Belleza y drama de los niños de la basura en "La hija de todas las rabias"

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San Sebastián, 19 sep (EFE).- El drama de los niños que buscan objetos en la basura para subsistir se refleja con todo su dolor, pero también con destellos de belleza, en "La hija de todas las rabias", la película con la que la nicaragüense Laura Baumeister concursa en la sección Nuevos directores, del Festival de San Sebastián.

"Conocí este gran vertedero con 16 años cuando fui a hacer un trabajo social de alfabetización de estos niños durante tres meses y me obsesionó hasta que volví 15 años después. Seguía cautivándome por el contraste, por cómo en el mismo espacio están enfrentándose luz y oscuridad", relata a Efe Baumeister, que es la única representante de un país latinoamericano este año en este certamen.

A este basurero, cercano a un gran lago y a una hermosa cordillera, cada día llegan toneladas de deshechos en camiones y los niños, algunos de muy corta edad, rebuscan algo que poder revender, se drogan y se pelean, pero también juegan y se ayudan. "Cuando trabajé allí me sentía triste, pero también me divertía con los niños", relata.

Por eso la directora, de 39 años, decidió situar en este espacio "doloroso pero contradictoriamente atractivo" el paisaje emocional de una historia que explora las relaciones entre madre e hija y la frontera entre lo humano y lo animal.

Lilibeth enseña a su hija María, de 11 años, las herramientas que para ella son necesarias para sobrevivir en ese contexto. "No es mala madre, está cumpliendo su deber máximo como mamífera: enseñar a su hija a vivir en el paisaje que le tocó nacer".

Un violento conflicto callejero por la concesión de la recogida de basuras viene a complicar más la vida de las protagonistas, dependientes de nuestros desperdicios. "Al otro lado estamos nosotros, los que consumimos", recuerda Baumeister. "Creo que valía la pena mostrar la imágenes y asumir a lo que estamos contribuyendo", subraya.

POESÍA PARA NO MIRAR A OTRO LADO

Mientras la realidad golpea a María y Lilibeth, la pequeña vive un mundo interior que le ayuda a soñar y procesar situaciones como la ausencia de su madre. Con estas escenas oníricas y bellas, la directora ha pretendido "entrar en el mundo y la mente de una niña" pero también "dar al público un respiro".

"Pretendía ser fiel a la dureza de las condiciones de vida, pero no generar resistencia en el espectador y obligarle a mirar a otro lado. Quería pedirle que nos acompañe, pero que respire", explica la directora.

También ha hecho un trabajo para no presentar personajes planos o totalmente malvados aunque se dediquen a la explotación de trabajadores infantiles.

"Las personas no somos blancas ni negras, hay 70.000 tonalidades de grises y ahí está la humanidad. Un ladrón puede ser la persona más amable con su madre o un talador de bosques ser un padre más cuidadoso que un funcionario de la ONU", reflexiona Baumeister.

La sección New directors (nuevos directores) es una competición internacional de primeros o segundos largometrajes de sus cineastas, inéditos –solo pueden haber sido estrenados en su país de producción– y producidos en el último año.

Todas las películas de esta sección optan al Premio Kutxabank-New Directors, dotado con 50.000 euros repartidos a partes iguales entre el director o directora y la distribuidora de la película en España.

Este año concursan quince películas de países como Moldavia, Corea del Sur, Croacia o Dinamarca.

Marina Estévez Torreblanca

(c) Agencia EFE