La serie que te recuerda en cada capítulo lo bonita que puede ser la vida

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Hay buenas series, y luego hay series de esas que se te meten debajo de la piel y te hacen sentir de mil maneras. Hoy en día, gracias (o por culpa) del streaming, tenemos una oferta inabarcable de series a nuestra disposición, y lo mejor (o peor) es que la calidad media es bastante alta, con lo cual se hace más difícil elegir entre tantas opciones.

Últimamente, ante tantas superproducciones televisivas, miniseries de lujo basadas en hechos reales o fenómenos mundiales, mi mirada se desplaza más hacia las cosas sencillas, las series cuya ambición no se mide por su presupuesto o por el calibre de sus estrellas, sino por sus aspiraciones a contar algo trascendental y llegarnos al corazón. En ese sentido, mi serie número uno ahora mismo es Better Things.

'Better Things' (FX Networks, HBO Max España)
'Better Things' (FX Networks, HBO Max España)

Para quien no la conozca, Better Things es una comedia de la cadena estadounidense FX que se estrenó en 2016 y desde entonces se emite en España a través de HBO, y ahora HBO Max. La serie está creada y protagonizada por Pamela Adlon (Californication) junto al polémico actor y humorista Louis C.K., que abandonó la producción en 2017 tras sus acusaciones confirmadas de conducta sexual inapropiada (reconoció que había sugerido a varias compañeras de trabajo que lo observasen masturbándose). Pero hoy no quiero que este señor eclipse a la verdadera artífice de Better Things, Adlon, a pesar de que el estilo del creador de Louie fuera esencial para perfilar la serie en sus inicios, así que esa será la última vez que lo mencione.

La premisa de Better Things es lo menos importante. Estamos ante una serie que va de todo y de nada a la vez. Basándose en la vida y experiencias de Adlon, la comedia gira en torno a Sam Fox (Adlon), una actriz que lucha por sobrevivir en Hollywood mientras cría sola a sus tres hijas, Max (Mikey Madison), Frankie (Hannah Alligood) y Duke (Olivia Edward). Las cuatro viven acomodadas gracias al éxito y el duro trabajo de Sam en años anteriores, pero se enfrentan a una nueva etapa llena de incertidumbre, en la que no es tan fácil conseguir trabajo y las niñas se están haciendo mayores, con todo lo que ello conlleva. Además, Sam supervisa a su excéntrica madre, Phyllis, que vive sola en una casa al lado de la suya.

Better Things llega este año a su fin tras cinco temporadas aclamadas por la crítica. La quinta temporada se encuentra en emisión actualmente en HBO Max y sus seguidores, aunque no seamos muchos, no estamos preparados para decir adiós a esta divertida, entrañable y a menudo frustrante (pero con cariño) familia. El viaje ha sido muy emocionante y revelador para los que hemos estado pegado a las Fox todo este tiempo, pero la serie no ha logrado despuntar como otras comedias en el actual panorama catódico, en el que otras propuestas más populares como Schitt’s Creek, Ted Lasso, Hacks o La maravillosa señora Maisel le han hecho sombra. De hecho, nunca ha estado nominada al Emmy a Mejor Serie de Comedia, a pesar de merecerlo prácticamente con todas sus temporadas.

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¿Pero qué tiene Better Things que la hace tan especial? Lo cierto es que responder a esta pregunta no es tan fácil, porque para entenderlo bien hay que verla. Y no solo eso, hay que conectar con ella, algo que no hará todo el mundo. En lugar de seguir una estructura narrativa convencional, Adlon construye su serie a partir de fragmentos, retales de su vida, aparcando el formato habitual de las sitcoms en tres actos. Aquí, la historia avanza a pulsaciones arrítmicas, lo que pasa no obedece siempre una línea recta predefinida, sino que va siempre inquieta hacia donde quiere y hacia donde le llevan sus personajes. Ese es su aspecto más refrescante y diferente, la libertad con la que está creada, haciéndola una de las obras más personales que hay ahora mismo en televisión.

Otro de los aspectos que hacen a Better Things una serie tan especial es, por supuesto, su reparto. Empezando por Adlon (ella sí ha sido nominada en dos ocasiones al Emmy por la serie), que realiza un trabajo de desbordante encanto y simpatía; pasando por los secundarios e invitados especiales que componen un interesante y normalizador retrato desde dentro de la industria de Hollywood; y terminando con su familia, su enervante pero divertida madre, y sobre todo, sus tres hijas. Se me ocurren pocos ejemplos de casting tan perfecto como este. Reconozco que no todos tienen la paciencia incorporada en su sistema para aguantar a estas tres niñas quejándose constantemente y sus problemas propios de la edad, pero me parece un hecho incontestable que las tres hacen un trabajo sublime y que, junto a Adlon, forman una de las familias más reales y creíbles de la televisión. Cuesta creer que no son madre e hijas en la vida real.

La familia Fox en un póster oficial de 'Better Things' (FX Networks, HBO Max España)
La familia Fox en un póster oficial de 'Better Things' (FX Networks, HBO Max España)

Por otro lado, la serie consigue tratar temas muy importantes sin darles, valga la redundancia, demasiada importancia. Inclinándose a veces hacia el existencialismo y con toques de poesía, Better Things nos habla con maestría discreta de qué va eso de vivir. Hay momentos dolorosos, hay momentos para reír, y sobre todo, hay mucho sentimiento. Adlon ha volcado todo su ser en la serie, y se nota en cada escena que la está haciendo desde muy dentro. La serie está llena de pequeños momentos que, en muchas ocasiones, no parecen estar contándonos nada específico, pero de vez en cuando, nos golpean con bocanadas de una trascendencia que abruma, con reflexiones sobre la vida, la muerte, la familia, la identidad o el crecimiento que la elevan por encima de una simple comedia familiar.

Better Things es una serie muy espiritual, aunque lo manifiesta de la forma más mundana posible. Sus personajes pueden ser excéntricos, pero son muy reales. Y los conflictos de Sam pueden parecer muy específicos, pero al final resultan universales. Adlon consigue ese equilibrio perfecto y, a través de su particular visión (ella hace todo, escribe, produce, dirige), nos da la bienvenida a su mundo generando empatía y solidaridad. A través de sus vivencias, Better Things nos habla sobre todo de la maternidad, de las dificultades a las que se enfrenta Sam como madre trabajadora y de lo que significa ver crecer a sus hijas y ser testigo de sus cambios en un mundo cada vez más confuso, encarando lo amargo sin reparos, pero dibujando siempre una sonrisa.

Ahí es donde está la magia de Better Things, en cómo refleja esa evolución sin caer en tópicos, con una naturalidad apabullante, sin hacer de Sam una víctima o una heroína, y dejando al espectador que observe su vida de forma privilegiada, siendo testigo de sus momentos más difíciles, pero también de los más ligeros (como los que ocurren en la cocina todos los episodios, donde la vemos preparar comida o bebida, sin mayor significado oculto). En definitiva, permitiéndonos observar el día a día de una persona que, sin grandes pretensiones, ha convertido su vida en arte cotidiano.

En su quinta temporada, Better Things afronta el preámbulo al nido vacío. Dos de las hijas de Sam ya se están independizando (relativamente) y la más pequeña se encuentra en plena transición a la adolescencia, pasando de ser el miembro más dulce de la familia a resquebrajarse por la presión social, las redes sociales y la confusión propia de la edad, que le han agriado la personalidad. Esta serie nunca pretendió mostrarnos a personas perfectas. Las hijas de Sam pueden ser ingratas e irritantes, pero de eso se trata, de lo que las hace humanas a pesar de eso, o precisamente por ello. Además, en su evolución podemos encontrar temas muy relevantes para los jóvenes y sus padres, como la identidad de género (de hecho, yo he usado la palabra "hijas" en este artículo, pero no sería correcta porque Frankie es de género no binario), el despertar sexual, los efectos del divorcio o los problemas de imagen corporal, asuntos con los que Sam lidia como puede, tratando de aprender, evolucionar con los tiempos y hacerles ver a sus hijas que siempre tendrán su apoyo.

Así es como Better Things se convierte en uno de los lugares más reconfortantes de la pantalla, hallando siempre ese elemento indescriptible que hace especial a una serie, ese brillo que no todas saben captar, y que esta desprende sin aparente esfuerzo, con un cariño y una delicadeza absolutas, con la modestia y honestidad de una creadora que ha encontrado la manera más hermosa y natural de abrirse en canal.

Lo que me ha aportado esta serie en los últimos cinco años es muy valioso y voy a echar mucho de menos a sus personajes. Better Things es una serie que abraza y tiene una cualidad casi terapéutica. Puede resultar muy melancólica en su forma de hablarnos de la familia, el paso del tiempo y cómo el pasado nos condiciona, pero una lágrima derramada con ella nunca se desperdicia, ya sea de alegría, de risa, de tristeza o de simple plenitud por estar viendo algo que te está llenando casi sin que te des cuenta.

"La vida es divertida, incluso cuando es triste". Así es Better Things, una serie agridulce que nos recuerda constantemente lo que significa vivir, crecer, entender, sanar, evolucionar. Sin grandes aspavientos o manipulación emocional, simplemente con pellizcos de vida que parecen no estar contando nada, pero nos lo dicen todo.

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