Belfast va camino al Óscar con los sueños de un niño en un mundo de adultos que se desmorona

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Belfast, la nueva película como guionista y director de Kenneth Branagh, incluye una escena que nos remite directamente a otros momentos que hemos vivido ante el cine. Un niño sentado en una butaca, en la oscuridad de la sala, mirando asombrado la pantalla mientras la luz del proyector lo baña desde atrás. Pero esa imagen tan familiar y reconfortante, que se ha repetido en muchas ocasiones a lo largo de la historia audiovisual, nos traslada sobre todo al recuerdo de Cinema Paradiso, el clásico de Giuseppe Tornatore.

Es un homenaje directo de Branagh en su película más personal, donde reconstruye su propia infancia en Belfast para revivir la historia de Irlanda en una época de enorme tumulto social desde la mirada de un niño. El film, uno de los favoritos a los Oscar este año, está lleno de momentos preciosos, pero esa escena en concreto es quizá la que cala más hondo para los amantes del Séptimo Arte, la que nos recuerda el verdadero poder del cine, no solo para evadirse y encontrar refugio en tiempos difíciles, sino en algunos casos también para cambiar vidas para siempre.

Jamie Dornan es Pa y Jude Hill como Buddy en Belfast del director Kenneth Branagh, un estreno de Focus Features. Credit : Rob Youngson / Focus Features
Jamie Dornan es Pa y Jude Hill como Buddy en Belfast del director Kenneth Branagh, un estreno de Focus Features. Credit : Rob Youngson / Focus Features

Kenneth Branagh llevaba décadas con la idea de contar su historia, pero fue durante el confinamiento cuando por fin se decidió a escribirla. A sus 61 años, el laureado director británico ya lo ha hecho todo. Ha triunfado en el cine, el teatro y la televisión, ha dirigido aclamadas adaptaciones literarias, superproducciones de Disney y blockbusters de Marvel y ha sido nominado al Oscar en cinco ocasiones. Con toda esa experiencia a sus espaldas, era el momento de volver atrás, de remontarse al principio, al momento en el que nació su amor por el cine y las historias.

Filmada en un exquisito blanco y negro, Belfast nos lleva al verano de 1969, al inicio del conflicto de Irlanda del Norte. La historia se desarrolla en una comunidad unida, donde las distintas familias viven en la misma calle y es imposible perderse, porque todo el mundo se conoce, y nos sumerge en el seno de una familia de clase obrera que trata de sobrellevar las dificultades económicas y la violencia en aumento que amenaza en las calles, situación que los está empujando a marcharse del lugar que tanto aman.

La película se centra en Buddy (Jude Hill), un niño de nueve años que mira la vida con entusiasmo y ganas de aprender, que se divierte entre clases y juegos con sus amigos, que está colado por una compañera de clase y pasa el rato con sus adorables abuelos (Judi Dench y Ciarán Hinds). Mientras sus padres (Caitríona Balfe y Jamie Dornan) luchan por sacar adelante a la familia, él trata de entender qué está ocurriendo a su alrededor y por qué los mayores se están peleando por diferencias religiosas. Entretanto, las imágenes que se proyectan en la oscuridad de los cines y en el televisor hacen volar la imaginación de Buddy, desatando sus sueños y disparando su vida interior, mientras el mundo de los adultos se desmorona.

Realizando un ejercicio similar al de Stephen Daldry en Billy Elliot o Taika Waititi en Jojo Rabbit, Branagh contrapone la dureza del contexto sociopolítico en el que se desarrolla la historia con la inocencia de la infancia, la mirada inadulterada del niño que descubre el mundo con asombro, curiosidad y algo de incertidumbre. Branagh ha confesado haberse inspirado en el cine de Pedro Almodóvar, y concretamente en Dolor y gloria, para construir su propia “autoficción”, en la que, sin embargo, la dulzura y el optimismo se anteponen a la tragedia para lanzar un mensaje de esperanza y un homenaje sentido a su tierra y sus habitantes, “los que se marcharon y los que se quedaron”.

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Belfast no huye de mostrar la dura realidad de una familia en apuros y una sociedad dividida -algo que, por desgracia, resulta hoy en día igualmente o más oportuno que en aquellos años 60-, pero prefiere centrar el relato en la esperanza, hallando la luz al final del túnel. Y esa luz, en este caso, es un futuro que conocemos, el de su propio protagonista, Ser británico, autor venerado y cineasta aplaudido. En Belfast asistimos al nacimiento de ese Buddy futuro, es decir, de Branagh. Vemos cómo se enciende la chispa de la creatividad, cómo el cine se revela como una ventana hacia la salvación y la felicidad, en la oscuridad de una sala, abrazado por la luz de la pantalla.

Branagh dosifica con maestría los momentos más tiernos de la película, llenándola de costumbrismo entrañable y espíritu jovial, gracias a la visión de Buddy y la sensacional interpretación del niño protagonista. Pero en realidad, todo el reparto aporta su granito de arena. Dench y Hinds dan vida a los abuelos de Buddy con un cariño enorme, aportando lecciones valiosas para el niño (y los espectadores) a la vez que nos recuerdan la importancia de escuchar a nuestros mayores y valernos de su experiencia. Y por otro lado, Balfe y Dornan (ambos espléndidos, sobre todo ella) personifican a los padres luchadores, cuyo amor mutuo y por sus hijos, prevalece por encima de los obstáculos.

Precisamente ellos dos, Mamá y Papá, protagonizan otra de las escenas que funcionan como paliativo, una secuencia musical en la que Dornan canta a lo crooner a su amada y baila con ella en una fiesta que sirve para respirar y sonreír entre el dolor. La otra, la más importante, como decía antes, es la visita al cine. Tributo a la obra maestra de Tornatore que replica el icónico plano del niño mirando la pantalla, en el que todos nos vemos reflejados; creando así un juego de identidades y espejos en el que el espectador se retrotrae a su propia infancia a la vez que asiste al momento exacto en el que el director descubrió su amor por el cine, reconstruido en nuestra pantalla cincuenta años después gracias a ello.

En Cinema Paradiso, Tornatore lleva a cabo un retrato de la Italia de la posguerra con trazas autobiográficas, remontándose a su infancia en la piel de Alfredo, un director de cine que regresa a su pueblo, donde recuerda cómo se enamoró del cine gracias a su profunda amistad con el proyeccionista de la sala local, la Cinema Paradiso. La película italiana arrebató por completo a la audiencia en todo el mundo por su conmovedora historia, la inolvidable banda sonora de Ennio Morricone y su sincero canto al cine, ganando el Oscar a Mejor película de habla no inglesa en 1990 y dejándonos imágenes icónicas como la que Branagh rescata en Belfast.

Pero lo mejor es que Branagh no se limita a reproducir la escena, sino que la hace suya (se puede ver el homenaje hacia el final del tráiler). En Belfast, toda la familia va junta al cine: Buddy, su hermano, sus padres y su abuela. La película proyectada es Chitty Chitty Bang Bang, clásico musical de 1968 caracterizado por su colorida puesta en escena y sus imágenes fantásticas, muy avanzadas para la época. En esta breve pero importante secuencia, Branagh opta por conservar el color de la película de los 60, para crear un contraste llamativo con las imágenes en blanco y negro, donde observamos a la familia reaccionando boquiabierta a lo que ven en pantalla, con sorpresa y fascinación, oscilando en la butaca al compás del vuelo del coche de carreras, como si estuvieran en una montaña rusa. Así recordamos que, pase lo que pase ahí fuera, el cine nos permite viajar, escapar y olvidarnos por un momento de las penurias.

Es una escena llena de magia y nostalgia que inevitablemente nos hace pensar en cuál fue la primera película que vimos en el cine y qué efecto causó en nosotros. Cuándo, cómo y con quién vivimos ese instante en el que abrimos los ojos y la mente ante las posibilidades infinitas del arte audiovisual, y en muchos casos, en el que descubrimos que, de una manera u otra, nuestras vidas estarían para siempre relacionadas con las películas.

(L to R) Caitriona Balfe as
(L to R) Caitriona Balfe as "Ma", Jamie Dornan as "Pa", Judi Dench as "Granny", Jude Hill as "Buddy", and Lewis McAskie as "Will" in director Kenneth Branagh's BELFAST, a Focus Features release. Credit : Rob Youngson / Focus Features

Belfast es una obra muy completa en su aproximación al pasado. Elegante, transcendental, llena de vida. Una historia coming of age dulce y simpática, un duro melodrama familiar, un cuento romántico en el que el amor vence a la tormenta y una declaración de amor al cine y su poder para transformarnos. Al remontarse a su propio pasado, Branagh ha realizado su película más íntima, una que invita personalmente a mirar el mundo a través de sus ojos y sobreponer su experiencia a la nuestra. Si es una de las favoritas en la carrera al Oscar es también por eso, porque no solo es buen cine, sino también porque nos recuerda por qué amamos el cine.

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