las ventanas cerradas. En ese momento, corre a encender el fuego pero se queda dormida, y en sus sueños (mientras los pájaros que entran se cuecen como pollos, literalmente) cae al infierno ante el fuego que la rodea.

Betty entra al inframundo a través de la chimenea incendiada y, como era su costumbre, comienza a cantar una canción titulada Hell’s Bells (Campanas de infierno) para Satanás y sus secuaces. Pero en ese momento la rodean. Los seguidores del rey de los infiernos se acercan gritándole “hola niña” y “hola baby”, mientras Satanás aparece con la lengua colgando. Una imagen que representa un acecho inminente que hoy sería imposible de reproducir en un dibujo animado.

Pero ella logra vencerles con su frialdad femenina: primero, creando un cubo de hielo en el hombro y luego con una mirada fría, congelándolos a todos. Y así, vuelve a casa por un agujero, despertando de nuevo en el frío para correr a taparse en la cama.

Si bien podríamos pensar que la representación machista de los infiernos acechando a Betty sería motivo suficiente como para provocar la censura, por increíble que parezca, no fue el motivo de que algunos países prohibieran su proyección. En Reino Unido, la BBFC (la junta británica de clasificación cinematográfica) rechazó el corto por considerar que mostraba al infierno de forma humorística, decidiendo que era “blasfemo” (Forbidden Animation: Censored Cartoons and Blacklisted Animators in America).

Mientras que en China pasó lo mismo porque les pareció que la representación del infierno no era adecuada para la distribución en su país (BettyBoopFandom).

Red Hot Mamma fue uno de los últimos cortos de Betty Boop antes de los cambios obligados por la censura del Código Hays. Se nota que el proceso de cambio había comenzado porque a pesar de mantener la dosis de surrealismo que la caracterizaba, el corto es menos gracioso que de costumbre y Betty lleva un vestido largo.

Betty Boop nació en 1930 como representante de las chicas flapper -las mujeres de los años 20s que llevaban el pelo corto, faldas cortas y escuchaban música jazz- siendo una creación conjunta entre los animadores Max Fleishcer y Grim Natwick. Muchos creen que se inspiraron en la It-girl de la era, Clara Bow, pero hoy se conoce que modelaron el personaje sobre la cantante y actriz Helen Kane. Si bien los primeros dibujos la mostraban como un caniche francés, en 1932 le dieron forma de mujer, cambiando las orejas de perro por aros, y la nariz de perro en un botón que representaba una nariz de mujer. Su imagen fue cambiando en aquellos primeros años, hasta que saltó al estrellato en 1934 con un vestido corto, zapatos de tacón, muchos rizos y como representante de una mujer liberada y sexual.

En muchos de los cortos está rodeada de hombres que buscan verla a escondidas, pero la llegada del Código Hays en 1934 obligó a cambiarla. Las normativas del Código de Producción impuestas sobre la industria de cine contenían restricciones específicas en cuanto a referencias sexuales, pasando de ser una mujer liberada a estar representada como ama de casa o profesional, con vestidos que la cubrían más -sobre todo los pechos-, menos rizos y con menos joyas, cambiando su personalidad con los años para mostrarla más madura y dándole un novio llamado Freddy. Desde un principio el censor responsable de aplicar el código, Joseph Breen, pidió que cambiaran los guiños de ojo y los movimientos de cadera del personaje por “sugerir inmoralidad”.

Por todo esto, los cortos de Betty Boop pasaron a estar dirigidos a un público más juvenil y su éxito fue decayendo. El Código Hays -que se llamaba así en honor al presidente de la asociación de productores y distribuidores de cine de Norte América, Will H. Hays- controló lo que era aceptable y lo que no en la industria hasta 1968. Estaba prohibido que una película incluyera profanaciones, expresiones vulgares, sugerencia de desnudez, de tráfico de drogas o perversión sexual -que incluía la homosexualidad-, que mostrara esclavitud de blancos, relaciones sexuales entre razas o enfermedades venéreas. No se podían mostrar escenas de partos o ridiculizar al clero, u ofender a otra nación, creencia religiosa o raza.

Una de las intenciones del código era promocionar “valores tradicionales” y, por lo tanto, las historias que mostraran infidelidad debían hacerlo de forma que no sugirieran pasión. Incluso aquellas tramas que hablaran de crímenes debían castigarlos o que la audiencia fuera consciente a través de las imágenes que era incorrecto. El documento estaba escrito en lenguaje católico dado que fue creado por un laico, Martin Quigley, y el sacerdote jesuita Daniel A. Lord.

Betty Boop fue protagonista de unos 90 dibujos animados producidos hasta 1939, mientras que el Código Hays comenzó a decaer en los años 50s cuando la industria del cine se vio obligada a competir con películas extranjeras más atrevidas y la llegada de la televisión. El negocio necesitaba atraer al público a los cines y así comenzaron a hacer excepciones y cambios, hasta que fue abandonado en 1968 con la llegada del sistema de clasificación de películas.

A pesar de los esfuerzos de los censores por cambiar a Betty, el icono pop terminó pasando a la historia con la imagen de la era pre-Código Hays demostrando que, al final, el público es el que decide.

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